Viendo a otra pareja follar

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Mi marido y yo habíamos pensado tomarnos unos días de vacaciones e irnos a algún lugar donde hiciese buen tiempo para poder descansar y tomar el sol.

Llegamos a nuestro hotel de Menorca ya por la tarde. Nos dimos una ducha y decidimos quedarnos a cenar allí porque nos gustó la carta que tenían.

Para bajar al restaurante me puse un vestido negro largo con una apertura en la pierna que sé que es de sus favoritos. Además, había elegido un diminuto tanga negro y sin sujetador, para que mis pezones se marcaran con más facilidad.

Me encanta hacer ese tipo de cosas, que sé que le excitan, y ver cómo se pone cachondo al mirarme. Y supe que había acertado cuando, ya en el ascensor, me dio un beso mientras con una de sus manos me agarraba fuerte el culo.

Cenamos muy bien y nos retiramos pronto porque estábamos cansados del viaje y al día siguiente íbamos a madrugar para ir a la playa.

Cuando llegamos a la habitación nos desnudamos y él se metió en la cama. Yo fui a lavarme los dientes y cuando salí iba vestida con una camiseta ajustada y el minúsculo tanga que llevaba bajo el vestido.

Para que él pudiera disfrutar mirando mi culo me acerqué a descorrer la cortina de la ventana que daba a la terraza. Abrí la puerta corredera y aproveché para salir un momento a disfrutar del aire de la noche. Me quedé de pie fuera mientras notaba la mirada de mi marido posada en mí.

Estaba absorta en excitarle cuando vi una pareja en la terraza de una habitación cercana, desnudos, besándose. Mientras él la agarraba de la cabeza, ella tenía las manos en sus nalgas. Se besaban la boca, el cuello y se acariciaban con deseo.

Entonces pude ver como ella llevó la mano hasta su polla y comenzó a masajearla, despacio. Era grande y ya la tenía muy dura. El echó su cabeza hacia atrás, llevado por el placer de las caricias.

Yo estaba empezando a ponerme cachonda. Me sentía mal por estar mirando, pero la excitación no me permitía retirar la mirada.

Pude ver como ella se arrodillaba y se metía aquella polla enorme en la boca. Empezó a chuparla y a jugar con ella; pasaba la lengua por la punta, se la metía y la volvía a sacar. Le estaba haciendo una buena mamada en medio de la terraza del hotel y él la estaba disfrutando. Excitadísima, me aseguré de que no pudiesen verme y seguí mirando a aquella chica con el pene de su pareja en la boca.

Llegado el momento, él la puso de pie, la volteó y mientras ella apoyaba sus manos en la barandilla de la terraza la penetró suavemente. Poco a poco se la fue metiendo hasta que la tuvo completamente dentro. Después comenzó a embestirla de forma cada vez más fuerte. Casi podía oír como sus muslos rebotaban contra las nalgas de ella. Entonces la agarró del pelo y tiró para que ella levantara la cabeza. Ella se mordía los labios, probablemente para evitar gemir y que otros vecinos los oyeran.

Yo estaba cada vez más excitada viéndolos follar de aquella manera. No podía dejar de mirar como su polla entraba y salía del cuerpo de aquella muchacha.

Estaba tan absorta mirando que no me di cuenta de que mi marido había salido también a la terraza y estaba ahora justo detrás de mí. Me di la vuelta y él aprovechó para agarrarme fuerte de la cabeza y que así me arrodillara. Mientras me agarraba del pelo, me dijo: abre la boca, y me metió la polla sin decirme nada, obligándome a que se la chupara.

No sé cómo, pero debía de haber notado mi excitación y no dejó pasar la ocasión de aprovecharse de ello.

Seguí chupando, pero deseaba que me follara. Necesitaba, con urgencia, sentir su polla dentro. Y debió de leer mis pensamientos porque me hizo levantar, me llevó a la habitación y, de un empujón, me tumbó boca abajo. El, detrás, me agarró por los tobillos y me obligó a abrir las piernas, apartó mi tanga a un lado y me penetró de un solo golpe.

Así me estuvo follando un rato. Yo disfrutaba como nunca y no podía dejar de gemir. Estrujaba con mis manos las sábanas de la cama mientras notaba los golpes de su cuerpo contra mi culo. Pasados de unos minutos, me hizo poner a cuatro patas.

- Bájate el tanga, me ordenó.

Y antes de que pudiera terminar de obedecer, ya me la había vuelto a meter y me follaba de nuevo como un animal. Notaba como aquella polla dura entraba y salía de mí una y otra vez.

- Te has puesto cachonda viendo a esa pareja follar, ¿verdad? -Me preguntó, y yo no sabía cómo se había podido dar cuenta desde la cama.

- Sí, contesté con un gemido.

- Parece que ahora no solo te gusta follar, también te gusta mirar, dijo sin parar de penetrarme.

Entonces se separó de mí, me agarró de la mano y me llevó a la terraza. Se sentó en una de las sillas que había allí y me pidió que me sentara encima.

Pude notar como su polla, poco a poco, volvía a entrar en mí. Estaba muy cachonda pensado que alguien podía estar viéndonos igual que yo había visto a la otra pareja.

Y así estuve sentada encima suyo, disfrutando y moviendo las caderas mientras sus manos me apretaban el culo, hasta que se corrió.


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