La mirada que no era de un amigo .Parte Uno
Por RoSade
Enviado el 19/05/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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Hacía meses que no veía a Fernando. Las pocas veces que vino a comer algún que otro fin de semana le noté la tristeza del divorcio, pero no dije nada. Hoy lo he llamado por teléfono. Estaba mal.
—¿Diga?
—Hola, soy Rosa. Te llamo por la fiesta.
—¿Qué fiesta?
—La que celebramos cada año con los de la universidad.
—¿Aún os reunís después de tanto tiempo?
—Sí, ya es una tradición. Anímate.
—No sé. No tengo mucho ánimo últimamente... desde lo de mi separación.
—Verás qué bien lo pasamos, aunque sea un rato. Seguro que conoces a alguien. Duéchate, ponte colonia, ve presentable.
—¿Irá tu marido?
—Sí, estarás con nosotros.
—Hace tiempo que no sé nada de él.
—Está bien, se está duchando. Viste de sport.
Es en el Hotel Corona.
—Lo apunto.
—En el salón, a las ocho.
Mi marido salió del baño con una toalla enrollada en la cintura.
Me rodeó la cintura con los brazos y me apretó contra él. Besó mis labios, luego bajó las manos desde mi cintura hasta mis muslos y los agarró con ganas.
—Mmm.
—No seas travieso.
—¿Con quién hablas?
—Con Fernando. Le he animado a que venga a la fiesta.
—¿Le has llamado tú?
—Sí, ¿por qué?
—Por nada. —Se encogió de hombros.
—Está muy solo. Necesita divertirse, a ver si conoce a alguien y se anima un poco.
Será mejor que me vista o llegarémos tarde.
Me besó y volvió al aseo. Yo también fui a vestirme.
En el dormitorio me esperaba el vestido encima de la cama, y los zapatos en el suelo. Me puse las braguitas de encaje negro, el vestido entallado de cuello redondo, y los zapatos de salón. Me maquillé natural, dejé el pelo suelto, unas gotas de perfume. Me miré al espejo. Estaba fantástica.
Salí al salón.
—Estás muy atractiva.
—Gracias. —Le di un beso.— Tú tampoco estás nada mal. Cuidado que habrá mucha arpía esta noche.
Sonrió con malicia.
—Para arpía ya te tengo a ti. —Y me dio una palmada en el culo.
Cogí el bolso y salimos, cerrando la puerta detrás de nosotros.
El salón del Hotel Corona estaba lleno de gente. Entre todos ellos vi a Fernando en un rincón. Se le veía fuera de lugar. Nos dirigimos hacia él. Al vernos se levantó y me dio dos besos.
—Gracias, tú también. Al menos me hiciste caso. —Sonreí.
Fernando miró a mi marido con desgana, casi con indiferencia.
—Vamos a tomar algo —dije yo .— ¿O vas tú, Fran?.
—Iré yo. —Se volvió hacia mí.— ¿Te pido un gin tonic como siempre?.
—Sí. ¿Y tú Fernando, qué tomas?
—Lo mismo, otro.
—Bien, te esperamos aquí sentados.
Fran se alejó hacia la barra y nos quedamos los dos solos.
Fran se alejó hacia la barra y nos quedamos los dos solos.
—¿Has visto a alguien conocido? —le pregunté.
—No, la gente es nueva al parecer.— A tu marido no le caigo muy bien.
—¿Por qué dices eso?.
—Se ve a simple vista.
—Es un poco serio, no se lo tengas en cuenta.
—Yo creo que es otra cosa.
—¿Qué cosa?
—Para ser mujer eres un poco ignorante.
—No te entiendo. ¿Me lo explicas?
—No debería. —Me miró un momento y apartó los ojos.— No quiero que pienses mal de mí.
—Me estás dejando intrigada.Explicate.
En ese momento llegó Fran con las bebidas.
—Aquí tenéis. —Las dejó encima de la mesa.
Bebí un sorbo. Qué sed tenía.
—¿De qué hablabais? —dijo Fran.
—De la fiesta —respondí—. Nada importante.
—Pues habéis dejado de hablar justo cuando me habéis visto.
