5 chicos negros contra mi III
Por Xxx
Enviado el 12/06/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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Ellos abrieron los ojos como no lo podían creer, cogieron la tanga, la olieron y no sabían qué decir. Entonces yo, sentada entre ellos, abrí mis piernas y les dije: «Esa tanga es toda suya, huélanla, mírenla, vean quién se queda con ella; pero ¿qué le ofrecen a esta blanquita madurita que les gustó para que la fantasía que tienen se haga realidad y puedan ver mis tetas que les gustaron?».
Entonces el chico que me había estado tocando las piernas durante la noche y había tomado la voz por todos me cogió la mano, se la llevó directo a la verga y me dijo:
—Te ofrecemos cinco vergas negras, duras y venosas, dispuestas a romperte toda la noche y dejarte rellena de semen por todo lado. Las vas a poder chupar, mamar hasta que te tragues nuestro semen; te vamos a meter dos vergas al tiempo, una por tu cuca y otra por el culo, mientras tienes otra en la boca y con las manos masturbas las otras dos. Y si quieres, nos vamos ya para la finca de un tío en Santa Elena y podemos cogerte sin parar hoy, mañana y el domingo te dejamos en tu casa bien culiada y llena de semen. ¿Qué dices, sí podrás aguantar todas nuestras vergas tú sola?
Entonces yo lo miré, le apreté la verga y le dije: «Te espero en el baño, vamos a ver qué tan cierto es el tamaño con el que me amenazas». Me levanté de la mesa, caminé hacia el baño y les dije: «Los espero de a dos para verificar lo que me va a atravesar este fin de semana».
Al llegar al baño ya me estaban cogiendo el culo y casi no me dejan ni arrodillar cuando ya estaban afuera de sus pantalones dos hermosas vergas negras, realmente grandes, gruesas y bien marcadas de venas. No sé qué cara puse, pero los dos muchachos se rieron y me dijeron: «Esto es lo que te vas a comer por todos lados si crees que puedas con tanta carne negra en rollo»; y el otro dijo: «Mira la cara que puso la puta esta, se nota que nunca había visto unas vergas de verdad». Yo los miré, sonreí y les dije: «Claro que puedo con esto y más». Entonces tomé cada verga en una mano, las acaricié y, para mi sorpresa, no podía cerrar la mano alrededor de ese par de monumentos que me iban a atravesar. Las acaricié un poco, les apreté los huevos y le di un lametazo a las cabezas; los miré a los ojos y les dije: «Esto es solo por comprobar, así que salgan y díganles a los otros dos que vengan, quiero seguir mirando qué tan grandes son», y solté una risa. Los chicos se miraron, me tocaron las tetas y dijeron: «Ya vienen los otros, puta, vas a quedar en silla de ruedas», chocaron sus manos y salieron.
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