INSTANTES DE REALIDAD

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INSTANTES DE REALIDAD





Pero, ¿en realidad es una ficción..... o la fotografía es un espacio de encuentro entre el mundo y la propia persona?

Cada imagen contiene un instante real, irrepetible y objetivo en su existencia material, pero inevitablemente filtrado en primer lugar por la mirada de quien realiza esa fotografía o plasma ese dibujo en el caso de una pintura y por la interpretación de quien lo contempla, del receptor que sentirá tal vez algo muy diferente o parecido al emisor. El valor no reside en una imposible neutralidad, sino precisamente en esa tensión entre realidad y subjetividad.

En mi opinión, la fotografía nos recuerda que el ser humano no accede al mundo como un espejo pasivo, sino como un intérprete activo que dota de sentido a cuanto observa desde su ser interno. Lejos de alejarnos de la verdad, reconocer esta condición nos acerca a una comprensión más profunda de ella: la realidad existe, pero nuestro acceso a ella siempre está mediado por la experiencia, la sensibilidad y la conciencia de cada individuo.

La Ciencia está en condiciones de negar el supuesto filosófico metafórico de la caverna platónica. De no ser así, sería imposible hablar de conocimiento científico como tal. Con todo, es innegable que entre la realidad y su proyección en nuestra mente, al igual que entre la proyección y la interpretación de la realidad por nuestra mente, actúa algo más. Así, aparece una imagen: el intérprete es nuestra imaginación. Nuestra imaginación es un compuesto de experiencias, complejos, ideas que se han ido instaurando en nuestro cerebro en el medio exterior -principal y primeramente en la ineludible esfera del modelo familiar dominante, con su reparto de roles, sumisiones, hegemonías y comportamientos socialmente "correctos"; y también nuestros prejuicios defensivos, los miedos protectores y limitadores, los conceptos inherentes al intercambio entre los individuos: el lenguaje; nuestros prejuicios e ideas preconcebidas, nuestras necesidades, frustraciones, etc.

Existe, sin embargo, una opinión extendida de que se puede captar fiel y objetivamente la realidad; especialmente desde que existe la técnica fotográfica y la cinematografía. Aquí también que se enfrentan dos concepciones diferentes, opuestas, en la forma de enfocar la realidad, el mundo exterior.

Lo real existe independientemente del observador temporal y casual. Eso es un hecho. Cada observador es un ser vivo con características propias, un producto genético, un producto histórico-temporal, un producto cultural, un producto condicionado por la mente consciente y la mente inconsciente, el cerebro racional y el emocional. Las peculiaridades individuales ofrecen físicamente una apreciación de la realidad exterior que distingue a cada uno de nosotros y nosotras. Eso depende de la propia constitución de cada cual: captar los colores, los matices, la luminosidad; todo cuanto nos impacta y nos hace valorar y apreciar la belleza. Luego, están los hechos relacionados entre sí: las estaciones, el transcurso del ciclo solar, multitud de fenómenos como el viento, el calor y el frío, la lluvia, distintos azares, como son el paso de las nubes por el cielo, nuestro propio estado de ánimo, la educación visual, que también se ve influenciada por aspectos culturales y sociales: una infinidad, en un momento dado de factores innumerables. El momento dado es lo principal.

Creemos que una fotografía es completamente neutral, objetiva, verdadera, porque capta un instante de algo que sucede o sucedió independientemente de nosotros; que se apropia de la realidad pura, un innegable fragmento de la realidad incuestionable para cualquiera (no tenemos en cuenta aquí la manipulación artificial creada utilizando las colosales bases de datos y la creatividad de la mente artificial, que por analogía llamamos "inteligencia artificial".

Si nos paramos a analizar esa concepción sobre lo "real" que capta una fotografía (y se puede hacer extensivo a las imágenes en movimiento) libres de ideas preconcebidas y del temor a ver sacudida nuestra seguridad y certezas establecidas a lo largo de nuestra existencia; si abrimos "el foco" con una visión más amplia y crítica, superadora de las limitaciones y de la plácida comodidad de nuestros presupuestos ideológicos, veremos tambalearse la seguridad de que una instantánea (no digamos ya una fotografía artística, ya sea de la naturaleza, una persona posando, y demás) capte la realidad objetiva, la realidad pura.

Cuando el artífice de la fotografía -una imagen, y esto es importante: una imagen de la parte activa, el que la capta, y una imagen del receptor, el observador que la ve y la reinterpreta individualmente, la que elabora en su propia mente- hace la fotografía ya está animado de una "idea", aunque ésta sea tan ilusoria como el apropiarse de algo casual, natural, sin artificios. Se elige el lugar, el ángulo, el nivel de luz y de sombras, el objeto o sujeto elegidos, etc. Es decir, la "realidad" ya está trabajada subjetivamente: ya no es la captación de un hecho, una situación, un paraje, un edificio, unas vistas, un suceso neutros, "puros", inobjetables desde el punto de vista de una realidad incuestionable. Lo cierto es que una instantánea ya es "elaborada" por el creador de la misma desde su propia inspiración. Hay una elección primera del tema, y en eso actúan las particularidades del individuo que hace la fotografía, excluyentes en temáticas, momentos, gustos, y demás; lo admita o no, lo acepte o no. Lo que se "apropia" no es nunca la "realidad" sino una reafirmación de sí, de sus inclinaciones y gustos, de sus inquietudes, y de su parte inconsciente, no inmediatamente cognoscible, que le guían también en las elecciones temáticas, que quiere -o pretende, porque en ocasiones al mismo autor no se le revela todo el oculto potencial de su obra y lo que desea exponer.

Lo que el autor nos ofrece no es un fragmento, una instantánea de la realidad, sino su visión de la realidad natural, una interpretación, quiéralo o no, de lo que existe, de lo que está fuera de ella o él mediatizado; es, desde este punto de vista lato, no algo categórico, sino una ficción.



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