5 chicos negros contra mi
Por Xxx
Enviado el 12/06/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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Tengo 45 años, soy una mujer blanca, soltera y de buen ver para los hombres. Mido 167 centímetros. Mis pechos, aun cuando están un poco desgastados por la edad y el uso que les he dado, son de buen ver. Cabello negro, crespo, a la altura de los hombros. Mi abdomen ya no está plano, pero no es tan prominente como para no querer ver mis piernas abiertas que, de por sí, son esbeltas y apetecibles para los hombres.
Siempre me han gustado los hombres de penes grandes y me encantan de tez negra.
Lo que les voy a contar me sucedió recién terminé mi última relación, y fue por necesidad de mis instintos; la necesidad de ser deseada por hombres jóvenes y vigorosos.
Mi nombre es Margarita y esa noche de mayo de 2026 sucedió algo que siempre había querido, pero no había sido capaz de realizar. Vivo en Medellín y ese fin de semana decidí salir con una amiga de la unidad residencial donde vivo. La idea era un plan tranquilo: unas cervezas, escuchar rock clásico y volver a casa como si nada, solo con una pequeña resaca para el sábado; pero terminé en un departamento a las afueras de la ciudad con cinco chicos negros y, en lugar de una fuerte resaca, con un gran ardor de vagina y dolor en el ano, además de estar rellena de semen por todo lado.
Mientras nos tomábamos unas cervezas en el bar, llegó un grupo de cinco hombres negros. Se veían grandes, aunque no musculosos, y la verdad olían rico, a hombre mezclado con perfume. Desde su mesa no dejaban de observarme y hacerme guiños de ojo; se notaba que hablaban de mí por las señas que hacían, y uno de ellos me señaló las piernas, haciéndome percatar de que las tenía abiertas y se veía todo bajo mi falda corta, mientras me enviaba un beso y hacía la seña de brindis enfocando su entrepierna. Eso me causó gracia a la vez que un gran morbo, y en respuesta a su brindis sonreí, le envié un beso y abrí un poco más las piernas mientras, de una manera que mi amiga no se percatara, me toqué la vagina y luego cerré las piernas.
Me senté de forma que vieran mi espalda y continuamos charlando y disfrutando de la música con mi amiga; sin embargo, al terminarse nuestras bebidas y ya alistándonos para irnos, el mesero se acercó a nuestra mesa con un par de cervezas invitadas por los jóvenes negros.
Algo en mí me empujaba a no recibirlas, pues ya me sentía algo entonada y sabía muy bien que si las aceptábamos íbamos a terminar en la mesa de esos chicos y seguramente obtendríamos un buen masaje en nuestros úteros, pero mi amiga quería seguir bebiendo y yo, la verdad, quería saber qué pasaría después, así que decidí que nos quedáramos. Nos tomamos esa cerveza y ellos no dejaban de mirarme. Mi amiga se fue al baño y, cuando regresaba, el chico que me había hecho la señal de brindis la abordó y algo le dijo. Cuando ella llegó a nuestra mesa le pregunté qué le había dicho, y me dijo que ellos querían invitarnos a su mesa para conocernos y tomarnos unas cervezas más.
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