La incertidumbre me abarca todo el cuerpo.
Me aturde, me desenfoca como si caminara sonámbula por la ciudad, sin saber dónde estoy ni hacia dónde ir. Nadie me ve, pero tampoco puedo ver a nadie.
A veces sueño con tirarme en una pileta, nadar bien profundo y al llegar a la otra punta, sacar la cabeza, volver a respirar y que todo se vuelva claro. Asi de simple.
El agua es mi calma.
Cuando estoy sumergida pareciera que todo se suaviza, desaparecen los bordes, no distingo donde empiezan o terminan las cosas. Los ruidos se derriten y las voces de los que están en la superficie no se entienden y, por eso no importan. Los movimientos son lentos, no puedo ver claro. Lo único que puedo es sentir, sin escuchar, ni ver, casi inmóvil.
Quiero hacer lo mismo con mi incertidumbre, sumergirla hasta que se convierta en algo certero y que no me asuste.
Y recién ahí, que flote.
Y recién ahí, volver a verla.
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