La mujer del vestido estampado

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Anna llevaba tiempo sospechando que Fran la engañaba. No tenía pruebas, pero sí comportamientos extraños y excusas poco convincentes.

Aquella mañana cálida de junio, entró una mujer en la tienda, de unos cuarenta años. Vestía con elegancia: un vestido estampado y zapatos de salón que resonaron suavemente sobre el suelo.

Anna le lanzó una sonrisa desde el mostrador y la mujer le correspondió con otra.

La clienta se entretuvo mirando unas blusas y, al cabo de un rato , levantó la vista.

—Me gustaría probarme esta blusa.

—Tenemos de todos los colores —respondió Anna.

Anna—. Ahí al fondo están los probadores —añadió, señalando hacia una cortina.

—¿Me puedes sujetar el bolso mientras me la pruebo?

—Claro, sin ningún problema.

Mientras la clienta se dirigía a los probadores, Anna cogió el bolso de piel marrón y lo guardó debajo del mostrador.

De repente, el móvil vibró. La pantalla se iluminó apenas unos segundos, pero fue suficiente para que algo llamara su atención. Lo que vio hizo que el corazón se le acelerara.

Era una foto de Fran. En la imagen sonreía, con su camisa preferida.

Anna miró hacia los probadores: la mujer seguía dentro. Volvió a mirar el móvil y, tragando saliva, metió la mano para cogerlo. Solo quería ver de cerca la foto y confirmar que se trataba de Fran.

Abrió un poco el bolso y, con el pulso temblando, lo sacó lo justo para observar el rostro con nitidez.

Ahora ya no había dudas. Era él.

Su corazón empezó a latir con fuerza. Anna se preguntaba por qué aquella mujer tenía una foto de Fran. Y por qué lo llamaba.

—¿Se puede saber qué estás haciendo?

—Nada, el teléfono no dejaba de sonar.

La mujer le arrebató el bolso.

—Es mi novio quien me llama —dijo con naturalidad.

—Me llevo esta blusa —añadió, dejándola encima del mostrador.

Anna sonrió a medias, dobló la blusa y la guardó en una bolsa.

—Seguro que a tu novio le encantará. ¿En efectivo o con tarjeta?

—Eso espero. Llevamos poco tiempo saliendo. Con tarjeta.

Para Anna era evidente que ambos estaban liados.

Cuando Anna regresó a casa, después de cerrar la tienda, Fran estaba en el sofá con el televisor encendido.

—No puedo creerlo. ¿Has perdido la cabeza?

—¿Qué te pasa?

—Basta de mentiras. Confiesa que tienes una amante.

—¿Por qué piensas así?

—Porque he visto una foto tuya en el móvil de esa mujer.

—¿Cómo puedes ser tan desconfiada?

—No es la primera vez, Fran. No pienses que soy tonta.

Anna tomó asiento y se quedó callada.

—¿Es que no confías en mí? ¿Cómo vamos a tener una relación sana si siempre dudas de mí?.

—Soy como soy. No puedo evitarlo —dijo Anna.

—Ya no puedo más. Estoy cansado de tu desconfianza. Hace un mes lo mismo.

—Yo no soy desconfiada, Fran.

—¿Ah, no? Entonces, ¿por qué piensas que tengo una amante por ver mi foto en el móvil de una mujer? ¿Qué crees, que voy regalando fotos a todas? No me parece justo.

—Mira, Fran, yo así no puedo continuar. Lo mejor será que lo dejemos. No estamos hechos el uno para el otro. Me siento agobiada.

—Muy bien —dijo Fran—. Tómate el tiempo que necesites para mudarte.

—Me voy ahora mismo. No quiero estar donde no me quieren.

Anna se levantó de golpe del sofá, fue hasta el dormitorio, abrió la puerta del armario y cogió su maleta.

—Si es lo que quieres —dijo Fran.

Anna abrió la maleta y empezó a meter su ropa con rabia: faldas, camisetas, ropa interior, todo a puñados.

—Ahora estarás libre para tener todas las amantes que quieras.

—Nunca serás feliz si no confías en alguien —dijo Fran.

—No creo que tú puedas darme lecciones de moralidad. Yo he sido fiel todo este tiempo y tú, bueno... Seguro que has hecho lo que has querido.

—Eso no es verdad. Me hacen daño tus acusaciones.

Anna soltó una carcajada.Cerró la maleta de golpe, cogió su bolso y se lo colocó en el hombro.

Fran la tomó del brazo.

—Espera. Despidámonos como personas civilizadas.

—No me apetece. Lo nuestro se terminó. Buena suerte, Fran —dijo sin mirarlo.

Anna salió del edificio y paró un taxi. Tenía ganas de llorar pero se contuvo. Miró por la ventanilla mientras la ciudad pasaba ante sus ojos, indiferente.

Continuara ....

 

 


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