5 chicos negros contra mi IV

Por
Enviado el , clasificado en Adultos / eróticos
75 visitas

Marcar como relato favorito

No pasaron más de dos minutos cuando ya los siguientes dos entrando al baño y diciéndome: «¿Dónde está la putica de este fin de semana? Si te gustaron las dos vergas que acabas de ver, con las de nosotros vas a quedar loca, jajajaja».

Y, efectivamente, cuando abrí la puerta del baño ya tenían los pantalones desabrochados y, sin darme tiempo a reaccionar, uno sacó mis tetas del escote mientras el otro me obligaba a ponerme de rodillas y me decía: «Puta, saca ya nuestras vergas y mira cómo nos tienes de duros por estar oliendo tus tangas». Sin pensarlo, procedí a liberar esas vergas de los pantalones y los bóxers que las tenían escondidas.

Si las dos vergas anteriores me dejaron con la boca abierta, estas dos eran impresionante; eran igual de grandes, gordas y venosas. Cuando las tomé en mis manos no podía cerrarlas del todo, mientras tanto ellos me amasaban las tetas y me decían lo rica y puta que me veía de rodillas con sus enormes vergas negras entre mis manos. Estas dos sí las acaricié más tiempo y las observé con ansias de tenerlas adentro, pues además de ser enormes tenían unas cabezas gigantescas y una de ellas estaba curvada hacia un lado; ya me imaginaba clavada, atravesada por esos enormes pedazos de carne, rellenándome toda, haciéndome su puta de fin de semana.

Entonces retomé el control de mí misma, las lamí igual que las dos anteriores, les apreté los huevos y les dije: «Ya quiero ser ensartada por estas maravillas de vergas, me van a dejar rota completamente, muchachos. Ahora salgan y que venga el que falta por calificar». Me reí y los envié para la mesa.

El que faltaba no era ni más ni menos que el chico del brindis, el que se había atrevido a llevar mi mano para que le tocara su verga dura y me había ofrecido la finca en las afueras. La verdad, estaba ansiosa por verle su verga, por tocarla, por revisarla toda, así que decidí esperarlo de una manera diferente: me dejé las tetas por fuera, subí mi falda a mi cintura y me senté en el inodoro con las piernas totalmente abiertas y metiéndome los dedos dentro de mi ya jugosa vagina.

Cuando entró el último, el esperado, el artífice de esta situación, me miró y me dijo:

—Yo lo sabía, desde que te vi supe que eras una puta blanca y que ibas a terminar así para nosotros: con las patas bien abiertas y pidiendo que te demos tanta verga que te volverás adicta a nuestras vergas y al sabor de nuestro semen. Sabía que ibas a ser nuestra puta de fin de semana.

Y sin tan siquiera darme tiempo, ya tenía sus dedos metidos en mi cuca abierta y babosa de mi propio fluido, mientras yo sacaba su verga del pantalón. De verdad que esta verga lo tenía todo: era grande, gruesa, venosa, cabezona, curva y estaba totalmente mojada de líquido preseminal; era digna de un premio. Por eso, mientras él me metía los dedos, yo lo masturbaba y le decía:


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

ElevoPress - Servicio de mantenimiento WordPress Zapatos para bebés, niños y niñas con grandes descuentos

Síguenos en:

Facebook Twitter RSS feed