La mirada que no era de un amigo .Parte tres -Final
Por RoSade
Enviado el 19/05/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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—¿Cómo voy a saber que sientes algo por mí si hace meses que no nos hemos visto, hasta el día de la fiesta?.
—Cuando te arrimaste tanto en el baile no pensabas eso.
—Te arrimaste tú —digo—. Pues la verdad… ¿no? Creo que sientes lo mismo que yo aunque finjas que no pasa nada.
Una carcajada salió de mi boca.
—¿Piensas eso? ¿En qué te basas?.
—En la excitación que sentiste al sentir mi cuerpo junto al tuyo.
—Solo por eso?.
—Hace mucho tiempo que estás solo, te lo dije en la fiesta. Necesitas encontrar a una mujer y rehacer tu vida.
—¿Y tú qué necesitas, soportando al imbécil de tu marido?.
Me quedé extrañada por sus palabras.
—Sé que entre vosotros ya no hay nada.
—¿Cómo puedes saber tú todo eso si no hablas con él? ¿O me ocultas algo?.
—Con mi mujer me pasaba igual. Llegó un momento en que todo eran reproches.
—Nosotros no nos reprochamos nada —dije, aunque mi voz sonó más frágil de lo que hubiera querido—. Esa noche bebió demasiado, eso es todo.
—Igual bebió para no tener que afrontar la verdad.
—Mira, será mejor que me vaya. En vez de aclararme las cosas, las estás empeorando.
El se levantó también. Se puso frente a ti.—Reconoce que ya no le quieres.
—¿Cómo me puedes decir eso? .
En un arrebato la cogí de la cintura y besé sus labios.
Me pilló de sorpresa sentir sus labios junto a los míos.
Ahondé el beso al ver que no se resistía.
Me dejé llevar y correspondí a su beso.
Sentí como mi lengua buscaba la suya humedeciéndola.
Nuestras lenguas se enroscaron en un beso, sin prisas.
Me estreché más a ella para hacerla partícipe de mi excitación.
Noté su erección entre mis muslos.
Sin dejar de besarme fue desabrochando el pantalón. Una vez quitado, metió la mano por debajo de mis braguitas alcanzando mi sexo.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo al sentir sus dedos acariciar mi sexo. Me abracé a él.
Con el movimiento el pantalón cedió y mi mano impetuosa recorrió los pliegues de mi sexo.
Metí un dedo y noté lo húmedo que estaba.
Al sentir el interior de su sexo noté como mi pene se endurecía de la excitación.
Solo al sentir su erección, le susurré al oído que fuéramos a su dormitorio.
Le ayudé a desnudarse y a continuación fuimos al dormitorio.
Una vez en su dormitorio, empezamos a acariciarnos y a besarnos.
Nos quedamos desnudos mirándonos.
—Esto es una locura —dije.
—Sí... —sonrió de felicidad, mirando mi cuerpo desnudo.
Fernando me dijo que se la chupara. Quería saber qué sensación se sentía al tener una polla en mis labios que no fuera la de mi marido.
Acerqué mi polla a sus labios para que la saboreara.
Me la metí toda. Su pene se puso duro en segundos.
Me la metí hasta el fondo ,Te mueves adelante y atrás mientras me agarraba de las caderas.
Sentí un placer enorme al notar cómo la ocupaba su boca.
—Aaahhhh...
Los dos ya no aguantábamos más. Me puse al borde de la cama.
La recosté sobre la cama hasta quedar tumbada en ella.
Abrí mis piernas. Se puso al filo de la cama para penetrarme.
Vi la abertura de su sexo excitado y eso me decidió a penetrarla al tumbarme encima de ella.
Noté cómo empujaba. Me agarré con mis manos a su cadera. Empezó a empujar, noté cómo iba entrando su polla centímetro a centímetro.
Sentí cómo el capullo entraba en su sexo con una ligera presión que la excitó al movimiento.
Me embistió con fuerza una y otra vez.
Sentí cómo el clímax iba aumentando hasta hacerse más violento.
Apreté mis manos en su pelvis.
Su aliento entrecortado por los gemidos me puso a punto de correrme.
Sentí un chorro caliente en mi vagina. Comencé a tener un orgasmo increíble, nunca lo había tenido así.
—Aaahhh... —noté mi corrida en el interior de su sexo.
Lo atraje hacia mí, dándole un apasionado beso.
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