Vapor? sudor? y una traición caliente
Por Pecado de Seda
Enviado el 20/05/2026, clasificado en Amor / Románticos
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Marcos y Anna llevan cinco años juntos, pero su relación atraviesa una etapa de rutina, cansancio y distanciamiento emocional y sexual. La aparición de Oscar .El vapor de la sauna espeso, denso.
Marcos y Anna están sentados frente a frente en bancos de madera, envueltos solo en toallas pequeñas. Han pasado cinco años juntos… cinco años llenos de amor intenso al principio, pero ahora solo quedan miradas frías y conversaciones cortantes.
La rutina los ha comido vivos: desayunos sin hablarse mucho, cenas rápidas delante del televisor… sexo? Hace meses que no ocurre nada más allá de un beso bueno noches.
Y justo cuando creían que ya nada iba a cambiar…
Oscar apareció.
Un tipo nuevo del gimnasio: músculos marcados por horas interminables levantando pesas; pelo corto con mechón rebelde; sonrisa fácil y mirada directa —esa clase hombre que siempre llama la atención femenina.
Anna empezó a ir más seguido al gimnasio... un hombre del gimnasio que despierta el interés.
El vapor se espesa un poco más, como si el ambiente supiera que algo importante está a punto de pasar.
Te quedas paralizada en la entrada, con la toalla enrollada alrededor del cuerpo y el pelo todavía húmedo por la ducha. La sauna está casi vacía —solo él.
Óscar levanta lentamente la cabeza. Tiene esa mirada intensa que no puedes ignorar: ojos oscuros, pestañas largas… y una sonrisa apenas esbozada.
—No te quedes ahí parada —dice con voz grave pero amable—. Hay espacio.
Señala el banco frente a él.
Y sin decir nada más… simplemente extiende su brazo largo sobre el respaldo del asiento vacío a su lado. Un gesto simple... pero lleno de intención
El calor de la sauna parece subir diez grados más. O tal vez es solo el rubor que sube por tu cuello al verlo… completamente expuesto, sin vergüenza alguna.
La toalla se abrió con naturalidad, como si fuera lo más normal del mundo. Y Oscar ni siquiera hizo un movimiento para cubrirse.
Allí está: su pene semi erecto, relajado pero imponente —grueso y con venas marcadas— reposando sobre su muslo sudoroso. La luz tenue de la sauna resalta cada detalle.
Y él... simplemente ,sonríe. Una sonrisa lenta, segura… casi burlona.
—¿Te gusta lo que ves? —pregunta otra vez, esta vez bajando un poco la voz— mientras apoya una mano en su cadera y arquea ligeramente las caderas hacia adelante… solo un poquito... como ofreciéndotelo.*
Solo el sonido del vapor cayendo y los latidos de tu corazón rompen la quietud.
Oscar se levanta con lentitud, como un depredador que sabe que ya ganó. Su toalla cae al suelo sin importarle, quedando completamente desnudo frente a ti.
Y ahí está… ese cuerpo perfecto: abdomen marcado, hombros anchos, piel brillante por el sudor… y su pene ahora más erecto —firme, pesado— apuntando casi directamente hacia ti.
Sin decir una palabra más (porque ya no hace falta), da un paso adelante... luego otro...
Hasta estar a solo centímetros de distancia.
Con esa sonrisa picarona todavía en los labios —la misma con la que le sonreía a Anna cada vez que ella entraba al gimnasio— inclina ligeramente la cabeza…
Y pregunta:
—¿Quieres saber a qué sabe?.
La sauna, antes solo un lugar de calor y relajación, ahora es el escenario de algo mucho más intenso…
Tú te arrodillas frente a él sin dudarlo. La toalla resbala por tu hombro mientras bajas lentamente al suelo húmedo.
Oscar exhala —un suspiro profundo— al sentir cómo tus labios fríos (comparados con su piel caliente) rozan la punta sensible de su pene.
Y entonces… *lo besas allí.*
Con devoción, con curiosidad… chupas suavemente el capullo rosado y brillante, saboreando esa mezcla salada del sudor . Tu lengua traza círculos lentos sobre la cabeza antes de abrir los labios…
Y sin prisa —pero sí con intención— empiezas a meterlo en tu boca: primero solo la base gruesa... luego más... más...
Hacia arriba... hasta que casi llega al fondo.
*Oscar deja de acariciarte el pelo… y en un movimiento rápido, sus dedos se entierran en tu cabello.*
Ya no es tierno. Ya no hay juego lento.
Ahora él *toma control*.
Con una mano fuerte —pero sin violencia— guía tu cabeza hacia arriba y abajo, marcando el ritmo. Empuja su cadera hacia adelante con fuerza cada vez que quieres respirar… pero él ya está dentro.
Su polla gruesa desaparece por completo entre tus labios húmedos, golpeando la parte trasera de tu garganta una y otra vez.
No te da tregua: embiste profundo, constante… follándote la boca como si fuera un coño caliente.
Cada empujón hace que toses ligeramente al principio —no estás acostumbrada a esto—, pero Oscar solo gruñe bajito:
—"Mierda... qué buena eres..."
*El beso fue intenso, húmedo, con sabor a sudor y deseo acumulado. Oscar te empujó suavemente contra el banco de madera, donde la toalla seca apenas amortiguaba el calor del vapor.*
Tú te tumbas. Él se arrodilla frente a ti.
Y sin decir una palabra… baja la cabeza.
Sus manos grandes recorren tus muslos —primero acariciando con los pulgares— luego subiendo más… cada vez más cerca…
Hasta que sus labios encuentran tu sexo.
Y empieza.
Primero un beso suave justo en el clítoris... después otro... y otro...
Luego su lengua: ancha, caliente —y experta— traza círculos lentos alrededor de esa pequeña perla sensible que ya palpita por él.
Lame despacio al principio… como si quisiera memorizarte…
Pero pronto aumenta la presión: lame arriba y abajo, chupa suavemente el clítoris entre los labios mientras gime contra ti.
El vapor sigue denso, envolviendo sus cuerpos sudorosos y pegajosos. La sauna guarda silencio otra vez… solo el sonido de sus respiraciones agitadas.
Oscar termina dentro —no en ti, sino sobre tu pubis— un chorro caliente y espeso que se desliza por tu piel. Su semen brilla bajo la luz tenue.
Los dos quedan inmóviles. Jadeantes.
Él encima, con los codos apoyados a cada lado de tu cabeza; tú debajo, con los ojos cerrados aún por la intensidad del orgasmo… labios entreabiertos…
Y entonces él murmura:
—"Podemos repetir esto... siempre que quieras."
Su voz es ronca. Satisfecha.
Sin esperar respuesta completa… acerca lentamente su boca a la tuya...
Y te besa.
No como antes: no fue un beso apasionado ni hambriento... fue uno tierno casi… íntimo incluso después del sexo salvaje que acaban de tener.
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