Póker Negro parte veinte " tras las alas de las Walkirias "

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Concepción. Oficinas administrativas de la Fundación Walkirias. Noviembre del 2.000 

 

La tienda de artículos de cumpleaños estaba por reventar, clientes se agolpaban en un desorden caótico, entre los mesones donde los vendedores trabajaban incansablemente, en la caja había una fila que se perdían en la masa humana y los dos chicos de empaque confundidos trataban de identificar los productos para entregarlos, afuera los camiones de los proveedores descargaban y transportaba en "carrito yegua" los productos por la puerta trasera, eso fue lo que sucedía , apenas un par de años atrás, cuando Fernanda Gundensen predominaba en ese inmueble, cuando dirigía la fundación Walkirias, tras el apoyo de Alpha Centauro, ahora era un local cerrado como muchas del gran Concepción, solo era una bodega donde la municipalidad arrendaba para guardar cachureos, al ser Sábado en la mañana los dos periodistas y los dos agentes de Langley ingresaron y aprovechando el hecho que los cuidadores estaban durmiendo la borrachera de anoche, que fueron reducidos por los dos agentes y abriendo la puerta trasera subieron al segundo piso donde funcionaban las oficinas administrativas de la Fundación Walkirias, sin que nadie se diera cuenta de ellos. Andrés Vecchio usó su navaja suiza y forzó la chapa abriendo la puerta de ingreso.

El abandono tiene un olor particular, una mezcla de humedad estancada, polvo antiguo y madera podrida. Miguel Ángel Linares los  agentes de la CIA y Andrés Vecchio, avanzaban en silencio por los pasillos destrozados del edificio, tras la desaparición de Fernanda, la disputa judicial entre sus hermanos había dejado las instalaciones a merced de los vándalos y el tiempo.

El suelo crujía bajo sus botas, una alfombra de barro seco y escombros que había entrado por las decenas de ventanas destrozadas del frontis. Sin embargo, al llegar al fondo del pasillo principal, el panorama cambió.

La oficina principal de Fernanda Gundensen se alzaba intacta. Los vándalos habían intentado entrar, pero los pesados cristales de seguridad de la puerta y los ventanales blindados habían resistido los golpes, protegiendo el interior como si fuera una tumba faraónica. Vecchio forzó la cerradura electrónica con una ganzúa magnética y la pesada puerta cedió con un gemido metálico.

Al cruzar el umbral, el aire se volvió denso, todo estaba cubierto por una fina capa de polvo gris, pero los muebles, los estantes y el inmenso escritorio de caoba estaban exactamente donde ella los había dejado.

Para Miguel Ángel, el lugar no era solo una oficina; era un escenario poblado de fantasmas.

Se quedó de pie cerca de la entrada, con la mirada perdida, por un instante, el polvo pareció arremolinarse y tomar forma, pudo ver a Fernanda sentada en el escritorio grande, con su postura rígida y su mirada concentrada, mientras Francisco Carrasco estaba de pie a su lado, debatiendo sobre el trabajo del día y la semana, con esa sonrisa protectora que siempre le dedicaba, podía casi escuchar el sonido de sus voces, el tecleo rápido...

—¿Y bien? —la voz áspera de Andrés Vecchio rompió el trance, disipando a los fantasmas en el aire viciado—. No tenemos todo el día, Linares. Busca esa agenda.—

Miguel Ángel parpadeó, regresando a la realidad, caminó lentamente alrededor del inmenso escritorio al pasar su mano por el respaldo del asiento de cuero de Fernanda, un pensamiento irracional, casi febril, cruzó por su mente: "Si pudiera encontrar un solo cabello suyo aquí... tal vez la ciencia podría clonarla. Traerla de vuelta". Era un pensamiento absurdo, nacido del dolor profundo de un hombre que se negaba a aceptar la pérdida.

Sacudió la cabeza para alejar la locura y se sentó en la silla de Fernanda.

Quería ver lo que ella veía, quería entender cómo pensaba cuando estaba encerrada en este lugar, tejiendo la red que atraparía al mundo, apoyó los codos sobre la madera polvorienta y miró directamente hacia adelante, hacia la pared opuesta.

Allí, dominando la habitación, estaba el gran escudo de madera tallada: El emblema de la fundacion Walkirias.

Miguel Ángel entrecerró los ojos, había algo en la geometría del lugar que chocaba con la mente matemáticamente perfecta de Fernanda, la pared tenía un patrón de paneles de madera con líneas verticales y horizontales, el emblema estaba colgado en el centro, pero... Se inclinó hacia adelante, limpiando el polvo del escritorio con el antebrazo, su corazón empezó a latir con fuerza.

—Andrés... ven aquí —murmuró Miguel Ángel, sin apartar la vista de la pared.

Vecchio se acercó rápidamente, poniéndose a su lado.

—¿Qué encontraste?

—Mira el emblema de las Walkirias, mira las líneas de los paneles de madera justo detrás de las alas de la figura —señaló Miguel Ángel, levantándose de la silla lentamente—. Fernanda era obsesiva con la simetría, su mente no toleraba el desorden espacial, pero esas líneas... no coinciden con el resto de la pared, hay una desviación de al menos medio centímetro—

Vecchio sacó una linterna y apuntó directamente a las ranuras de la madera, el haz de luz reveló un corte fino, casi invisible, que formaba un cuadrado perfecto detrás del pesado escudo.

—No es un error de carpintería —dijo Miguel Ángel, acercándose a la pared y posando sus manos sobre el emblema de las guerreras nórdicas—. Hay algo bajo el emblema, es un compartimento oculto, Andrés Vecchio no perdió un segundo sacó su navaja suiza y deslizó la hoja más fina por la ranura que Miguel Ángel había descubierto, intentando forzar el mecanismo,el metal raspó contra la madera, pero fue inútil; el compartimento estaba sellado desde el interior con un sistema de anclaje magnético imposible de vulnerar a la fuerza.

 

Concepción, Octubre de 1998.

 

Después de despertar en el sofá Fernanda le entregó el resultado de la ecuación número ocho del código virgo a Miguel Ángel y después de un abrazo pasional del periodista y el rechazo del sentimentalismo de la economista, cuándo el periodista y amante se marchó Fernanda se volteó y miró la pizarra, tomó un borrador pero antes de borrar todo pensó “ debo hacer algo si todo mi plan falla, he liberado a un monstruo que nunca tuvo que ser despertado… pero ¿ qué haré? “ se volteó y caminó con la mano en la cabeza, se sentó en el sofá y puso sus dos manos en la cara — yo se que al descifrar el código virgo iba a perder todo y no me importaba… pero ahora perdí lo único que interesa al hombre que amo— pero evitando el sentimentalismo, se levantó y tomó su agenda azul marino y de este saco un papel doblado — esto no puede caer en manos de nadie, el único que debe tenerlo si llego a morir es Miguel Ángel pero ¿como se lo hago llegar? Mirando a su alrededor vio un cilindro de acero inoxidable donde guardaba los lentes del telescopio y arriba unos cuadros de ella con Miguel Ángel, sonriendo dice — tengo una idea—

 

 


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