La criada ( En la cocina)
Por Latecla
Enviado el 22/05/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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Se dirigia al salón cuando pasó al lado de la cocina y vió de espaldas a través de la puerta a Carmen cocinando algún tipo de puchero.
No podía dejar de pensar en ella desde el día que habían tenido su primer encuentro en el salón. Él era alguien al que no le faltaban las mujeres, pero aquella situación con la sirvienta se le antojaba de lo más morboso.
Se apoyó en el quicio de la puerta y se quedó observándola por detrás el tiempo suficiente para empalmarse, se acercó lentamente y casi estaba encima cuando ella se percató y lanzó un grito.
*Por dios que susto!! Entra como un gato, casi me da un infarto.
*Jajaja, perdona, no quería distraerte....
Le puso una mano en la cintura y arrimó el paquete a su culo.
*Señor, estoy cocinando, esto tiene que estar listo para las dos y su madre se enfada mucho si...
*Sshhh..tranquila, yo me encargo de mi madre...además no te voy a entretener...mucho
*Señor García, empezó a protestar Carmen con cierta ansiedad, yo le agradezco la subida de sueldo enormemente, pero...
*Shhh....le dijo él subiendo las manos hasta sus pechos y estrujándoselos suavemente...la subida es un regalo...tú lo que haces en esta casa es porque yo quiero que se haga... ¿ya lo has olvidado?
Le comenzó a besar el cuello despacio con labios y lengua, notó como ella se reblandecía rápidamente entre sus brazos. Eso le puso muy cachondo, estaba seguro de que a ella también le encantaba este juego.
Empezó a restregarle el paquete por el culo y mientras le besaba el cuello una de sus manos bajaba hasta el sexo de ella palpándolo por encima de la falda, ella suspiró.
*Levántate la falda Carmen...le dijo en bajito, al oído.
Ella no dijo nada, se levantó la falda a la altura de la cintura y se quedó muy quieta, esperando a que él diese el siguiente paso.
A él encantaba tener el control absoluto sobre ella y su ojetivo ahora era darle máximo placer.
Llévame la mano a tu coño, quiero que seas tú quien me dirija a lo más íntimo de tí..
Carmen cogió tímidamente la mano de él y se la llevó a su vulva, él acarició por encima de las braguitas de encaje y sintió que la polla reventaba.
Se desabrochó los pantalones y se sacó el miembro, con una mano separó la braguita por un lado y con la otra tocó, después de ensalivarlos, con índice y anular el final del pubis y el inicio de esa rajita que tanto lo desvelaba por las noches. Le pidió que abriese más las piernas y metió los dedos por todos los pliegues a los que llegó, investigando aquel terreno profundo, despacio, invasivamente, recreándose en cada sonido, gesto y movimiento involuntarios de ella. Sólo respetó la vagina y su orificio, que quiso reservarlo para más tarde.
Se llevó los dedos nuevamente a la boca y los saboreó, cerciorándose de que ella se enterase de lo que estaba haciendo.
Se agachó y le levantó la falda por detrás, ella seguía obedientemente sujetando la de adelante.
Le besó, mordió y lamió las nalgas con más ansia de la que le hubiese gustado demostrar pero a ella se le escaparon varios grititos y gemidos de placer que le compensaron su falta de autocontrol.
Le apartó las bragas negras de encaje y le abrió el culo hasta ver su ano rosa, rodeado de pelos suaves y lacios, le lamió el culo y lo saboreó a conciencia, lo folló un poco con su lengua y le chupó el perineo, succionando aquella zona en medio de dos paraísos. Ella puso el culo en pompa y el sin pensar se metió completamente debajo para comerle bien el coño, estaba tan delicioso como lo recordaba. Ella comenzó a mover las caderas para restregarse con la boca de él y se corrió entre gemidos mientras él succionaba todos los líquidos vaginales que salían de ella.
Se incorporó y la inclinó hacia adelante, las piernas de ella seguían separadas y aún respiraba aceleradamente.
Le bajó las bragas y se agarró la polla, empezó a restregarla por el agujero vaginal de ella y se fue haciendo paso hacia el interior con pequeñas batidas, masajeando, abriendo, cediendo y acomodando, hasta llegar al final y notar el pubis pegado a ella...notaba como se estiraban las paredes del coño prieto de la criada y su polla palpitaba de gusto.
*Joder! Que gorda la tienes! Exclamó Carmen, me vas a reventar el coño.
Este comentario espontáneo de ella provocó en él una reacción animal, un instinto primario que pocas veces había experimentado y agarrándola por las caderas la embistió hasta correrse dentro entre fuertes espasmos de placer. Mientras se corría, la lefa se escapaba por los laterales del coño de ella, chorreándole por los muslos.
Cuando hubo terminado se limpió con el interior de la falda de ella y se abrochó los pantalones que aún seguían en sus pies.
Ella se recoló la ropa y cuando se dirigía al baño él la frenó agarrándola por un hombro.
*¿Tomas alguna medida para no quedarte preñada?
*No señor García...respondió bajando la mirada.
*No te preocupes preciosa... mañana irás al médico para que te recete la píldora del día después y la píldora anticonceptiva... yo lo arreglo todo.
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