EL CÍRCULO DE LAS SORPRESAS -Final-

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EL CÍRCULO DE LAS SORPRESAS

—fin—

 (Continuación)

 

(Juana, Mía, Magda, Pili, Cati)

 

Dominada por mi calentura, tomé de la mano a nuestro voyeur masculino y lo conduje de vuelta adonde estaba Mía, que continuaba estimulando su clítoris. Su dedo medio se hundía en el agujero lechoso y retornaba al pequeño capullito violáceo que era visible entre los dedos de la otra mano; allí trazaba círculos rápidos; de sus labios semiabiertos brotaban gemidos contenidos. Nos sentamos a su lado. Tomé la mano del hombre y la coloqué sobre el pecho derecho de Mía, mientras yo acariciaba el izquierdo. Siempre había querido tocar aquellas envidiables tetas firmes y empinadas, así que magreé la carne esférica. Mía detuvo su masturbación y se irguió tanteando en el aire con la mano. Respondí poniendo a su alcance mis mamas. Sus dedos encontraron mis pezones gruesos y acampanados; los pellizcó y dio vueltas entre las yemas húmedas de sus dedos.

El oriental masajeó el otro pecho al unísono. Dirigí la mano de Mia hacia mí coño; ella recorrió la mata de vello y abrió mi raja: sus dedos se introdujeron en mi agujero chorreante, penetrando hasta donde alcanzaron. Abrí mis muslos y me dejé poseer. El hombre se había retirado y observaba con el miembro recobrando fuerza. Mía buscó mis muslos, se arrodilló frente a mi vientre y empezó a lamer y chupar mi coñito, mientras yo continuaba jugando con sus pezones. El hombre se acariciaba las bolas y el cipote erecto. Tomé una decisión instantánea…

Tumbé a Mía en el suelo y cambié los papeles: me arrodillé frente al coño y me lancé a comer el conejito famélico, con las piernas abiertas. Me volví al hombre con una mirada de invitación, ofreciéndole una vista cautivadora de mi sexo. Él comprendió mi gesto y se aproximó con el mandoble ya tieso y dispuesto. Me moría de ganas de sentir aquel mástil con su grueso capullo colorado por la actividad anterior, ya no en mi boca sino dentro de mi coño expectante.

La polla entró de un solo golpe, atravesó mi entrada totalmente lubricada por el flujo, se deslizó por mis paredes ansiosas de ser follada iniciando una serie de penetraciones profundas. No pude evitar jadear, por lo que chupé y follé con la lengua el chumino de Mía siguiendo el ritmo del experto falo con que estaba jodiendo. El hombre entraba, se hundía, se movía circularmente en mi vagina y se deslizaba hacia fuera, provocando en mí un placer inenarrable. Yo mamaba los pliegues labiales de Mía, sorbía, introducía mi lengua hasta donde alcanzaba; ella gemía de placer.

Me aferraba a los hombros de mi compañera, que desconocía el doble juego sexual, mientras me montaba mi desconocido y hábil amante. Un último chupetón llevó a Mía al orgasmo. Con movimientos eléctricos, se corrió en mi boca, restregando sus abiertos labios verticales sobre los míos jadeantes. Eso provocó la eyaculación instantánea del oriental, que se vino dentro de mi coño y… también yo estallé en un delicioso orgasmo…, brutal…, una vorágine de placer: nunca sentí nada igual.

Una vez él se descargó completamente salió de mi interior y se dejó caer a un lado con una mirada evanescente y la polla palpitante sobre su ombligo. Se acarició los cojones lentamente y cerró los ojos. Yo besé la boquita del chocho humectante de Mía y pude escuchar los cercanos jadeos entrecortados de Cati y Magda, las dos tumbadas en posición invertida. Cati emitió un largo aullido y se corrió entre los labios de Magda que seguidamente también llegó al orgasmo con gemidos discontinuos.

Pili había permanecido a un lado, toqueteándose lentamente. Tenía un coño muy lobular, con un canal muy marcado entre los labios que caían espectacularmente a cada lado, algo rugosos y de color oscuro. Observé que con la otra mano se acariciaba por debajo del coño, el otro agujerito. Esa faceta del sexo era desconocida para mí. Me acerqué para observar bien. Sus toqueteos a sí misma despertaron mi morbosidad. Le acaricié los muslos y el vientre. Pili, sobresaltada, abandonó su autoestimulación y palpó hasta encontrar mis brazos. Yo le besé las manos y pasé mis dedos sobre su pubis depilado, los labios vaginales colgantes, la amplia rajita… Mojé mis dedos con saliva y recorrí la hendidura, que instantáneamente se abrió desamparada.

Pili gimió. Le besé el ombligo mientras mis dedos invadían y abrían el coño, y comencé a pajearlo. Me acordé de la visión inesperada de Pili acariciándose el ojo del culo. Mi curiosidad despierta quería descubrir el sexo oculto de mi compañera de estudios. Sentía confusión: algo en mi pensamiento que yo misma ignoraba… mi interés por el sexo anal. Me producía placer la idea de tocar, jugar con el ojete de Pili.

Saqué los dedos del agujero vaginal. Estaban cubiertos de una pátina transparente y fluida. Coloqué el índice en el círculo estriado y prieto del culo de Pili. Ella dejó escapar un murmullo y su respiración se aceleró. Empujé en el ojito anal. El dedo se insertó sin dificultad. Noté como Pili apretaba hacia el exterior el ojete, para facilitar la penetración. El dedo se hundió con facilidad y Pili reaccionó jadeando. Me dominó una irreprimible gana lujuriosa y comencé a follarle el culito con mucha suavidad. Mi dedo entraba hasta el nudillo, permanecía un segundo y volvía a extraerlo. Un rumor intermitente brotaba de la boca de Pili a medida que mi dedo se abría paso por el estrecho canal del ojete y volvía a recorrer el camino en sentido inverso.

Vi la silueta del oriental observando la escena entre Pili y yo. Su polla se había aflojado, pero seguía siendo un magnífico falo. Yo hundía mi dedo con mucho tacto en el caracolito del ojo del culo de Pili. Me pregunté si aquel formidable bastón duro y caliente podría entrar enteramente en el ojete dilatado de mi compañera: lamenté no poder verlo mientras le diera por el culo. Me toqué la entrada de la vagina: estaba goteante de flujos. Se me ocurrió una idea perversamente deliciosa…

Me penetré y extraje mis dedos cubiertos de mi néctar vaginal y los llevé directamente al chochito de Pili. La follé varias veces, simultáneamente en ambos agujeros. Yo misma estaba perpleja con mi conducta; principalmente por ser espiada tan de cerca por un hombre absolutamente desconocido. Pili ardía sexualmente tanto como yo; jadeaba constantemente, pensé que estaba cerca del clímax, así que me concentré en su clítoris, grande, con forma de lágrima y color violeta, refulgente bajo la luz. Mi masaje circular no tardó en llevar a Pili a un intenso orgasmo. Estalló en sonidos cercanos al llanto mientras se corría. Parecía tener espasmos dobles: en el coño y en el ojo del culo. Me deleité contemplando sus fuertes contracciones y saqué el dedo del interior de su ano.

Miré al oriental y con una sonrisa señalé la puerta de salida. Esperé un par de minutos y exclamé: «Se acabó el tiempo». Las chicas se quitaron las bandas violetas; todas me miraban en suspenso. «Nos has de contar todo», dijo Juani. Yo me eché a reír. Dije: ”Ya veréis, ha sido extraordinario». Y salimos de la sala en dirección a los vestuarios.


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