—No seas tonto. — A ver si esta noche liga. —Se me escapó una risita tonta.
—Ya lo estaba haciendo contigo a mis espaldas.
Me quedé helada. Miré a Fran sin saber qué decir.
—¿Cómo dices? Fernando no es así.
Fernando se puso serio de golpe.
—No me hagáis caso, estaba bromeando. Bebamos. —Levantó su vaso.
—Fran, tengamos la fiesta en paz.
En ese momento empezó a sonar la música. Un pasodoble.
—¿Quién me saca a bailar? —dije.
Fernando me miró. Una mirada larga. Como si llevara toda la noche esperando ese momento.
—¿Te animas, Fernando? Sé que bailas muy bien.
Sin decir nada se levantó, me cogió de la mano y me llevó a la pista. Una vez allí, pegó sus labios a mi oído.
—¿Siempre es tan gilipollas tu marido o se lo hace?.
Me agarró de la cintura, puse mi mano en su hombro y arrimé mi vientre al suyo mientras intentaba seguir su ritmo.
—Has cambiado de perfume —le dije.
—Sí. Quise olvidar todo lo que me recordase a ella.
Noté que me apretaba más fuerte contra él.
—Es lo mejor. Tienes que rehacer tu vida, Fernando. Ya ha pasado un año.
—Sí, pero no es tan fácil.
—Son muchos recuerdos juntos.
—Eres joven y muy atractivo. Ya verás como encuentras una mujer a tu medida.
Noté que me miraba fijamente a los ojos mientras seguíamos bailando. Me sonrió. Una sonrisa diferente a las de antes, más cálida.
Cuando terminó la canción nos paramos.
—Será mejor volver. No quiero que Fran monte un espectáculo.
—Fran ya se ha dado cuenta de mis intenciones —dijo—. Cosa que tú parece que ignoras.
Miré a Fran de reojo. Estaba en un corrillo, animado, con la copa en la mano.
Cogí mi copa y bebí otro sorbo. Luego te miré en silencio, esperando que dijeras algo más.
—Fernando, aquí no es el lugar ni el momento.
—¿Quieres que quedemos en otro sitio?
—Mejor mañana, cuando Fran esté trabajando.
En ese momento se acercó Fran con una bandeja de canapés.
—Para la chica más guapa de la fiesta.
—Sonrió.
—Por vosotros. —Alzó la copa.
—Chin chin.
Fernando brindé con desgana.
Cogí un canapé. Estaba delicioso.
—Ya has quedado con él. —Fran se acercó a mi oído.
Me retiré y le miré muy seria.
—¿Qué dices?
—Nada... estoy un poco ebrio y no sé lo que digo.
Miré el reloj de pulsera. Las doce.
—Será mejor que nos marchemos. Ya has bebido suficiente.
—¿No te despides de él? Voy a sacar el coche mientras lo haces. —Y salió hacia el exterior.
—Tú no conduces bebido, ya lo haré yo —le dije, pero ya no me escuchaba.
Me volví hacia Fernando.
—Disculpanos. Mañana hablamos.
Me acerqué a darle un beso en la mejilla pero giró la cara y se lo dio en los labios.
Sentí un estremecimiento al notar sus labios en los míos.
—Hasta mañana. —Salí en busca de mi marido.
Llegamos a casa. Dejé el bolso en una silla.
—¿Siempre te tienes que comportar así? —le dije enojada.
—Vi cómo te miraba.
—Y qué si me miraba, somos amigos.
—No era una mirada de amigo.
—Venga, Fran, no veas cosas donde no las hay.
—Será mejor que te acuestes a pasar la borrachera.
—¿Has quedado con él mañana?
—Me pones de los nervios. ¿Cómo te tengo que decir que no?
—Tengo que contarte un secreto... —Se me quedó mirando fijamente.— Sé leer los labios cuando hablan. Y capté vuestra conversación.
Vio mi cara de sorpresa.
—¿Qué conversación?
—La que mantuvisteis mientras bailabais. También vi cómo se estrechaba a ti.
—Una conversación de amigos. Le pregunté cómo estaba.
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