La Entrega .Parte Primera
Por Pecado de Seda
Enviado el 20/05/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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El timbre sonó, seguido por una voz: el de la pizza. Me levanté de un salto y miré por la mirilla de la puerta.
Vuelvo a tocar al ver que no me abren, ya que me quedan más encargos que entregar y voy con retraso.
Abrí la puerta.
—Perdona por la tardanza, pero no encontraba la cartera.
El hombre frunció el ceño.
—Son veinte euros —dijo, impaciente.
—Me parece que no tengo veinte... tengo cincuenta. ¿Tienes cambio?
—No tengo. Solemos cobrarlo por el importe exacto a pagar.
Desde el salón se escuchó la voz de mi amiga Rosa.
—¿Puedes darte prisa? Tengo prisa...
—¡Invítalo a tomarse una cerveza con nosotras! Seguro que ya terminó su turno —gritó Rosa desde el salón.
—Tengo más clientes que visitar y se me hace tarde.
—¡Venga, hombre, no seas así! —Le cogí la caja de pizza de las manos—. Sígueme al salón.
—¿Qué haces...? —dijo, sorprendido.
—Nos morimos de hambre... —sonreí.
—Pagadme, que tengo prisa. Son veinte euros las dos pizzas.
—Ya te he dicho, tengo cincuenta euros.
—Solo tengo calderilla —dijo Rosa, sentada en el sofá.
—Pues yo necesito cobrar... ¿No podéis ir a cambiar en algún sitio?
—Ya es muy tarde.
—Te propongo una cosa: te compramos las que te quedan y listo.
—Están ya reservadas.
—No lo sabrán. Seremos generosas: los veinte te los cobras y el resto para ti por las molestias. Siéntate y tómate una cerveza.
—Llamarán a la pizzería y el dueño me pondrá en la calle...
—¿No te gusta nuestra compañía?
—Pagadme y ya no os molestaré.
—Hacemos una cosa: la llevas y te acercas de nuevo aquí.
—Buena idea... —sonrió.
—Voy a mirar en el bolso —dijo Rosa—, a ver si tengo dinero.
—¡Qué casualidad! —sonrió. Había dos billetes de diez euros—. ¡Toma! Pero no tardes.
—Pondremos una cerveza en el frigorífico.
—No... no tardaré. —Cogió el dinero y lo marcó en el móvil como pagado.
—¡Te esperaremos con impaciencia! —dijeron las dos amigas.
Cierro la puerta y bajo a la calle a por la moto.
Pusimos una película y cada una cogió un trozo de pizza.
—Estaba bueno el chico de la pizza.
—Demasiado... aunque dudo que venga —dijo Anna.
—Sí sonrió al irse —dijo Rosa.
—Lo esperaremos. —Bebí un trago de cerveza del botellín.
De repente sonó el timbre.
—¡Anna! —Me levanté de un salto y abrí la puerta.
—Hola... perdonad la tardanza. Os traigo un regalo. —Me entregó una cajita de bombones.
—Pasa, no te quedes ahí. —Entramos al salón.
—¿Te apetece esa cerveza? —dijo Rosa.
—Sí... gracias —dijo algo tímido.
—Perdona, no nos hemos presentado. Soy Anna y mi amiga Rosa.
—Yo soy Javier.
—Encantada. —Le di un beso en la mejilla.
—Te traigo la cerveza fresquita, aquí tienes. —Rosa se la pasó.
—Gracias. —La cogió y bebió un trago para disimular su timidez.
—¿Entonces ya terminaste tu turno?
—Sí. Por hoy ya hice bastante, solo me quedaban esos repartos para terminar.
—Ahora a descansar —le dije, pasando mi mano por su pierna.
—Sí, este trabajo es agotador.
—Muy estresante, diría yo.
Se incomodó al ver lo que hacía.
—¿Y te has decidido a venir? ¿No tenías ningún plan esta noche?
—No. Vivo solo y hoy no tenía nada que hacer.
