El buzon. Parte 2-Final
Por Pecado de Seda
Enviado el 05/05/2026, clasificado en Amor / Románticos
18 visitas

Entramos al salón. "Ponte cómoda", me dijo, antes de desaparecer en la cocina. Lo seguí con la mirada de reojo.
Volvió con dos refrescos. El día anterior no me había fijado bien en él, pero ahora, con esa camiseta, era imposible no hacerlo. El pelo castaño claro, los ojos verdes... y ese pecho ancho, los brazos musculosos que se tensaban al dejar los vasos sobre la mesa.
Cuando me miró, aparté la vista de golpe. Sentí el calor subirme a las mejillas.
"Wow", dije, mirando hacia la ventana. "Tienes unas vistas mejores que las mías."
Él me miró con una sonrisa burlona en los labios, como si supiera perfectamente que no estaba hablando solo del paisaje.
Durante un buen rato estuvimos conversando, sobre el trabajo, los amigos, cualquier cosa. Sin darme cuenta, se hizo tarde.
"Creo que mejor me voy", dije, recogiendo el abrigo y el bolso.
Pero él me detuvo.
"Te invito el viernes a cenar."
Sonreí. "¿A qué hora?"
"¿Las ocho está bien?"
"Perfecto."
El viernes me puse unos vaqueros, una camisa blanca y mocasines planos. Sencillo, pero favorecedor.
Frente a la puerta de Alex me detuve un momento, respiré hondo y llamé al timbre. Se abrió casi de inmediato.
Al vernos, los dos nos echamos a reír a la vez, sin saber muy bien por qué. Una de esas risas nerviosas que lo dicen todo.
Entramos al salón.
"¿Puedo ayudarte con la cena?" ofrecí.
"Ya está casi lista", dijo Alex .
Alex me entregó un refresco y yo me quedé mirando por la ventana, sin cansarme del paisaje. Había algo hipnótico en esas vistas.
Al rato, su voz llegó desde el comedor.
"Hora de cenar."
Me giré y me quedé un momento parada. La mesa estaba preciosa, cuidada hasta el último detalle, con una vajilla elegante y servilletas bien dobladas. Alex encendió un par de velas en el centro, y la luz cálida lo transformó todo.
Luego se acercó a la minicadena y me miró.
"¿Pop, jazz o rock?"
"Jazz", dije sin dudarlo.
Asintió con una sonrisa y pulsó play. Una melodía suave empezó a llenar la habitación, cálida y envolvente, mezclándose con el parpadeo de las velas y el olor de la cena recién hecha.
Era una noche perfecta para estropearlo .
Cuando terminamos de cenar, recogimos la mesa entre los dos. Fue natural, sin pensarlo, como si lleváramos haciéndolo mucho tiempo.
Después nos trasladamos al sofá. Me senté dejando una distancia prudente entre los dos, aunque no sé muy bien por qué. La música seguía sonando de fondo, suave, y la conversación retomó su ritmo fácil, de esas charlas que fluyen sin esfuerzo y sin que te des cuenta de cómo pasan las horas.
De repente se giró en el sofá para mirarme, y algo en su expresión cambió. Ya no era la misma mirada fácil de antes.
Suspiré, sin saber muy bien qué hacer con las manos, ni con el corazón que se me había acelerado sin permiso.
Alex se acercó un poco más. Despacio. Y entonces sentí el calor de sus manos posarse en mi cintura, firmes y suaves a la vez.
Sus manos comenzaron a moverse despacio, recorriendo mi espalda hacia arriba, hasta detenerse justo en el borde inferior del sujetador. Un roce apenas, pero suficiente para que se me cortara la respiración.
Me dejé llevar, cerrando los ojos un instante. Cuando los abrí, los bajé despacio hasta encontrarme con los de Alex.
Me miraba fijo, serio, sin rastro de la sonrisa burlona de antes.
"Anna..." dijo en voz baja, con los ojos fijos en los míos. "¿Quieres esto?".
