Póker Negro parte diecisiete " Goth "
Por Teulfelsaugen
Enviado el 29/05/2026, clasificado en Intriga / suspense
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La neblina de Berlín a las 06:07 de la mañana era una cortina húmeda y fría que envolvía las calles de Kreuzberg. Merlín estaba al volante del Volvo S40, con el motor en ralentí y la mirada fija en la puerta del antiguo almacén, el café en el posavasos aún humeaba, pero se enfrió de golpe cuando la puerta se abrió, de las sombras no salió la estudiante de Londres ni la cadete del Mossad. Salió una criatura de la noche berlinesa.
Bárbara Schaffer caminaba con un tintineo metálico. Sus botas largas negras, adornadas con broches de calaveras de metal, golpeaban el pavimento con una seguridad desafiante, las medias negras y la minifalda de cuero le daban un aire rebelde, rematado por una polera negra con el icónico logo de Rammstein que destacaba bajo una chaqueta de cuero pesada, pero lo más impactante era su rostro. Bárbara había usado su maestría en cosmética para transformarse en una fanática del metal industrial, su piel lucía de un blanco cadavérico, lo que hacía que el delineado negro exagerado alrededor de sus ojos proyectara un brillo eléctrico y peligroso de sus pupilas azul profundo, los labios, pintados de un negro absoluto, completaban la máscara.
Merlín bajó la ventanilla, boquiabierta, mientras Bárbara se deslizaba en el asiento del copiloto con el crujido del cuero nuevo.
—¿Qué demonios es esto, Schaffer? —preguntó Merlín, recuperando el aliento—. Te pedí que te prepararas para una operación de inteligencia, no para un concierto en el búnker de una discoteca—
Bárbara se ajustó el cinturón, mirando su reflejo en el espejo retrovisor con una frialdad técnica.
—Exactamente, Merlín. Inteligencia —respondió Bárbara, su voz sonando profunda tras los labios negros—. Estamos en Berlín, a esta hora, en este sector, una chica Goth regresando de un "after-party" es invisible, si los operativos de Langley o los sabuesos del MI6 están vigilando el perímetro del anticuario de Wolf, buscarán a una mujer con aspecto de agente o a una turista común, no buscarán a alguien que parece estar escuchando Du Hast a todo volumen en su cabeza.
Merlín arrancó el coche, negando con la cabeza pero con una chispa de respeto en los ojos.
—Pasar desapercibida siendo el centro de atención... Es una jugada arriesgada, cadete—
—En el Mossad me enseñaron que el mejor escondite es el que todos ven pero nadie observa —sentenció Bárbara mientras el Volvo se alejaba hacia el distrito de las antigüedades—. Langley y el MI6 están atrapados en sus manuales de los años 90. Yo estoy en el Berlín de hoy. Vamos por esa tarjeta madre.
El motor del Volvo rugió suavemente, internándose en el corazón de una ciudad donde, bajo el maquillaje negro de Bárbara, se ocultaba la depredadora más peligrosa que el anticuario Hans Wolf jamás llegaría a conocer.
Cuartel General de Poseidón – Centro de Mando Estructural
James Monroe no se movía, estaba sentado frente a un panel de cristal líquido que proyectaba flujos de datos en un azul eléctrico casi hipnótico, el silencio de la sala solo era roto por el zumbido de los servidores refrigerados por nitrógeno.
—Señor —dijo una voz técnica desde el foso de operaciones—, el nodo de Berlín ha detectado una fluctuación, alguien está intentando forzar el protocolo de la tienda de Wolf.
Monroe entornó los ojos. Hans Wolf, un viejo colaborador que se había vuelto sentimental con los años, escondiendo secretos entre reliquias de la Guerra Fría.
—Conéctense —ordenó James con una calma que erizaba la piel —. Quiero ver quién tiene la arrogancia de tocar esa red.
En la pantalla principal, un mapa de calor mostró la tienda de antigüedades, de repente, una línea de código rojo empezó a devorar las capas de encriptación de Monroe, no era un ataque de fuerza bruta; era quirúrgico, elegante... familiar.
—están interviniendo la red encriptada,
señor —
James Monroe permitió que una sombra de sonrisa cruzara su rostro. No era alegría, sino la satisfacción del depredador que ve a la presa entrar en la jaula por su propio pie, la tarjeta madre de esa ubicación era el corazón de las comunicaciones de la zona euro.
—Langley... siempre tan predecible en su excelencia —susurró Monroe, luego, se giró hacia su jefe de seguridad con una mirada que no admitía réplicas — No esperen a que termine el volcado de datos. Ellos creen que tienen el control, pero solo están activando su propia ejecución—
James se levantó y caminó hacia el ventanal que daba al hangar.
—Muevan a los mercenarios ahora, quiero esa tarjeta madre y quiero que el cuerpo de quien robe mi tarjeta madre sea lo primero que vea el servicio de limpieza de Berlín por la mañana que la infantería no use sutilezas; Berlín será el funeral —
Desde que en mayo la economía se empezó a estabilizar gracias a la intervención de Fernanda a la ecuación número nueve, que ayudo a detener la caída de la economía mundial así que James Monroe estaba desesperado, su plan habia sufrido un revés y por precaución movió las tarjetas del poker Negro por Europa,tiendo claro que Langley tiene una de sus tarjetas buscaba la ocasión, cuando su plan se restableciera, podría recolectar nuevamente sus tarjetas.
El " bola podrida " caminaba a empujones a fuera del búnker dos mercenarios de la infantería pesada lo sujetaban de los brazos, con las muñecas firmemente amarradas a la espalda con cables de plástico, el hombre temblaba, sollozando sobre el piso de rejilla metálica, sabiendo perfectamente dónde se encontraban.
—La negligencia —dijo James Monroe, caminando con pasos pesados y lentos, sin mirarlo— es el cáncer de la eficiencia, te di un ecosistema perfecto, te di los recursos de la Fracción Poseidón, y permitiste que un hacker y su computadora estabilizara la economía del mundo.
—Señor Monroe... por favor... alguien intervino las líneas en el centro... —suplicó el "Bola Podrida", con la voz rota.
Monroe no respondió. Hizo un leve gesto con la mano hacia los guardias.
Empujado por los cañones de los subfusiles, el "Bola Podrida" fue obligado a avanzar por la tabla. Sus piernas flaquearon. Miró hacia abajo y el terror le paralizó los pulmones.
James Monroe se colocó junto al ventanal reforzado del búnker, a escasos metros de la escena. Cruzó los brazos, con la mirada fija, fría y desprovista de cualquier rastro de piedad humana.
—Adelante —ordenó James a través del intercomunicador.
Uno de los soldados propinó una patada seca en la espalda del traidor. El "Bola Podrida" perdió el equilibrio y cayó limpiamente al agua, rompiendo la superficie con un estruendo que rompió la quietud del golfo artificial.
Casi de inmediato, tres sombras masivas y aerodinámicas cortaron la superficie desde las profundidades del golfo. Eran tiburones toro, conocidos por su agresividad extrema y su capacidad para cazar en aguas estancadas.
El primer tiburón golpeó al "Bola Podrida" desde abajo, elevándolo parcialmente sobre la superficie. El agua comenzó a teñirse de un rojo brillante cuando las mandíbulas del segundo depredador se cerraron sobre su torso. Los gritos del hombre se ahogaron entre la espuma y la sangre, James Monroe observaba la escena pegado al vidrio. Sus pupilas se dilataron levemente y una sutil, casi imperceptible sonrisa de fascinación cruzó su rostro.
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