El del fondo Parte 2

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Había pasado una semana desde que conocí a las dos chicas. Llego a la disco el domingo siguiente y me pongo en mi sitio habitual.

Estábamos en la barra pidiendo la consumición.

—¿Qué vas a tomar, Anna? —dice Rosa.
—Un gin-tonic.
—Para mí, un cubalibre.

Miro para todos lados de la pista a ver si os veo, pero nada.

Nos sentamos en nuestro rincón favorito a beber la consumición. —¿Crees que vendrá aquel chico que conocimos la semana pasada? —pregunta Anna.

—Hoy no está muy llena —responde Rosa—. No lo creo.

Miro hacia un lado y por fin las diviso, hablando entre ellas. Vuelve a invadirme el nerviosismo de la otra vez.

Miro hacia un lado y por fin las diviso, hablando entre ellas. Vuelve a invadirme el nerviosismo de la otra vez.

La música de ambiente termina y empieza a sonar la discotequera. Me bebo de un tirón lo poco que me queda.

Veo cómo una de ellas se lanza a la pista a bailar.

Pusieron mi canción favorita y salgo a la pista a bailar. Anna me dice que no vaya tan deprisa.

Al entrar en la pista me parece reconocer al chico, pero mi amiga me llama con la mano para que entre.

Veo cómo me miran y me hago el disimulado.

Cojo a mi amiga del brazo. —¿Sabes a quién he visto? —le digo.

Entre risas le digo que yo también, pero parece que se hizo el disimulado.

Miro para otro lado torpemente mientras ellas no paran de mirarme, intrigadas.

Salimos de la pista y nos quedamos al filo para no molestar a los que bailan. —Me apetece fumar y se me olvidó traer los cigarros —le digo a Rosa.

—Hay una máquina expendedora, si quieres saco una cajetilla —dice Rosa.

—No, voy a ir donde está el chico a ver si fuma.

De pronto veo venir a una de ellas a donde estoy yo y la saludo sonriente.

—Hola, ¿qué tal? Me pareció verte pero no estaba segura. ¿Fumas, por casualidad? —dice Anna.

—No… Lo dejé hace años… Lo siento —responde Fran.

—No pasa nada. ¿Tampoco tendrás chicle? —sonrió Anna.

—No —dice Fran.

—Vamos a salir, esta noche no está muy animada la discoteca. Cerca hay un bar, iremos a comprar tabaco. ¿Te vienes con nosotras? —te digo.

—¿A comprar tabaco…? —dice Fran.

—Y a tomar una copa —dice Anna—. Se está muy bien, ponen música.

Rosa se acerca a donde están ellos. —Ya recogí los bolsos, nos marchamos.

—Sí, allí estaremos un rato y para casa —dice Anna.

—¿Madrugáis mañana? —dice Fran.

—No, ¿por qué lo preguntas? —dice Rosa.

—Por nada… —dice Fran.

—¿Te animas o te quedas? —dice Anna.

—Si no os molesta… —dice Fran.

—Para nada —dice Anna.

Os sigo hacia la puerta.

Salimos de la discoteca y cruzamos la calle, se ve el rótulo del bar en vintage. —Mira, es allí —le digo señalando con el dedo.

—Perdonad lo del otro día —dice Fran.

—Ya está olvidado. La música suena a lo lejos a rockabilly.

—Verás como te gusta este bar —dice Rosa.

—Debo una disculpa a tu amiga —dice Fran.

—¿A mí? Será yo a ti, por decirte aquello que sonó fatal —dice Rosa.

—Fui un cretino con tanto insistir… Lo siento.

—Pelillos a la mar. Los tres soltamos unas carcajadas. Llegamos, hay una mesa libre y nos sentamos.

Os miro algo cohibido —dice Fran—. ¿Qué tomáis…?

—Lo mismo que en la disco, gin-tonic y un cubalibre. ¿Y tú? —dice Anna.

—¿No queréis algo de picar? —dice Fran.

—No, solo la bebida —dice Rosa. El camarero se acerca y toma nota. —Ah, y un paquete de tabaco rubio.

Estiro un poco la pierna por debajo de la mesa y me rozo con la de Anna, que está enfrente.

—Ya creíamos que no volveríamos a verte —dice Anna.

—Lo mismo pensaba yo… —sonrió Fran, tímido.

—Al final hemos coincidido —dice Rosa. El camarero regresa con las bebidas. Cada uno coge la suya.

Miro mi reloj de pulsera. —¿Qué te parece si te vienes a casa con nosotras cuando terminemos las copas? —dice Anna.

—¿A vuestra casa? —dice Fran. Me atraganto con la bebida y toso.

—Sí, pondremos una película —dice Rosa.

—No me gustaría molestar, si madrugáis —dice Fran.

—No, mañana tenemos fiesta —dice Anna.

—¡Qué casualidad, yo también! —sonríe Fran.

—Entonces apuremos las bebidas y marchémonos —dice Anna.

Apuro la bebida. —¿Vamos en mi coche? —dice Fran.

Dejo la cuenta en el platillo, nos levantamos. —¿En tu coche o en el mío? —dice Anna.

—Lo que queráis —dice Fran.

—Será mejor que Anna vaya contigo, yo conduciré el mío, no me gusta dejarlo por aquí, por si me lo roban —dice Rosa.

Nos acercamos Anna y yo a su coche. —Yo cojo el mío, os espero allí —dice Rosa.

Entro en el asiento del copiloto. Fran arranca el motor.

—Hoy tu amiga está muy simpática —dice Fran. —Sí, tiene el día bueno —sonríe Anna.

—Será el no madrugar —dice Fran.

Llego antes que ellos, me quedo en el coche esperándolos hasta que llegan.

—¿Quién sabe? —dice Anna.

—Llegamos al barrio —dice Fran.

—Parece que a tu amiga le gusta pisarle —dice Fran. Bajamos del coche y nos dirigimos a donde está tu amiga.

—Su coche es muy potente —dice Anna.

—Ya me di cuenta —dice Fran.

—Por fin —dice Rosa.

Llegamos al portal y saco las llaves del bolso. Abro la puerta, caminamos por el largo pasillo hasta el ascensor.

Una vez dentro del ascensor, miro el espejo donde nos reflejamos los tres.

Pulso el segundo piso, estamos en silencio, te miro de reojo por el espejo.

Me siento algo intimidado y se nota en mi rostro serio.

Se para en el segundo piso, las puertas se abren y salimos. Caminamos hasta llegar a la puerta. —Aquí es —dice Rosa.

—Sí —dice Fran, tragando saliva para aclarar la garganta.

Te miro a la cara. —No estés tan serio, que no te vamos a comer —dice Anna.

Sonríe Fran, nervioso.

Abro la puerta de par en par, le doy a la luz del pasillo. —Adelante —dice Anna.

—Voy a la cocina por un vaso de agua. Ahora vuelvo —dice Anna.

—Ponte cómodo —te digo.

Paso detrás de vosotras hasta el comedor.

—Me siento de golpe en el sofá, estoy cansadísima —dice Rosa.

Me siento en uno de los sillones frente a Rosa.

—¿Te gusta nuestro piso? —dice Rosa.

—Sí, está muy bien —dice Fran, notando cómo le tiembla la voz.

—Te veo nervioso —dice Rosa.

—No… para nada —sonríe Fran con una sonrisa forzada.

—Somos buenas chicas, no haremos nada que tú no quieras —dice Rosa sonriendo.

—Sí —dice Fran.

Anna regresa con el vaso de agua y se sienta a tu lado.


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