La vecina del rellano

Por
Enviado el , clasificado en Adultos / eróticos
38 visitas

Marcar como relato favorito

Nunca pensé que un intercambio de pareja se produciría en mi vida. Yo siempre he sido muy celosa. Me casé con Fran, un chico muy atractivo; ahora tenemos 35 años. Fran es atlético, de pelo oscuro y ojos marrones chispeantes, usa gafas. No tenemos hijos. Hace poco nos cambiamos de barrio a uno mejor. Hice amistad con Lola, la vecina de nuestro rellano.

Vengo de trabajar y me encuentro a la vecina fregando el rellano.

—Buenas tardes

—Hola, vecino, ¿ya viene de trabajar? 

—Sí, ya es hora, después de ocho horas.

—Vendrá agotado —digo. 

-Si ahora a cenar y a descansar.

Escucho voces como cada tarde: mi marido conversando con Lola. Voy a abrir la puerta.

——Me fijo en tu short. Ya empieza a hacer calor.

—Sí —sonrío. —Te devuelvo la sonrisa, picarón. 

-Abro la puerta.

—¡Ya estás aquí! —te doy un beso en los labios. 

—Sí… hablaba con la vecina, que está fregando el rellano.


—Será mejor que termine. Hasta otra —digo.


Entramos y cierro la puerta tras de mí.


—Siempre te pilla todas las tardes.


—Es muy simpática.


—¡Ya! ¿Y cómo te mira? ¿No te has dado cuenta?


Sonríe burlón.

—¿Cómo me va a mirar?


—Como diciendo: "cómo me gustaría echar un polvo con el vecino."


—No digas tonterías...


—Sé lo que digo. —Te vuelvo a besar y te susurro al oído—: Eres mío.


—Sí… ahora quien te besa soy yo.

Termino de fregar y me meto en mi casa. Pienso: qué envidia de marido, quién lo tuviera.


Cenamos y nos acostamos. Lo besé despacio y le mordisqueó la oreja. Me quité el camisón de raso y me quedé completamente desnuda delante de él.

—Hoy estás muy eufórica, por lo que veo. ¿Te dieron celos la vecina?


—Agárrame los pechos —te digo, y los acaricias con suavidad, lo que me puso la piel de gallina.


Te tumbó en la cama y alzó sus piernas para quitarte las bragas.


Sonrío y te digo que te tumbes tú. Me subí encima de ti, sentí tu erección contra mi coño, me incliné para darte un beso largo y profundo.


De repente suena el timbre de la puerta.

—¿Quién será?


—No sé —digo. 


Tras unos segundos—: Voy a abrir.


—Sí. —Me quito de encima de él y me quedo en la cama estirada.


Salgo por el pasillo tras ponerme el pantalón de pijama y preguntó:
—¿Quién es?


—Soy Lola, la vecina, le traigo una torta.


Abro la puerta.
—¡Un dulce!

—Siento molestar, pero hice una torta y otra para ustedes, para que mañana se coman un trozo con el desayuno.

—Soy muy buena repostera.


Desde el dormitorio escucho la voz de la vecina.


Mientras converso con la vecina, sale mi mujer al quicio de la puerta. —Nos trae una torta hecha por ella.


Me puse el camisón color champán.


—¡Qué amable! —digo.

—¿Quieres pasar a tomar algo?


—Si no es molestia, un café vendría bien.


—Anna, ¿puedes preparar café para acompañar esta deliciosa torta?


—Sí, claro, pero no te quedes ahí fuera.


Veo cómo Lola me mira la entrepierna y le sonrió disimuladamente.


Llevo unos shorts cortos y una camiseta de tirantes que realza mi busto.


—Siéntate, Lola, mientras Anna prepara el café.

—Gracias. —Me siento a tu lado en el sofá, me acerco y te susurro al oído

—: Espero no haber interrumpido nada. —Sonrío.


—No, aún no nos habíamos acostado —digo.


Mientras preparo el café en sus respectivas tazas, los escucho conversar.


—No era mi intención molestarlos —y pone su mano en tu entrepierna.


Reaccionó excitándome.


Salgo de la cocina con la bandeja con los cafés y unos trozos de torta cortados para cada uno. Lo dejo en la mesita.

—¡Qué pinta más buena tiene! —Sonrío para disimular.


Cojo la taza de café y bebo un sorbo, mirándote por encima del borde.


Agarro un trozo.


—¡Está deliciosa! —una vez probada.


Me percaté de que mi marido se había excitado; el bulto del pantalón del pijama lo delataba.


Mientras la saboreo, me viene a la mente lo de minutos antes, cuando me puso la mano en el muslo, y una fuerte excitación vuelve a mí.

No dejaba de mirarlo. Verle lo excitado que estaba me puso caliente y, sin pensarlo lo bese en los labios.

Me sorprendí, al igual que Anna.

Nos miramos y no sabía que hacer, pero si sabía lo que quería la vecina: Follar con mi marido.

El beso me dejo sin habla y sin saber reaccionar.

No me lo pensé, miré a Lola y me desnudé. Le dije a ella que hiciera lo mismo. Miré a mi marido y le bajé los pantalones del pijama. Ordené a Lola que se pusiera de rodillas, igual que yo, y empezamos a chuparle la polla, que ya le palpitaba.

Cada una chupaba un lado de su polla, que era gruesa. Nuestras lenguas subían y bajaban, y él gemía.

Cojo a mi mujer de la cintura, mientras la vecina me masturba.

Nos besamos, te susurro al oído, será mejor irnos al dormitorio.

Entramos al dormitorio, yo me tumbo en la cama y Lola, a cuatro patas, chupando el coño, metió la lengua e hizo que me retorciera de placer.

No creía lo que estaba viendo: a mi mujer y a la vecina comiéndose el coño.

El vecino se puso detrás y me metió su polla, embistiendo con fuerza y agarrándome por la cintura.

El coño de la vecina estaba húmedo; cuando la follé por detrás, penetrarla fue muy placentero.

Nuestra habitación se llenó de gemidos y olor a sexo.

Anna, tu marido está muy bueno —dice Lola entre gemidos.

Estoy tan excitada que no aguanto y me corrí la primera, con un gemido largo que llenó la habitación.

Ahora follaba a Lola mientras le chupaba las tetas a mi mujer.

Sentía las embestidas y cada vez estaba más cerca de llegar al orgasmo.

Sigo follándola y observó cómo Lola le come las tetas a Anna.

Llego al clímax en un gran orgasmo… ¡Ahhh!.

Me dejo llevar por el momento, y me corro chorreando el coño de esperma.

“Siento cómo el placer me recorre por dentro, aún con el cuerpo caliente y tembloroso.

Miro a mi mujer con una sonrisa de agotamiento, que me dejo el orgasmo.

Desde aquella noche, Fran y Lola volvieron a encontrarse de forma esporádica, siempre con discreción, sin que Anna llegara a saberlo.

Quedamos los tres tumbados en la cama, en silencio, mientras las respiraciones se van calmando poco a poco y el ambiente se vuelve más tranquilo.


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

ElevoPress - Servicio de mantenimiento WordPress Zapatos para bebés, niños y niñas con grandes descuentos

Síguenos en:

Facebook Twitter RSS feed