DESCUBRIENDO CUERNOS 2
Por Secreto_mil
Enviado el 26/06/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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En menos de un mes, mis sospechas casi me vuelven loco, muchos podrían decir que todo podría ser producto de la imaginación de un tipo celoso, pero al final de esta lectura me pueden juzgar y sacar sus propias conclusiones. En esa misma semana el cura la traía a la casa en la camioneta con la excusa de amabilidad y consideración por su entrega en el trabajo durante esa semana. Una noche sentí llegar el carro, eran casi las nueve de la noche, yo estaba solo en casa, los niños se habían quedado donde la tía para jugar con los primos ese fin de semana, ella tuvo esa excusa para llegar tarde a casa, me asomé a la ventana, Miguel el cura, no estacionó el carro como siempre frente a la casa, sino en la casa de enseguida que estaba recién desocupada porque la vecina se había mudado; pasaron varios minutos y ella no se bajaba del carro, la oscuridad me permitía observar sin ser visto, pero había un árbol frondoso en medio que no me dejaba ver bien. Me empezó a hervir la sangre, la adrenalina me empezó a recorrer todo el cuerpo, era rabia y excitación a la vez, mi pene se puso duro como nunca, mi mente volaba, mi cuerpo temblaba, seguían pasando lo minutos y nadie bajaba del auto, pero no podía ni ver las siluetas al menos, para salir de tantas dudas, tampoco se notaba balanceo del auto como para pensar que estaban teniendo sexo ahí, nada, solo esperar que se bajara de ese carro. Me empecé a tocar y a masturbar, mi pene caliente como nunca y tan duro que me sorprendía yo mismo, mi mente y mi instinto animal luchaban contra mi corazón, quería verla cometiendo su mejor pecado, pero mi corazón decía que se bajara rápido de ese carro, que llegara a casa y me diera un beso. Pero no, mi mente y mi lívido querían sentir sexo, lujuria, pero no podía ver bien que pasaba y aguanté para no eyacular. Por fin ella bajo del auto y con la mano le hizo señas de un adiós y la vi venir hacia la casa sin mirar atrás, el cura dio reversa en su camioneta y ella abrió la puerta, yo salte de una vez al sofá de la sala haciendo que estaba viendo tele, ella me saludó normal y lo primero que dijo fue: “que día tan agitado”. Mi respuesta fue: “me imagino”. Enseguida se envolvió en la toalla llevó la ropa al cesto y entro a ducharse (en la ciudad hace mucho calor) no me aguanté y de una fui al cesto de la ropa sucia que estaba junto a la lavadora, había envuelto la ropa que se quitó en un solo rollo, la abrí para ver su ropa interior y fue terrible ver y sentir su tanga aún húmeda, muy húmeda y no era de calor, era flujo de excitación sin duda, mi pene se endureció de nuevo y la sangre me hervía otra vez en las venas mientras escuchaba la ducha y a ella susurrar una canción. Quise confrontarla, pero no eran pruebas suficientes, me podía sacar cualquier excusa. Además, en el fondo me estaba ganando la idea de oler y lamer esas tangas mojadas, su olor era exquisito, olor entre sudor y vagina llamaban a la locura, aún se podía estirar como un hilo transparente esa lubricación que quedó en su tanga, lo pude oler, lo pude saborear, era un momento muy extraño, amarla, odiarla y desearla a la vez. Volví a enrollar esa ropa como ella la dejó para que no se diera cuenta y mi pene duro me decía que la esperara al salir de la ducha para penetrarla y hacer el amor a quien amaba tanto. Eso intenté, Pero me rechazó diciendo que estaba muy cansada, que iba a buscar una pasta para el dolor de cabeza. Pude entender su incomodidad, sabía que yo ya le producía repudio sexualmente porque estaba enamorada de otro a quien deseaba, eso es normal, aunque suene humillante. Ella se durmió tal vez pensando en él y yo pues a masturbarme para bajar la presión de la adrenalina que me invadía.
A los días tomé la decisión de irme a dormir al cuarto de enseguida, mis dos hijos siempre dormían en la última habitación. Yo no aguanté y le reclamé varías veces, pero ella siempre callaba, no me decía nada, le dije que tratáramos de hablar, que toda tenia solución en la vida, que no echáramos a la basura tanto amor que había, que yo sabía que estaba enamorada del cura pero que nos fuéramos, que buscáramos ayuda, pero ella solo decía que yo estaba loco y me esquivaba.
...CONTINUARÁ
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