EL ASTRONAUTA 2 (FINAL)

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Victor Mas paseaba por la Avenida Diaginal,y no se esperaba ver que en la vía pública pululaban grupos compactos de mujeres de todas las edades como si fuesen pequeños ejércitos femeninos; unas riendo y hablando entre ellas, y otras muy serias como si estuviesen crispadas; con aire combativo mirando al frente, pero sin ningún hombre a la vista; solo aparecía algún que otro anciano cruzando la calle y coches sin ruedas circulando en varias direcciones.

De repente a Victor le salió al paso una uniformada mujer policía que le llamó el alto; se trataba de una joven bastante bien agraciada pero con el ceño fruncido.

- ¿Qué hace usted aquí? - le preguntó ella inquisitoriamenete.

- Voy a mi casa donde está mi hija - repuso él asombrado-.  ¿Qué ocurre?

- Quiero ver su documentación - exigió la agente.

Victor se la mostró muy contrariado. ¿Qué estaba pasando?

-Tiene que acompañarme a la Comisaría donde mi superior le pondrá en antecedentes- le anunció ella con sequedad.

-¡Pero ¿qué significa todo esto?! - se indignó Victor.

Pero no tuvo más remedio que dejarse llevar por la mujer policía. Al llegar a la Comisaría le hicieron entrar en un despacho en el que estaba un inspector jefe, que era un tipo de mediana edad, y entrecano

- Así que usted es el astronauta que ha regresado.de otro planeta hace pocos días ¿no? - le dijo el inspector con una sonrisa sardónica.

- Así es.

 - ¿Dice que iba usted al domicilio de su hija?

- Claro.

- Aunque todo el mundo puede circular por la calle, los hombres no deben de acercarse a los grupos de mujeres. La ciudad, así como muchos lugares públicos de hecho les pertenece a ellas - le explicó muy circunspecto el policía.

- ¡Pero que tontería es esa!- se enfureció Victor-. Esto es discriminación de género.

- Sin gritar. Si vuelve a levantar la voz irá de cabeza al calabozo hasta que se calme.

- Ustedes, los hombres nos han marginado durante años a las mujeres; nos han controlado,  nos han oprimido, nos han maltratado, y nos han violado. Pero ahora el mundo es nuestro y ustedes los varones se tienen que apartar; de nosotras; ocupar otras zonas del país.Por ejemplo a pueblos de la península vaciados. Pero si un hombre quiere nuestra compañía, debe de firmar un certificado conformándose en hacer todo lo que nosotras le pidamos sin rechistar. Y si queremos un hijo ya tenemos la inseminación articicial. No necesitamos a ningún varón - dijo la agente de policía que también estaba en el despacho del inspector jefe.

-¡Oh, sí, soy un villano que cuando vivía con mi mujer le daba palizas, la violaba cuando me daba la gana y la dejaba encerrada en una habitación! - expresó con sarcasmo Victor-.¿Pero no se dan cuenta que este prejuicio hacia el hombre es ridículo? Yo jamás he abusado de ninguna mujer. 

- Pero sí que ha tenido una educación franquista que sin pretenderlo alguna vez ha oprimido a su esposa.´- terció la mujer policía.implacable.

- Esto es pura paranoia. Para que lo sepa, mi mujer era informática; se ganaba muy bien la vida; hacía lo que quería, y las decisiones domésticas se tomaban por consenso.

- Bueno, ya vale - expresó el policía con autoridad-. Como vemos que usted no sabe apenas nada de este orden político, le dejaremos en libertad. Pero sepa usted que nosotros solo hacemos cumplir una  ley feminista que ha sido decretada por la izquierda radical que está en el poder.

A pesar de que el hogar de su hija tenía todos los adelantos tecnológicos, y un robot llamado Fermín que hacía todos los trabajos de la casa, con el que se podía hablar, el factor humano falló por completo. No solo su hija le recibió con una fría indiferencia,sino que su nieto era un tipo radical, que a pesar de tener unos estudios era un ignorante ilustrado que rechazaba la Historia y la tradición filosófica, y se mofaba de él.

Así que Victor un día se presentó ante superior y solicitó que lo mandaran a otra expedición cósmica, pero su superior le dijo que su etapa de explorador por razones de la edad había concluido, y le dijo:

- Ya sé que es difícil adaptase a esta época decadente. Pero a usted no le queda otra que apreender a ver el lado positivo de la vida para ser un poco feliz.

                                                            FRANCISCO MIRALLES PÉREZ

 


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