—Has hecho bien. Coge un trozo de pizza si tienes hambre.
—Sonrió. —No... Las he aborrecido.
—Era de suponer —dijo Rosa sonriendo.
—No os coméis los bombones, tienen licor por dentro.
—Sí, ahora cogeremos uno.
—Nos quieres emborrachar —sonrió Rosa.
—Una clienta no los quería porque decía que no estaban lo bastantes fríos.
—¡Ah! —Cogí uno y me lo puse en la boca.
Seguí con mi mano en su pierna, cada vez más arriba, casi llegando a su ingle.
Al morderlo, el licor salió sin querer por la comisura de mis labios.
—¿Quieres saber a qué licor sabe? —dijo Rosa.
—Te veo y me quedo callado mientras siento una mano en mi entrepierna.
Me acerqué y te besé.
—¿No te han dicho que eres muy guapo? —dijo Anna, poniendo su mano en tu bragueta.
Saboreo su boca, que sabe a licor.
Desabrocho la cremallera con dedos ansiosos y meto mi mano por dentro. Rozo tu slip por encima y noto cómo está morcillona, gruesa… esa polla ya medio dura que se marca fuerte contra la tela. La aprieto por encima del slip, sintiendo su calor y cómo palpita bajo mi palma.
Te susurro al oído: has estado con dos mujeres a la vez.
No… nunca.
—Pues esta noche va a ser tu primera vez.
Meto mi mano dentro del slip apretando tu polla. Se está despertando, palpita.
Te bajo los slip la saco del todo y te masturbo despacio.
Noto como se va tensando de la excitación, poniéndose aún más dura y gruesa en mi mano, las venas marcadas palpitando fuerte.
Te la cojo fuerte se te está poniendo como una piedra —susurro excitada.
Siento tu mano presionar mi miembro.
Te la muevo hasta ponértela bien dura, apretando fuerte.
Mientras subo y bajo la mano rápido, sintiendo cómo se pone completamente tiesa, gruesa y palpitante en mi puño.
Me bajo los shorts de un tirón junto con las bragas, dejando mi coño completamente al aire.
Me coloco encima de ti, abro las piernas y froto tu polla gruesa y dura contra mi coño caliente y mojado, deslizándola entre mis labios hinchados.
Rosa se queda mirando mientras se masturba. No podía ocultar el placer que sentía verlos. Está sentada en la silla frente a la cama, con las piernas bien abiertas, metiéndose dos dedos profundamente en su coño chorreante mientras nos observa. Su respiración es agitada.
Siento como va entrando y un placer recorre mi cuerpo.
Un gemido sale de mi boca, me agarro a su cuello y me muevo adelante y atrás.
La penetro con ganas, ya desnudos los dos, la piel contra la piel.
La penetro con ganas, ya desnudos los dos, la piel contra la piel. Sus uñas se clavan en mi espalda y eso me enciende aún más.
Veo a la amiga masturbarse sin dejar de mirarnos.
Siento su capullo caliente en cada embestida, llenándome, haciéndome suya con cada golpe de cadera.
Me puse de pie y me desnudé despacio, sin apartar los ojos de ellos. Me acerqué, cogí su mano y la puse en mi sexo todo húmedo. Un escalofrío me recorrió entera.
Me puse de pie y me desnudé despacio, sin apartar los ojos de ellos. Me acerqué, cogí su mano y la puse en mi sexo todo húmedo. Un escalofrío me recorrió entera.
Te susurro al oído que te tumbes en el sofá.
Me tumbo en el sofá mientras os veo cerca de mí, los dos mirándome.
Te quito el pantalón junto al slip de un tirón, dejándote al descubierto ante mí.
Me pongo encima despacio, te cojo el pene y lo coloco en la entrada de mi sexo. Empujo poco a poco, hasta sentirte llegar al fondo.
Me pongo a la altura de tu cara y poso mi sexo sobre tus labios. Empiezo a moverme adelante y atrás, despacio, sintiendo tu lengua. Mientras un gemido se escapa de mi garganta.
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