Del enamoramiento de dos casuales viajeros de automóvil en un atasco de lunes laboral -1-

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Del enamoramiento de dos casuales viajeros de automóvil en un atasco de lunes laboral                                                                 

 

                                1

     

"En el futuro habrá otras primaveras, otras golondrinas reanudarán su vértigo"
                                                                                                          Mario Benedetti 




¿Habéis pensado que hay ocasiones en que un instante fugaz puede resultar eterno?

En las tediosas mañanas laborales hay un día especial: los lunes. Si ya desde la tarde del domingo el encanto del fin de semana se trueca en un malestar de anticipado ocaso, cuando esa traidora que llamamos alarma en nuestro móvil (despertador para los resistentes a la modernidad) nos recuerda nuestra humilde condición de gentes que han de trabajar, si  no renunciamos a continuar reproduciendo nuestra anodina existencia con la machacona mutilación de la rutina. El abrir los ojos de la nueva semana laboral supone una pequeña crisis que sólo superamos con ese extraño virus mortífero que llamamos resignación.

Así era ese nuevo lunes que no era sino un calco de otros lunes, en otras semanas, de meses similares en unos de tantos años (perdidos, inconscientes, fantasmas que nos dominan y nos conducen a la extinción).

Pero ese lunes..., este lunes, las leyes de la inexplicable sincronicidad iban a cambiar la grisedad perniciosa de Patty y Lenny con algo tan anodino como el habitual atasco en la A88.


                                                                                                  ***



El juego de "arranca y para" emparejó el auto verde de Patty con el rojo de Lenny.

Ella, sujetas las manos al volante y los ojos fijos en el metal y el cristal del coche que tenía delante (distancias variables según la atención y la alternancia de cansancio y nervios para llegar a tiempo al trabajo), desvío la mirada a su derecha. El detenido examen del rostro bien afeitado, la nariz corta, el cabello algo despeinado, las gafas de patillas tan finas que parecían alambres, y la chaqueta de pana de color castaño claro, la distrajeron tanto que provocó las iras del conductor de detrás de ella, que descargó su contenido malhumor pétreo en forma acústica.

Con un gesto de automatismo, Patty levantó la mano derecha en un gesto ritual de disculpa cívica e hizo avanzar los cinco metros que la separaban del vehículo de delante. Segundos después, por el rabillo del ojo captó la sombra levemente móvil e instantánea del coche de la fila de al lado. El hombre la miró con una sonrisa liviana y un gesto cómico de enarcamiento de cejas junto a un movimiento rítmico de cabeza señalando al conductor irascible. Patty dibujó una sonrisa y devolvió la frase del diálogo no verbal con un encogimiento de hombros. El gusano matinal volvió a estirarse y el hombre desapareció como desaparece un fotograma en una película; quedó detrás, a su derecha. Patty buscó de nuevo al hombre en la esquina izquierda del marco rectangular del retrovisor. La cola avanzó un poco más y el otro conductor se perdió en  las carrocerías y ventanas acristaladas anónimas. Patty sintió sin saber cómo o por qué una cierta desazón, como un vacío un tanto infantil.

Lenny vio como los graciosos ojillos azulados, las mejillas sonrosadas, el flequillo moreno cortado recto, el cuello alto y los hombros casi masculinos desaparecían en linea recta como llevados por un viento repentino y mecánico. Otro estiramiento y su vecina accidental se perdió más hacia delante, entre el hierro y el plástico sostenido por neumáticos que era simplemente un cubículo temporal hacia un día sin sentido en una semana irrelevante para su ser interior. Tecleó nervioso sobre el anillo del volante sin dejar de mirar hacia la cola del lado izquierdo. Inexplicable...«como un náufrago», se dijo y el desaliento del lunes volvió a adueñarse de él, pero más debso, más gris cemento, estéril como un paisaje de la taiga.

Había algo...

que no podía explicarse.

¡Fue tan breve! Apenas unos segundos: sólo vio un rostro femenino, pero aquellos ojos transmitían un "nosequé", un "algodiferente", y Lenny se encontró con una sensación contrapuesta: quería sustituir el nuevo vacío con una forzada indiferencia estructurada en su subconsciente a una velocidad pasmosa; pero un fuegecillo chisporroteante, un salto de su corazón equilibrista le instó con urgencia utópica...¡aquella absurda zozobra, aquella hiriente necesidad de perderse en la mirada y los labios de aquella mujer! Se sintió ridículo; pero ¿cómo suprimir aquel latido que no podía reprimir…?

 

 

                                              Continuará 


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