Ola de calor

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Anna y Rosa son dos amigas que viven juntas. Las noticias anuncian una ola de calor: las temperaturas subirán hasta los 45 grados y aconsejan no salir de casa durante las horas cruciales.

—¿Qué vamos a hacer si tenemos el aire acondicionado estropeado? —dijo Rosa.

—Se me ocurre una idea. Iremos a casa del vecino; la otra tarde lo vi y está cañón.

Rosa se abanicó con la mano dramáticamente, tumbada en el sofá con una camiseta de tirantes pegada al cuerpo por el sudor.

—El tío está buenísimo, tiene piscina en la terraza, lo vi desde la ventana y seguro tiene aire acondicionado.

Me mordí el labio. —Está bien.

Pasados unos minutos bajamos al piso de abajo con ropa ligera.

Llamamos a la puerta. Abrió un chico moreno, con el torso desnudo y unos pantalones cortos de deporte.

—¿Sí...?

Fui directa.

—Hola... Somos tus vecinas de arriba. Se nos ha roto el aire acondicionado y con esta ola de calor nos estamos achicharrando. ¿Nos dejarías pasar un rato en tu casa? Prometemos portarnos bien...

—Vaya, qué sorpresa. Podeis pasar....

—Estaba haciendo un poco de gimnasia.El sudor brillaba sus abdominales .

Nos miró a Anna y a mí con una sonrisa mientras entrábamos.

—Poneos cómodas... Si me disculpáis, iba a darme una ducha.

—Sí, esperaremos, no te preocupes ,efectivamente estaba canòn —dijo Rosa . 

—Vale... —me alejé hacia el cuarto de baño.

Una vez dentro, el aire acondicionado nos golpeó. —¡Qué gusto! —murmuré.

En la mesita había una jarra de agua fría y unos vasos. Cogí la jarra, llené un vaso para mí y otro para Rosa.

Una vez en la ducha, se desprendió del pantalón corto y se metió bajo el agua.

Nos sentamos en el sofá grande de cuero, que estaba fresquito. Crucé las piernas y bebí un sorbo de agua.

Me recliné hacia atrás y la camiseta se me subió un poco.

Una vez duchado, se enrolló la toalla en la cintura y salió al comedor.

Escuchamos la puerta del baño abrirse. Se sentó frente a nosotras.

—¿Mejor con el aire?

—Eres muy amable por dejarnos entrar —dijo Anna.

—Así me hacéis compañía —sonrió pícaro.-Soy Marcos .Bienvenidas 

—No queríamos molestar —dijo Rosa.

—No es ninguna molestia, no os preocupéis —dijo Marcos .

—¿Y tú? ¿Vives solo aquí? ¿No te aburres?

—Me entretengo con lo que puedo... Si queréis daros un baño, tengo piscina en la terraza.

—No es mala idea, pero no hemos traído bikini.

—Podéis bañaros en ropa interior.

—Solo llevo la camiseta y las braguitas —sonrió Anna.

—De todas formas está cubierta, así que no nos verán los vecinos.

Me quité el top por la cabeza, quedándome solo con un sujetador negro de encaje que me marcaba ligeramente los pezones.

—Os la enseñaré... —salimos a la terraza.

Nos levantamos y le seguimos hasta la piscina.

—¿Os gusta? —dijo Marcos .

—Mucho —dijeron las dos a la vez con una sonrisa.

Se quitó la toalla quedándose desnudo.

—¿Nos pegamos un baño?

Anna se quitó la camiseta sin pensarlo y se lanzo al agua.

Me fijé en las tetas de Anna, que iba en top less.

—¡Qué fresca está el agua!

—Sí, como por la noche refresca.

Nadó un rato cerca de ti.

—Podéis bajar cuando queráis —dijo Marcos .

Rosa se apoyó en el borde de la piscina.

—No lo digas muy fuerte —sonrió.

—La verdad es que en verano es un placer tener piscina.

—Suerte la tuya; nosotras ni aire —dijo Anna.

—Pues ya sabéis.

Me acerqué y le di un beso en la boca en señal de agradecimiento.

Se quedó sin saber cómo reaccionar.

El beso fue eléctrico, nuestras lenguas se enroscaron y nuestra respiración se volvió entrecortada.

Noté cómo el pene se le endurecía.

Rosa se acercó a donde estaban. Metió su mano debajo del agua.

—Está muy dura... —susurró con voz juguetona.

Anna lo miró con deseo y cogió su polla, masturbándolo lentamente, mientras Rosa besaba su cuello y su pecho.

Vi que la que me había agarrado el pene se había quitado las bragas. Metí mi mano en su coño.

Sentí su dedo moviéndose en círculos sobre mi clítoris hinchado y gemí cerca de su boca.

Sentí un fuerte escalofrío al notar su mano agarrándome con fuerza el pene.

Me acerqué a él y froté mis muslos contra los suyos, y lo besé.

La temperatura había subido mucho, el sudor empezaba a caer por nuestras pieles, pero esta vez de puro placer.

Alternaba besos entre las dos: devoraba la boca de una mientras sus dedos follaban a Anna.

—Fuera estaremos más cómodos.

—Sí, aquí es un poco incómodo —dijo Anna.

Nadamos hacia el borde de la piscina.

Salimos del agua. Tenía un sofá de jardín grande y nos sentamos en él.

Se acercó a una de nosotras por detrás para follarla.

Rosa me senté al borde del sofá; él me separó las piernas y sentí cómo metía toda su polla en mi coño.

Me puse detrás, abrazándolo y besando su espalda mientras follaba a Rosa. Mis pechos se apretaban contra su espalda.

Sentí su coño en mi polla mientras la embestía con fuerza.

Fui la primera en correrme.Mis muslos temblaron mientras gritaba de placer .

Se giro hacia mi ,me tumbo en el sofá, levanto mis piernas y empujó lento y profundo .Arquee la espalda clavando las uñas en sus hombros. 

Beso a Anna mientras la follaba a un ritmo frenético ; sus embestidas eran fuertes que hacían que sus pechos rebotan.

—Más fuerte —suplicaba.

Él aceleró el ritmo.

—Gémía, ya no aguantaba más.

—Córrete —dije.

—¿Dónde quieres que me corra?

Se corrió dentro de mí con un gruñido. Me llenó con chorros calientes y exploté en un orgasmo, temblando entera.

Rosa, al ver la escena, se corrió por segunda vez con los dedos.

Los tres caímos en el sofá sudorosos, respirando agitadamente, pero con una sonrisa de satisfacción.

-Podeis quedaros todo el veranosi quereis . Marcos nos abrazo con fuerza.

 


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