El novio de mi hermana Parte 1
Por DivasSensuales2.2
Enviado el 20/05/2026, clasificado en Adultos / eróticos
216 visitas
Vivo con mi hermana Rosa en su apartamento, allí puedo dormir y estudiar al salir de la universidad, pero desde que está saliendo con Carlos, acabó mi paz. Es un tipo arrogante que se cree gracioso. Lo peor es que cada fin de semana se queda a dormir con ella.
Una tarde, mi hermana pasó por mi cuarto.
—Voy a salir un rato, Gabriela, sé amable con Carlos mientras no estoy.
Estaba ocupada con mis tareas, así que no me importó. Minutos después, sentí que me observaban. Me di la vuelta y vi a Carlos apoyado en el marco de la puerta, solo vistiendo una toalla.
—¿Qué haces? —preguntó bostezando.
No voy a negar que el imbécil es guapo, pero le di la espalda y respondí: —Tarea.
—¿Un domingo? —se burló intentando provocarme.
—Algunos tenemos que estudiar, no como otros que sus papis les dan todo.
Con ironía y entre risas dijo:
—¡Oh, no, Gabita! No me insultes diciendo que tengo trabajo en el negocio de mis padres.
Odiaba que su vida fuera fácil mientras yo me enterraba en libros. Pero lo que más odiaba era su pecho descubierto nublando mi razón.
—¡Deja de llamarme Gabita! Ese no es mi nombre.
—¿Por qué no te relajas un poco?
—¿Por qué no te vas a masturbar o algo?
—¿Por qué no me masturbas tú?
Ante eso, se me ocurrió una idea que lo callaría.
—Está bien. Sácalo.
No pude evitar sonreír al ver su cara de asombro. Sin embargo, él no estaba dispuesto a perder la batalla.
Dejó caer la toalla y me retó con un:
—¿Qué pasa?, ¿tienes miedo?
Me sentí más decidida que nunca a borrar esa sonrisita de su cara. Me arrodillé y dije:
—¿Esto es todo? Esperaba algo impresionante del señor presumido.
Su verga estaba a solo unos centímetros de mí; aún no estaba erecto, pero en realidad era de un tamaño considerable. Por un segundo pensé en rendirme y dejarlo ganar, pero entonces decidió burlarse de mí una vez más.
—¿Qué pasa? ¿Es mucho para ti?
Su arrogancia dolió como un insulto; ahora no podía renunciar. Tomé su miembro con la mano y mantuve contacto visual mientras lamía su punta. Empecé a succionarlo, sintiendo cómo crecía dentro de mi boca.
Miraba la puerta a cada instante, Rosa podría llegar. No podía creer que estuviera traicionando a mi hermana, pero poco a poco, empecé a ceder a lo excitada que estaba y comencé a disfrutarlo.
Carlos también lo estaba disfrutando. Sus gemidos eran como gasolina para el fuego dentro de mí. Ya no me importaba cuánto odiaba a este tipo o que estuviera saliendo con mi hermana; estaba tan excitada que me volvía loca.
Carlos gemía más fuerte ahora, lo que me incitaba a seguir. Para entonces ya estaba muy duro y, aunque odio admitirlo, era definitivamente el más grande que había visto.
—Eres muy buena —dijo sin tono de burla ni sarcasmo, solo un cumplido genuino.
Para demostrar que era digna del cumplido, lo introduje más profundamente y succioné con más fuerza. Inmediatamente, fui recompensada con más gemidos deliciosos de su parte. De repente, tomó uno de mis brazos y me levantó. Antes de que pudiera protestar, sentí sus labios sobre los míos.
Me miró con ojos hambrientos al romper el beso. Sentí que empezaba a sonrojarme, así que giré la cabeza, pero él tomó mi mejilla con su mano y me atrajo de nuevo a un beso. Se acostó en mi cama y me subió encima de él. Al ponerme sobre él, podía sentir su dureza presionando contra mí. Solo la fina tela de mis bragas impedía el contacto directo con mi entrepierna empapada.
Cuando apartó mis pantis y sentí su punta presionando contra mi entrada, recuperé el sentido.
—¡Detente!
—¿Qué pasa?
Pude oír la preocupación en su voz y empecé a calmarme.
—Nada, es que yo... —dudé un poco, pero confesé—: Nunca lo he hecho, he chupado varios pero, soy virgen.
Él respondió de manera comprensible:
—Está bien; no tenemos que llegar tan lejos.
Se acercó, pero puse mi mano en su pecho para detenerlo.
—No deberíamos estar haciendo esto, estás con mi hermana. No deberías engañarla.
Deslizó su mano por mi rostro e introdujo sus dedos en mi boca mientras decía:
—Hemos llegado hasta aquí, no podemos parar así sin un final.
No lo detuve cuando se inclinó y me volvió a besar. Dejé que me desnudara, mientras besaba mi cuello y manoseaba mis senos. Sus manos grandes hacían que mis pechos parecieran pequeños y sus dedos expertos jugaban con mis pezones deliciosamente.
Una de sus manos bajó y se deslizó entre mis piernas. Empezó a frotar mi clítoris y con la otra mano, seguía jugando con mis pechos. Rápidamente sentí que estaba cerca de correrme, pero justo antes de llegar al orgasmo, se detuvo de repente.
Se acostó de nuevo, me subió encima de él, pero esta vez en posición de 69. Nunca había hecho esto antes, pero siempre quise probarlo. Teniendo su pene justo frente a mí otra vez no dudé; empecé a chuparlo lo más profundo que pude. No pude evitar gemir al sentir su lengua en mi clítoris. Disfruté la sensación de sus manos en mi trasero y su lengua trabajando en mi sexo.
Lo disfruté tanto que olvidé seguir succionando, me castigó con un azote que me hizo chillar. Volví a lo mío obediente, solo para detenerme de nuevo a propósito y recibir otra nalgada que esta vez me hizo gemir.
Durante un rato jugamos así, hasta que sentí que estaba cerca de nuevo. Esta vez no se detuvo, sino que se volvió más intenso. No pude aguantar mucho más y pronto alcancé un orgasmo como ninguno que hubiera experimentado. Casi al mismo tiempo, Carlos soltó un fuerte gemido y empezó a correrse también. Aún sintiendo las olas de mi propio orgasmo, lo succioné profundamente y tragué cada rastro de su esencia. Después de limpiar la última gota, me acosté a su lado.
Ambos intentamos recuperar el aliento mirándonos a los ojos; nunca había visto una expresión tan suave en su mirada, casi me hacía creer que era una persona diferente. Preguntó:
—¿Puedo ser el primero?
El silencio pesó más que todo lo anterior. Mi mente gritaba que era el novio de mi hermana, pero mi cuerpo aún vibraba. Lo miré a los labios y luego otra vez a sus ojos. Justo cuando iba a pronunciar el «sí» que lo cambiaría todo, volví a la realidad al oír a mi hermana gritando desde abajo que ya había regresado. Salté de la cama.
—¡Lárgate de mi habitación y ni se te ocurra contarle a nadie lo que pasó aquí!
Mi corazón latía con fuerza, corrí al baño cerrando la puerta. Me miré al espejo: tenía el cabello deshecho, mis labios rojos, mi piel sudada. Tuve que ducharme antes de volver a salir.
Como cada domingo, él regresaba a su casa, pero antes de irse nos cruzamos en el pasillo y susurró:
—Sé que ibas a decir que sí.
Me quedé mirándolo mientras él se acercaba a la salida para despedirse de mi hermana hasta el próximo fin de semana.
Continuará...
Comentarios
COMENTAR









¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales