La espectadora [Parte 2]

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Me coloqué al borde de la cama, abrí mis piernas y acaricié mi sexo por encima de las braguitas. —¿Me las quitas? —te dije.

Fui a tu encuentro para atender tu petición.

Levanté las piernas y tú deslizaste las bragas hasta quitármelas. Me tumbé, te inclinaste, me abriste las piernas y pasaste la lengua por mi sexo. Un escalofrío recorrió mi espalda.

Lamí cada pliegue de tu sexo mientras notaba mi erección.

Sentiste lo húmeda que estaba, mientras me chupabas introdujiste un dedo y con el pulgar masajeaste mi clítoris.

Veía la apertura de tu sexo y cómo se empapaba al masajear tu clítoris.

Me lo abriste y metiste tu lengua una y otra vez. Te agarré del cabello.

Veía cómo te estremecías al sentir mi lengua en tu interior.

Apreté tu cabeza contra mi sexo.

Pasó los dedos una y otra vez. —¡Aaahhh!.

Me coloqué al borde de la cama, abrí mis piernas y acaricié mi sexo por encima de las braguitas. —¿Me las quitas? —te dije.

Fui a tu encuentro para atender tu petición.

Levanté las piernas y tú deslizaste las bragas hasta quitármelas. Me tumbé, te inclinaste, me abriste las piernas y pasaste la lengua por mi sexo. Un escalofrío recorrió mi espalda.

Lamí cada pliegue de tu sexo mientras notaba mi erección.

Sentiste lo húmeda que estaba, mientras me chupabas introdujiste un dedo y con el pulgar masajeaste mi clítoris.

Veía la apertura de tu sexo y cómo se empapaba al masajear tu clítoris.

Me lo abriste y metiste tu lengua una y otra vez. Te agarré del cabello.

Veía cómo te estremecías al sentir mi lengua en tu interior.

Apreté tu cabeza contra mi sexo.

Pasó los dedos una y otra vez. —¡Aaahhh!.

Tus gemidos hicieron que segregara más fluido al aumentar la excitación que sentía.

Me diste la vuelta poniendo el culo en pompa, pasaste tu lengua y yo con una mano separé mis muslos para que la metieras con más facilidad. Te pusiste de pie, agarraste tu polla y la fuiste metiendo poco a poco.

Mientras te penetraba vi la cara de mi mujer, seria, observándonos.

Me quedé sin palabras al ver lo que hacían.

—No pares, dame más fuerte.

Me moví deprisa, metiendo y sacando mi polla por tu sexo.

Moví el culo al ritmo en que me penetrabas, una vez, dos... —¡Aahhh!

Empujé mi cuerpo sudoroso sobre tus nalgas, chocando una y otra vez.

Sentí cómo entraba hasta el fondo, esperando con ansias mi tan ansiado orgasmo.

En la habitación, pensó Anna, empezaba a hacer calor y a oler a sexo.

Me di la vuelta, abrí las piernas y te dije: —Fóllame hasta correrte dentro.

Miré a mi mujer, que me devolvió una mirada de complicidad ante todo lo que se presentaba delante.

Moví mis caderas al ritmo de tus embestidas y un gran chorro caliente entró en mi vagina.

Me corrí en el interior de tu sexo. Un gruñido salió de mi boca.

Fue bajando por mis muslos.

Me corrí dentro de tu sexo; un gruñido salió de mi boca.

Terminamos los dos exhaustos en la cama.

 «Nadie dijo nada. No hacía falta.» 

FIN.


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