La verdadera historia de los 3 cerditos última parte
Por Verga morcilla
Enviado el 20/05/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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Capítulo 2: El Macrocerdo y la casa de madera (La K NO la toca porque era zurda)
El cerdito mediano, era un chancho de centro liberal-progresista y empleado público 48 años, panza de factuta y mate dulce, huevos largos y enrojecidos de rascarse en una ignota oficina, que ni el sabía la función. Su casa era de madera noble, tablones de eucalipto bien clavados, techo de chapa y todo pagado… con un subsidio y un plan para chanchos solos. Esa tarde estaba pajándose lento con la verga goteando pre-semen mientras escuchaba unas boludeces de Macri. De repente, golpe brutal en la puerta. —¡Abrime, Macrochancho pseudo liberal de mierda! ¡Soy La K, la transloba kirchnerista que viene a comerte el orto! La K estaba más puta y más puesta que nunca: 2 metros de ébano, tetas gordas rebotando, verga negra de 38 cm pulsando como un plan de ajuste invertido. El chochan gritó: —¡No te abro, K! Mi casa es de madera privada… con un poquito de ayuda, pero eso no cuenta. La K tomó aire para soplar… pero se detuvo. Olió la casa, vio las fotos de la entrega de las llaves con político más sucio que culo de chancho y sonrió con malicia: —…Esperá un segundo. Esta casa huele a subsidio, a estatismo light, a “soy liberal pero cobro del Estado”. ¡Esta es zurda, carajo! ¡Es de los nuestros! La K soltó una carcajada y guardó la verga. —No la toco. A la de madera no la toco. Era zurda. Respeto entre compañeros. Quedate adentro, putito neoliberal-zurdo.
Disfrutá tu madera subsidiada. Yo voy por el de ladrillo… por el chanmilei de mierda. Y se fue bamboleando el culo, dejando la casa de madera intacta.
El Macrocerdo se quedó adentro, verga todavía dura de alivio, murmurando: —No se voló la casa… porque era zurda… menos mal que soy liberal pero cobro del Estado, carajo.
Capítulo 3: El Cerdito Fuertei y la casa de ladrillo (La K se lo come entero)
El cerdito mayor era chanmilei. 53 años, melena leonina, ojos de loco genial, huevos peludos como dos bombas atómicas liberales y verga gruesa de 25 cm siempre medio parada porque “la libertad me la pone dura, carajo”.
Su casa era de ladrillo macizo, construida con plata propia. “Esto no me lo vuela ni el FMI ni la izquierda ni nadie”. Esa tarde estaba pajándose con furia, leyendo las cagadas del Adorno, cuando llegó.
La loba K. —¡Abrime, chanmilei hijo de puta liberartio ¡Vengo a comerte el orto y el país entero! chanmilei gritó: —¡No te abro, K de mierda! Mi casa es de ladrillo privado. La K no tuvo piedad. Rodeó la casa, se metió por la chimenea y cayó como loba en celo.
Lo agarró por la melena, le bajó los pantalones, le hizo una línea de coca en el culo y le metió la verga de 38 cm hasta el fondo sin aviso.
—¡Tomá tu libertad, Milei! ¡Tomá toda la verga K en ese culo anti-estado!
Lo partió como reforma jubilatoria, lo mea encima, lo dilataba con cuatro dedos, lo llenó de mala leche kirchnerista, un veneno y lo dejó tirado, ano abierto como el mercado que el sueña, chorreando todo, como la leche que se trae en la boca, en cada visita a Trump, de mamadera.
Pero chanmilei murmuró roto: —No se cayó la casa… pero me comieron el orto… y ahora soy un libertario con el culo partido de K… pero mis ideas intactas, VLLC.
FIN
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