Me quedé un momento suspendida en esa pregunta, sintiendo el calor de sus manos en mi cintura, la música de fondo, las velas parpadeando.
"Sí", susurro Alex .
No hizo falta decir nada más. Cerré los ojos, y ese simple gesto lo dijo todo.
Alex lo entendió.
"Di lo que quieres", dijo Alex, con la voz grave y cercana.
Tragué saliva. Las palabras se me atascaban en la garganta, pero sus ojos no me dejaban escapatoria.
"Te quiero a ti", susurré al fin.
"Quiero que me hagas el amor", susurré, con la voz apenas audible.
Alex no respondió con palabras. Se limitó a mirarme unos segundos, como grabando el momento, y luego se acercó despacio hasta rozar sus labios con los míos.
Alex desabrochó mi camisa despacio, botón a botón, sin apartar los ojos de los míos. Luego sus dedos encontraron el cierre del sujetador. Lo soltó con suavidad y sostuvo los tirantes un momento, como dándome tiempo.
Después los deslizó hacia abajo, despacio.
En ese momento contuve el aliento.
"Eres muy guapa", murmuró, con la voz ronca. "En todos los sentidos."
Antes de que pudiera responder, su rostro se acercó al mío, despacio, rozando apenas mis labios con los suyos.
Sus besos bajaron despacio por mi cuello, deteniéndose en cada punto como si tuviera todo el tiempo del mundo. Luego siguió hasta mi hombro, y sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
Cuando sus dientes rozaron suavemente el lóbulo de mi oreja, no pude evitar aferrarme a él.
Su nombre salió de mis labios , en un susurro.
Cuando pensé que no podía soportarlo un momento más, Alex desabrocho el boton de mi vaquero y metio sus dedos dentro del pantalon ,se quedo quieto sin moverse .
Ella levanto la cabeza para encontrar sus ojos y darle permiso .
Ella asintio ,e inmediatamente ya le estba bajando los vaqueros y quitandodelo de las piernas.
Sus dedos encontraron la cinturilla de mis bragas y las deslizó despacio hacia abajo. Cuando llegaron a mis tobillos, les di un pequeño golpe con la punta del pie y cayeron al suelo.
Alex me tumbó en el sofá con suavidad, abrió mis piernas despacio y se colocó entre ellas. Su lengua me encontró, separando mis labios con delicadeza antes de hundirse profundamente.
Un gemido escapó de mi garganta sin que pudiera evitarlo. Me retorcía bajo él, aferrando los cojines del sofá, incapaz de quedarme quieta mientras el placer me recorría .
Cuando finalmente se retiró, se lamió los labios despacio, mirándome con esa sonrisa burlona que ya empezaba a conocer.
"Estás muy mojada", dijo con voz ronca. "Llevas demasiado tiempo sin echar un polvo."
Me sonrojé hasta las orejas, entre el placer y la vergüenza de que me conociera tan bien después de tan poco tiempo.
Alex se acomodó en mi regazo y sentí su erección presionando contra mí, firme e inconfundible. Sus manos subieron hasta mis pechos, masajeándolos despacio.
Cerré los ojos y eché la cabeza hacia atrás.
"Alex, me estás torturando", gemí, retorciéndome entre sus manos .
Él levantó la vista y me miró con esa sonrisa lenta y segura .
"Más duro", confirmé con una sonrisa amplia, sin rastro de vergüenza esta vez.
Comencé a gemir con fuerza, sin poder contenerme. Solo pasaron unos instantes antes de que todo explotara de golpe. Solté un gemido largo y profundo, aferrándome a Alex con todas mis fuerzas, clavando los dedos en su espalda mientras las olas de placer me sacudían entera.
Nunca había tenido un orgasmo tan intenso.
Cuando todo se calmó, me quedé temblando, sin aliento.
Alex se apartó despacio y me besó con suavidad en los labios. Un beso completamente distinto a los anteriores.
Comentarios
COMENTAR









¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales