La mirada que no era de un amigo .Parte dos
Por RoSade
Enviado el 19/05/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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Que ya era hora de pasar página.
—¿Y lo de quedar mañana cuando no esté yo?.
—Para seguirla, pero ya no iré si eso te preocupa.
—¿Seguir qué?.
—La conversación.
—¿Solo conversación?.
—Por supuesto. ¿Qué te crees?.
—Que estás deseando acostarte con él. Perdona que sea tan ordinario al decirlo.
—Fernando no me atrae. Qué tontería estás diciendo.
—Pues para no atraerte lo devoras con la mirada. Disimulas muy mal.
—No te consiento que me hables así. Yo siempre te he respetado. Lo que ahora tengo mis dudas... ¿tú lo has hecho también?.
De repente sonó mi móvil.
—¿Diga?.
Escuché la voz al otro lado y me quedé quieta.
—Creo que es para ti —le dije a Fran con la mirada.
—¿Estás sola?.
—No.
—Ahhh.
—Será mejor que cuelgues —dije .
—¿Pasa algo?.
—No, nada.
—Te noto rara.
—Está aquí delante. Gracias, tú también. Pasa buena noche. —Colgué.
—¿Era él?.
—Sí, dando las buenas noches. ¿Qué hay de malo? —dije.
—Nada.
Fui al cuarto de baño. Me quité el vestido y me puse el albornoz. Cuando salí voy a la cocina a hacerme una infusión.
Fran ya se estaba quitando la ropa. Oí cómo se metía en la cama.
Cuando me desperté, Fran ya se había marchado a la oficina. Me levanté de la cama, me puse la bata y fui a la cocina a hacerme un café. Mientras esperaba a que se hiciera, me quedé mirando el móvil sobre la encimera. No dejaba de pensar en una sola cosa: ¿por qué me había llamado Fernando?.
Estaba sentado en la cocina y sobre la mesa tenía el móvil, esperando que sonara. Supuse que Fran ya se había ido a trabajar y que ella estaría sola.
Sería mejor ir a ver a Fernando y que me aclarara las cosas. Me di una ducha rápida, me puse unos vaqueros y una camisa azul con unos mocasines. Cogí el bolso, cerré la puerta dando un pequeño portazo.
Como no vivía muy lejos, fui caminando mientras pensaba qué preguntarle.
Los minutos fueron pasando y el móvil seguía inmóvil, sin recibir ninguna llamada, por lo que opté por dejar de esperar y volver a la rutina de todos los días.
Me planté en el portal, respiré hondo y toqué al telefonillo.
Me sobresalté al oír el timbre, ya que no esperaba ninguna visita. Seguramente sería alguien anónimo que venía a perturbar la paz que intentaba aparentar.
Volví a tocar de nuevo… rin… rin…
Irritado por no haber recibido aquella llamada en el móvil, fui al telefonillo de malas maneras, dispuesto a pagarlo con el pobre infeliz que se había atrevido a llamar.
—¿Qué quieres…? —dije en tono amenazante.
—Abre la puerta, soy Rosa.
La sorpresa al oír su voz hizo que enmudeciera de vergüenza. Pulsé el pulsador.
Subí las escaleras despacio. Vivía en un primer piso. Escuché cómo se abría la puerta.
Su presencia hizo que el corazón se me acelerara.
Me planté delante de él. Ya estaba esperando apoyado en el marco de la puerta.
—¿Puedo pasar? —dije.
—Por supuesto… Entra —dijo, cediéndome el hueco para que pasara.
—Gracias —dije. Entré al salón y me quedé de pie.
—Siéntate. ¿Quieres tomar algo?.
Me senté en el sofá.
—No, gracias.
Me senté en el sillón frente a ti.
—¿Por qué me llamaste anoche? —te dije muy seria.
Intentaste darme una respuesta convincente.
—No lo sé…
—Sabes la que me lio. Se piensa que tú y yo estamos liados.
—Ya lo noté ayer —respondí.
Le dije que tú y yo no tenemos nada, y todo porque te llamé para ir a la fiesta.
Ya sabes que tu marido siempre ha sido muy suspicaz.
—Suspicaz, ¿en qué?.
—En detectar cosas que otros no ven.
Habla claro… ¿me quieres decir que tú sientes algo por mí?.
La pregunta me cayó a bocajarro y mi cobardía hizo que no respondiera al instante.
—Contéstame —insistí.
Te miré a los ojos para darte mi respuesta.
—¿Es verdad?.
—¿Tú qué crees...?
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