CUENTOS BREVES (del manual de masturbación) (36)
Por Eunoia
Enviado el 09/06/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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CUENTOS BREVES
(del manual de masturbación)
-36-
LOS SUEÑOS HÚMEDOS DE TOÑI
1.
Toñi comenzaba a estar cansada. Lleva hora y media entresacando fórmulas de matemáticas y se notaba espesa. Y le ocurría otra cosa.
No sabía a qué obedecía, pero de su subconsciente se le aparecían imágenes eróticas, que rompía su concentración. Sin saber porqué pensaba en su compañera de estudios Stephanie. Concretamente, su mente secundaria le ofrecía imágenes de la sensual boca de Stephanie, de su nariz respingona y su mirada luminosa. Como si fuera una cadena, los eslabones del pensamiento le ofrecían flashes de la blusa rosa desabotonada que llevaba puesta en la mañana. La forma de sus senos en media luna destacaba a ambos lados. Toñi se dejó llevar por las ideas que la iban llenando de deseos sexuales.
Era extraño porque nunca había intimidado con Stephanie. Por otra parte, Toñi no era homosexual; había sido siempre heterosexual, salvo un episodio con su vieja amiga Marisol, en la adolescencia. De ese episodio se ocuparía otro día; ahora el deseo tenía otro nombre: Stephanie.
Su concupiscencia se había desatado y Toñi comprendía que no podía ya frenarla…; ni lo deseaba. En su interior un reguero húmedo y caliente descendía por las paredes de su vagina. Estaba caliente. Apretaba sus piernas muy juntas, al tiempo que un movimiento de los muslos le producía satisfacción al frotar los labios vaginales entre sí. Cerró los ojos y se dejó conducir por la fantasía.
Se veía sentada, con los pechos al aire y detrás de ella Stephanie, con bata. Ella levantaba la cabeza y veía la mirada de Stephanie sonriente. Después se besaban, primero lentamente, después con arrebato apasionado. Las manos de la otra acariciaban sus tetas, aprisionaban sus pezones y parecían querer exprimir una inexistente leche de sus bolas duras…
Duras estaban sus puntas en la realidad formal, fuera o no fruto del adueñamiento de su yo consciente por el subconsciente o por la necesidad sexual ya reconocida. Toñi se puso a jugar con sus enhiestos pezones y creció hasta desbordarse su lubricidad. Se dejó llevar sin oponer resistencia: pasó a acariciar el espeso vello púbico e introdujo sus dedos por dentro del vies de la braguita. Eso le produjo una intensidad que ya no pudo controlar. Abrió la braga por un lado; los labios del coño quedaron visibles, expuestos a sus ojos, excitantes…
Le gustaba su almejita blanda y babosita, de largos lóbulos teñidos de un tono más intenso que el resto de su piel. Su chocho abierto, cuando se miraba con un espejito de mano, le provocaba un deseo incontenible. Disfrutaba viéndolo, tocándolo y contemplándose a sí misma mientras lo manipulaba; luego terminaba pajeándose, follándose con los dedos dentro y recogiendo flujos que conducía al clítoris para cubrirlo con la sustancia de su placer vaginal. La joya de su placer entonces se iba poniendo tiesa y dura, crecida ..., como ahora.
Toñi daba vueltas con las yemas de los dedos en torno al péndulo morado que la iba conduciendo al clímax.
En su cabeza se veía dando la vuelta en la silla. Estaba desnuda sobre el cuero de la silla. Stephanie le ponía sus tetas grandes, de pezones rosados, Inversos, irresistibles. Ella los chupaba, los lamía y llenaba de saliva. Luego, Stephanie se abría la bata y le ofrecía su vulva peludita, que ella besaba. Metía su lengua en el canal del atractivo coño de su amiga. Lo abría con las manos y comenzaba a chupar y succionar las paredes de aquel fruto femenino delicioso.
Pero las sensaciones mejores procedían de su propio cuerpo, de la exploración de su propio coñito abierto. Había metido tres dedos dentro del conducto vaginal y los sacaba impregnados de licor femenino. Los llevó a su nariz; incrementaba su deseo el suave olor marino del interior del chocho; se puso los dedos en los labios y chupó su jugo. Una nueva oleada de calor, de deseo y de fluido ardiente resbaló por su vagina. Entonces comenzó a jugar con la carne erecta del clítoris. Y volvió al coño de Stephanie…
Ésta la dejaba comerle la raja. Toñi lamía con fruición el capullo tieso de su amiga. En su imaginación tenía dentro tres dedos y era Stephanie quien abría los largos labios de su vulva, mientras recibía en ella la lengua húmeda de Toñi. En su mente Stephanie gemía y jadeaba intensamente; en la realidad, la que estaba gimiendo con las imágenes y las sensaciones que experimentaba al masturbarse era ella misma. Abría y cerraba las piernas rítmicamente; subía y bajaba el culito, movía en círculos la boquita de su almeja repleta de flujo...
El cosquilleo de ver su coño humedecido, los dedos saliendo cubiertos de la pátina translúcida, la sensación placentera, la tensión, la respiración forzada, los latidos del corazón, la hinchazón del caramelito ya con un tono rosa fuerte…
Y se vino sin retener un gritito que acompañó su orgasmo. Jadeaba locamente. La vulva cabalgaba aprisionando sus dedos en la raja caliente, latente…
En su pensamiento era Stephanie la que se corría gritando enloquecida, con su coño en la boca de Toñi; en la realidad los dedos de Toñi frotaban velozmente el clítoris como desearía que fueran los de su amiga, y sus fluidos mojaban la braguita y los pelos revueltos de los lados del chocho ardiente.
En un murmullo pronunció su nombre: "Stephanie", mientras se iban aplacando las descargas espasmódicas del orgasmo.
Sin entrar en su cuarto, Claudia, su hermana desde la puerta preguntó:
—¿Estás bien? Me pareció oír un grito.
—No te preocupes —respondió Toñi mientras volvía a colocar el coño dentro de la totalidad de la braga—. Todo está bien: me acabo de hacer una paja y he tenido un orgasmo brutal.
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