5 chicos negros contra mi II

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Cuando ella llegó a nuestra mesa le pregunté qué le había dicho, y me dijo que ellos querían invitarnos a su mesa para conocernos y tomarnos unas cervezas más. Yo le dije que por mí me iba ya, pero si ella quería yo la acompañaba, y ella dijo que sí quería, que además solo íbamos a charlar y no más, que nos tomáramos un par de cervezas con ellos y luego nos fuéramos. Yo le respondí diciendo que me daba miedo terminar encamada con alguno de ellos, pues la verdad me miraban con ganas y yo ya me estaba antojando de ver si era cierto ese mito de que los negros tienen buena verga; nos reímos y ella dijo: «Lo peor que nos puede pasar es llegar a la casa rellenas de semen», y decidimos ir a la mesa con los chicos.

Al llegar a la mesa nos presentamos y nos abrieron espacio entre ellos: un chico, mi amiga, otro chico, yo, y el resto alrededor. Yo quedé sentada junto al chico que me hizo la señal del brindis y, mientras tomábamos la cerveza y hablábamos de las bandas que sonaban, él iba arrimando su pierna a la mía y me rozaba con la mano el muslo, y eso me tenía caliente; sentía que mi vagina se ponía húmeda y mi útero ya estaba disponible para ser usado. Seguimos hablando y bebiendo, los roces eran más intensos y ya llegó el punto donde posaba su mano directamente, primero en mi rodilla y luego más arriba en mi muslo. Esos toques ya me estaban poniendo fuera de mí y, sumándole los tragos, yo estaba casi lista para ser empalada por ese joven negro; ni le estaba poniendo cuidado a la conversación.

De pronto, un toque de otra mano en la otra rodilla me sacó de la fantasía que estaba teniendo para darme cuenta de que el otro chico que estaba a mi otro costado también tocaba mis piernas de forma descarada, mientras tanto mi amiga estaba afuera del bar hablando por teléfono y en ese preciso momento me llamó para hablar conmigo. Yo me levanté y me dirigí a donde ella estaba; fue entonces cuando me dijo que la había llamado la hija para decirle que el hijo bebé estaba enfermo y que no sabía qué hacer, así que ella se tenía que ir, y me dijo que nos fuéramos. La verdad, estuve impulsada a irme con ella, pero el hecho de saber que me iba a quedar sola con esos cinco chicos negros para mí sola, y recordar los roces primero y ya los toques más descarados que me estaban haciendo, me tenía la vagina totalmente húmeda y mi útero dispuesto a ser masajeado por esas vergas negras, así que mis ganas le pudieron a mi razón y le dije que pidiéramos un Uber, que ella se fuera y yo me iba a quedar otro rato, que la estaba pasando muy bien.

Así fue como mi amiga se fue y, al yo entrar, me preguntaron por ella; yo les conté lo sucedido y les dije: «Muchachos, les tocó conformarse conmigo», y la respuesta de ellos fue: «Pues se quedó la que realmente queríamos que se quedara». Al decirme esto, les pregunté por qué querían que yo me quedara y para qué, entonces el chico que me había estado tocando la pierna tomó la voz por todos y me dijo:

—Mira, la verdad eres una mujer muy guapa, nos gustó mucho el color de tu piel y tu cabello, además de tener un cuerpo muy deseable. Tus tetas nos gustaron a todos y verte con las piernas abiertas nos puso a volar la imaginación; la verdad, estás perfecta para la fantasía que tenemos y, ya que decidiste quedarte, supongo que no te disgusta lo que te estoy diciendo.

Yo, parada frente a ellos, los miré, tomé mi cerveza y le di un sorbo para excitarlos a ellos y para tomar fuerza yo; la volví a poner en la mesa y les dije: «Voy al baño, ya les respondo su pregunta». Una vez en el baño, procedí a bajar mis pantimedias veladas negras y despojarme de mi tanga, que estaba toda mojada con mis flujos vaginales. Me puse otra vez las medias, me acomodé en el espejo retocando mi maquillaje y, al llegar a la mesa, me senté entre los dos chicos con los que estaba sentada antes y les dije: «Aquí está mi respuesta», poniendo mi tanga sobre la mesa. Les dije: «Mírenla, ¿qué ven ustedes?».


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