Póker Negro parte dieciséis "Educación Primaria "
Por Teulfelsaugen
Enviado el 26/05/2026, clasificado en Intriga / suspense
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Capítulo dieciséis
El Chevrolet Aska avanzaba con un ronroneo constante por la Ruta 5 Sur, alejándose del caos de Renca. La parada en el minimarket que aún quedaban, había sido quirúrgica: Juan Emilio entró solo, moviéndose con la eficiencia de quien conoce el terreno, mientras Fernanda permanecía en el auto, oculta bajo la sombra del habitáculo, compró pan, café y provisiones básicas para evitar cualquier exposición innecesaria, en un país donde la economía se desmoronaba, un restaurante de carretera o un servicentro lleno de cámaras era una trampa mortal para la mujer más buscada del mundo.
Juan Emilio, con el instinto del Sargento Primero que nunca dejó de ser, mantenía una mano cerca de la Smith & Wesson SD9 calibre 9x19 en su cinto, los dos cargadores de repuesto eran un recordatorio silencioso de que, en este viaje, la seguridad no se delegaba.
El viaje hacia el sur se convirtió en un desfile de silencios. Fernanda no buscaba sus libros ni revisaba sus algoritmos; simplemente miraba por la ventanilla, dejando que el paisaje de la zona central se deslizara ante sus ojos.
Sin embargo, lo que veía no era la belleza del campo chileno, sino las cicatrices de su propia creación, al pasar por los pequeños pueblos rurales, la realidad la golpeaba con la fuerza de un impacto físico, el comercio muerto, locales que habían pertenecido a familias por generaciones ahora tenían las cortinas metálicas oxidadas y rayadas, la desesperanza, grupos de hombres y mujeres sentados en las plazas, con la mirada perdida, víctimas de un sistema bancario que el Código Virgo había convertido en cenizas, era el rostro de la Crisis, en un semáforo de un pueblo olvidado, Fernanda vio a una niña pequeña sosteniendo un cartel que pedía comida, la imagen se le grabó en la retina con una precisión matemática.
Fernanda sintió que el dolor la comía por dentro. Ella, que siempre se había enorgullecido de su capacidad para distanciarse emocionalmente de los problemas —esa "psicopatía funcional" que le permitía jugar con sus víctimas—, ahora se encontraba desarmada ante la miseria humana.
—No son variables, Juan Emilio —susurró, su voz apenas un murmullo contra el cristal de la ventana —. Son personas ¡Cada vez que movía un decimal en la Octava Ecuación, estaba borrando el futuro de alguien allá afuera!
Juan Emilio la miró de reojo, sabía que no había palabras que pudieran aliviar esa culpa, pero también sabía que ese dolor era lo que la mantenía del lado de los vivos.
—El pasado es un peso que no se puede soltar, pequeña —dijo él, apretando el volante—. Pero tenemos los recursos. La "Pequeña FED" en Achao no es solo para escondernos. es para construir lo que sea necesario para reconstruir la economía — Al caer la tarde, Juan Emilio desvió el Aska hacia un camino secundario, buscando uno de los refugios seguros que había preparado meses atrás, era una construcción modesta, oculta entre los árboles, lejos de cualquier señal o patrullaje, mientras preparaban los sándwiches y el café en la penumbra, Fernanda volvió a mirar hacia el horizonte. Sabía que la policía estaba cerca, y que la Interpol no tardaría en rastrear sus movimientos, pero esa noche, en medio de la soledad del camino, el mayor peligro no eran los agentes policiales y de Langley tampoco los fusiles de Monroe, sino la insoportable claridad con la que Fernanda veía ahora el daño que había causado.
Berlín, Alemania, noviembre del 2.000
El vapor aún flotaba en el aire del antiguo almacén cuando Bárbara salió del baño, envuelta apenas en una toalla blanca que contrastaba con su piel todavía enrojecida por el agua hirviendo, se secaba el cabello con otra toalla, moviéndose con una naturalidad que ignoraba por completo su vulnerabilidad física.
Merlín, sentada a la mesa con un mapa desplegado, levantó la vista y se quedó un segundo en silencio, sorprendida por la presencia de la joven en ese estado de semidesnudez, había una mezcla de fragilidad y fuerza en las cicatrices del entrenamiento que empezaban a marcar los hombros de Bárbara.
—En el cuartel de Tel Aviv nos bañábamos juntas, entre docenas de mujeres —dijo Bárbara, rompiendo el silencio con una voz ahora clara y recuperada—. La modestia es un lujo que el ejército te quita en la primera semana.
Merlín asintió lentamente y sacó dos botellas de cerveza fría del refrigerador pequeño. Le tendió una a Bárbara, quien la tomó y bebió un largo trago, sintiendo cómo el alcohol y el frío terminaban de asentar sus nervios.
—Hablemos de trabajo —sentenció Merlín, volviendo su atención a una serie de fotografías—. Tu objetivo en Berlín es Hans Wolf, oficialmente, es uno de los anticuarios más prestigiosos de Alemania; extraoficialmente, es el nodo central de Poseidón en Europa.
Bárbara se acercó a la mesa, observando la foto de un hombre de aspecto refinado, rodeado de reliquias y libros antiguos.
—Él tiene la Tarjeta Madre —continuó Merlín —. No es una de las cuatro cartas estándar del Póker Negro, es el procesador maestro, el único dispositivo capaz de coordinar y sincronizar las otras tarjetas para que el Código Virgo actúe como una sola entidad, sin esa tarjeta, las otras son solo fragmentos de datos, con ella, Monroe puede ejecutar el protocolo de reseteo desde cualquier lugar del mundo.
Bárbara dejó la cerveza sobre la mesa y fijó su mirada en la imagen de la tienda de antigüedades de Wolf, la calidez del baño ya era un recuerdo lejano; el frío de la misión había vuelto a ocupar su lugar.
—Wolf no es un soldado, pero vive rodeado de fantasmas y trampas —advirtió Merlín —. Su tienda es una fortaleza de sensores disfrazada de museo, además Langley y el MI6 lo rastrean día y noche.
—No necesito un ejército para un anticuario —respondió Bárbara, soltando la toalla de su cabeza para dejar que su cabello húmedo cayera sobre sus hombros—. Solo necesito entrar, identificar la tarjeta madre y salir con ella, si Wolf cree en las reliquias, le enseñaré que su tarjeta madre es la última pieza que verá en su colección.
Bárbara se dirigió hacia el camarote que Merlín le había preparado, la "Educación Primaria" en Berlín estaba a punto de dar un salto tecnológico, la caza de la pieza maestra de Poseidón acababa de comenzar.
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