Estrella del porno por una noche

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Me miro en el espejo, girando de un lado a otro, observando cómo el encaje negro aprieta mis curvas. El sujetador realza mis pechos a la perfección, y las bragas a juego son prácticamente un pecado: tirantes finos, tela casi imperceptible, el tipo de prenda que está hecha para ser arrancada más que quitada. Paso mi mano por mi estómago, sintiendo el calor que ya se acumula solo con imaginar su cara cuando entre por esa puerta.

Ha estado fuera durante días. Viaje de negocios. Y he estado planeando esto todo este tiempo.

Nunca antes había sido tan atrevida. Claro, me he arreglado para él, he interpretado el papel, he gemido de la manera correcta. ¿Pero esta noche? Esta noche no soy su esposa cuando entra. Soy su estrella porno personal. Con la que se masturba cuando está solo en habitaciones de hotel. La que hace todas las cosas sucias que él es demasiado tímido para pedir.

Practiqué frente al espejo. Las miradas. La forma de mover mis caderas. Las cosas que le voy a susurrar al oído en el segundo que se cierre esa puerta.

"Has estado fuera tanto tiempo, Amor murmuro a mi reflejo, dejando que mi voz baje susurrando. "Mi coño ha estado tan vacío. ¿Crees que puedes? ¿Compensarlo el tiempo perdido?"

Me muerdo el labio, viendo cómo mis ojos se oscurecen.

Tengo música sonando a bajo volumen, algo de Jazz. Velas encendidas en el dormitorio. Las sábanas están limpias y ya tengo el lubricante en la mesita de noche, justo al lado del pequeño vibrador que compré la semana pasada, algo nuevo para sorprenderlo.

Mi teléfono suena. Su mensaje: Acabo de aterrizar. A 30 minutos. No puedo esperar a verte.

Sonrío lentamente, escribiendo de vuelta: Llevo puesto algo especial. Algo que te hará olvidar cada habitación de hotel en la que hayas dormido.

Le doy a enviar y luego añado otro antes de que pueda pensarlo demasiado: He estado practicando algunos movimientos nuevos para ti. Espero que hayas estado tomando tus batidos de proteínas, porqué lo vas a necesitar.

Mi corazón late con fuerza, pero es un buen latido. De esos que hacen que mis muslos se aprieten.

Voy al dormitorio y me coloco en posición. No sentada en la cama esperando como una buena esposa. Voy a recibirlo en la puerta, vestida solo con lencería y tacones, apoyada contra la pared como si fuera la dueña del lugar. 

Practico lo primero que diré cuando la llave gire en la cerradura.

"Ya era hora. He sido una chica mala mientras no estabas. Creo que necesito un castigo".

Me río de mí misma en el espejo, sintiendo la emoción. Esto va a cambiarlo todo. Me va a mirar diferente después de esta noche. Y quiero eso. Quiero que sepa que su dulce esposa tiene pensamientos sucios.

Los minutos pasan lentamente. Me ajusto los tirantes de la lencería, reviso mi maquillaje una vez más: ojos ahumados, labios rojos. Todo un espectáculo de estrella porno.

Cuando por fin oigo la puerta de su coche fuera, siento un vuelco en el estómago. Hora de jugar.

Salgo al pasillo, me apoyo en la pared con una pierna doblada y espero. Las llaves tintinean en la puerta.

Me chupo los labios.

La puerta se abre. Oigo la maleta caer en el pasillo, el golpe sordo del equipaje contra el piso, y luego su voz.

"¿Amor?"

"Estoy en el dormitorio", digo, con la voz justo en ese punto entre dulce y provocadora.

La puerta del cuarto se abre y él se queda parado ahí, con la mano todavía en la manilla. Parpadea. La sonrisa le aparece lenta, como si no pudiera creer lo que está viendo.

"Estás divina."

No le doy tiempo a pensar. No nos separan mucho espacio me acerco despacio, sintiendo el roce del encaje contra mi piel, el tacón marcando el ritmo. Cuando llego a él, lo agarro por la nuca y lo beso. Pero no un beso de esposa—un beso de las doce de la noche en un set de filmación, cuando las cámaras ya están apagadas pero el cuerpo todavía pide más.

Muerdo su labio inferior, tiro suave, y luego me separo apenas para mirarlo a los ojos.

"Te he extrañado", susurro. Pero mis manos ya están bajando. Busque el cinturón, el botón del pantalón. Lo desabrocho con una naturalidad que me sorprende a mí misma, bajando la cremallera con un movimiento lento y deliberado. "Pero más te he extrañado aquí."

Mi mano se desliza por dentro del boxer. Lo encuentro. Duro. Caliente. Listo.

"Uy", digo, recorriéndolo con los dedos, sintiendo la forma, la longitud. "Alguien está bien contento de verme. 

Me río bajito, sigo acariciándolo, agarrando la polla por encima de la tela, sintiendo cómo late contra mi palma. Lo miro desde abajo, con los ojos medio cerrados, la lengua asomando apenas para humedecer mi labio.

"Porque yo he estado todo el día pensando en esto. En ti. En cómo se siente cuando me tocas. Cuando me pones a cuatro patas y me das hasta que grito."

Aprieto un poco más, masajeando la punta con el pulgar a través del algodón.

"Quiero chupártela", digo. "Quiero sentir cómo se te pone más dura en mi boca. 

 En vez de eso, me arrodillo lentamente frente a él, manteniendo el contacto visual, y paso mis dedos por el borde del boxer, bajándolo apenas, solo lo suficiente para que la punta de su polla asome.

"Ya era hora", digo mi voz suena a lujuria.

Bajo el boxer completamente, dejando que tu polla salga libre, dura, parada frente a mi cara. La agarro con una mano, sintiendo el calor, el peso. Paso la lengua despacio por la punta, saboreando, y te miro desde abajo con los ojos bien abiertos, haciéndome la inocente.

 ¿Te gusta ver a tu mujer arrodillada?

Abro la boca y la meto entera, sin avisar. Hasta el fondo. Sintiéndote chocar contra mi garganta. Empiezo a mover la cabeza, primero lento, después más rápido, con las manos agarradas a tus muslos para mantener el equilibrio. Hago un gemido que vibra alrededor de tu polla, y la saco solo para lamer todo el recorrido, desde los huevos hasta la punta, antes de volver a meterla.

"Has estado tan ocupado viajando", digo entre lamidas, la voz apenas un susurro. "Y yo aquí, caliente, tocándome pensando en ti Metiéndome los dedos imaginando que era esta polla. ¿Sabes cuántas veces me corrido pensando en tu cara? En cómo me miras cuando te estoy montando."

Lo agarro con las dos manos, masturbándolo mientras hablo, pasando la lengua solo por la punta, en círculos lentos.

"Quiero que me folles. Que me pongas como quieras. Que me des tan fuerte que mañana no pueda caminar. ¿Vas a darme eso?

Vuelvo a meterla, ahora más profundo, más rápido, con las manos apretando tus muslos para mantenerte cerca, sin dejar que escapes. Tu sabor, tu calor—todo lo que he extrañado estos días. Todo lo que quiero.

Mientras te la chupo, meto una mano entre mis piernas, sintiendo la humedad que ya empapa mis bragas. Gimo alrededor de tu polla.

"Dame esa leche", digo cuando saco la cabeza jadeando, pasando el dorso de la mano por mi boca.


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