5 chicos negros contra mi XI

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Yo estaba súper caliente mientras este hombre me chupaba la cuca, que vaya que lo sabía hacer. El otro, parado junto a mí, se masturbaba mirando la escena y tocándome una teta; y yo sostenía la copa de vino y con mi mano libre ya masturbaba al otro caballero sentado a mi lado, quien estaba ocupado chupando mi pezón izquierdo por encima de la blusa y observaba cómo los negros miraban la escena desde su mesa sin saber qué hacer. El barman y el mesero estaban sentados en la barra del bar mirando sin perder detalle de esta escena digna de una película porno ocurriendo en su bar, y en una mesa de un rincón había dos hombres más que estaban estupidizados mirando, mientras de fondo sonaba una buena canción de rock.

En medio de esto, noté que el que se estaba masturbando frente a mí estaba por venirse, así que solté la verga que estaba masturbando, lo aparté de mi pezón y le pedí que se acercara. Tomé su verga con mi mano libre, lo miré a los ojos y de inmediato me metí esa sabrosa verga en mi boca; no fueron necesarias más de tres chupadas cuando sentí el palpitar de una eyaculación en curso. Saqué su verga de mis labios y puse la copa de tal forma que recibiera toda esa leche caliente y espesa adentro, sin perder una gota. Yo sentía en mis manos cada chorro de leche saliendo de esa verga. Cuando terminó de eyacular, lo miré, le sonreí, le limpié la verga con mi lengua y le ordené que ahora fuera él quien me chupara la cuca, pues iba a ordeñar al siguiente.

Al cambiar de lugar, le dije al chico:

—Te ganaste un trato especial, cariño, eres un buen chupador de chocha. Ahora saca esa deliciosa verga, quiero tu leche en esta copa, toda para mí.

Así que procedió a sacar su verga. No era del tamaño de los negros, pero no era nada despreciable, y además se me apetecía chupar una verga, así que me puse a mamarle la verga con la devoción de quien sabe que va a recibir un buen premio al final. El otro hombre me había dejado de chupar las tetas y solo se masturbaba viendo la escena, así que me saqué la verga de la boca y le dije:

—¿Y tú qué haces? Cuidadito con dejar salir mi semen de tus huevos, mejor chúpame las tetas, que después de él sigues tú.

Así que uno me chupaba la cuca, otro las tetas y yo estaba tragándome una verga con mi boca; trataba de hacer garganta profunda mientras todos los demás observaban. No fue necesario mucho esfuerzo cuando empecé a sentir la rigidez de una verga que va a disparar chorros de leche, así que la saqué de mi boca y recolecté el semen en mi copa de vino para proceder con el siguiente en la lista, el que me chupaba las tetas. Entonces le dije:

—Cariño, a ti te lo chupo, pero no vas a poder chupar mi cuca.

A lo que él respondió:

—Pero yo quiero probarla.

Así que sonreí y le dije:

—¿Estás segura?

Y él asintió con la cabeza. Entonces separé al que me chupaba la cuca en esos momentos y me puse de pie. Corrí la mesa lo suficiente y, acto seguido, le dije:

—Recuéstate en la mesa.

Los otros dos me ayudaron a subir sobre la mesa y poner mi cuca directo en su rostro, mientras con mis manos masturbaba su verga. Acto seguido me incliné y empecé a devorar esa verga como una puta loca, haciendo que eyaculara en menos de cinco minutos y recolectar mi tercer trago de semen en la copa de vino. El hombre que chupaba mi cuca recibió mi primer gran orgasmo de la noche; le llené el rostro con mis fluidos vaginales mientras dejaba escapar un gemido dentro de mí que tenía el bar súper caliente. Ya no sabía qué banda sonaba y todos me veían asombrados y expectantes.

Al bajarme de la mesa, sin componer mi minifalda ni nada, tomé la copa de vino. Observé a los negros, al mesero, al barman y a los de la otra mesa; les ofrecí la copa en forma de brindis y procedí a tomarme todo su contenido con la falda en la cintura, las piernas abiertas, las tetas visibles y el sudor por mi cuerpo. Al terminar de tragarme todo el semen de la copa, metí mi lengua para recoger la poca leche que quedaba adentro; me sentía obscena, deseada, caliente y con ganas de ser bien clavada por esos negros.

Le di un beso en la boca a cada uno de estos tres, tomé mi bolso y saqué un esfero que llevaba. Me arrodillé y les escribí a cada uno mi número celular en sus vergas. Recogí mi cosas y la copa la tomé en mi mano derecha. Les dije:

—Chicos, ahí tienen mi número, me llaman. Tenemos una cita pendiente los cuatro.

Dirigiéndome hacia la mesa de los negros, puse la copa delante del negro dominante y les dije:

—Ustedes cuatro, paguen la cuenta y salgan ya, nos esperan afuera.

Dirigiéndome a mi negro preferido, le dije:

—Tú te quedas, aún tienes más para ver —y le di un beso en su boca.


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