Póker Negro parte veintisiete " oasis en el cielo "

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Concepción, casa de Fernanda Gundersen, diciembre del 2.000.

 

El vehículo blindado se detuvo en la casa que le perteneció a Fernanda Gundensen, en avenida Roosevelt, pasado San Martin, ese sería el mejor búnker qué se determinó para tener a los dos activos, ya que había sido registrado más de una vez por los agentes, al descender del vehículo con sus bolsos, tanto Andrés Vecchio y Miguel Ángel Linares caminaban rodeados por cuatros agentes, al ingresar se encuentran con una mujer de un metro setenta y cinco de estatura, cabello castaño en melena con mechones dorados, cejas negras muy marcadas coronando unos ojos azules que transmitían frialdad y cero emociones, cuerpo de contextura media, su nombre era Elizabeth Sullivan, una agente de Langley muy competitiva, de treinta y ocho años de edad, divorciada sin hijos, capitana del ejército norteamericano, una mujer de acción en terreno, combatió en la operación tormenta del desierto el año 1991 siendo una sub teniente, su gran desempeño le llevo ganar su ascenso de grado, estaba enfundada en una falda color grafito, zapatos de tacos pequeños color negros, blusa blanca y chaqueta del color de la falda, al verlos entrar toma una postura erguida, mirada altiva y colocaba las manos en su cadera, corriendo la chaqueta dejando mostrar su pistola SIG Sawer M11, como si fuera una placa de sheriff, oriunda de Ohio, aunque trabajaba a la par con kaleb Montgomery, su rivalidad era muy notoria, llegó a Alemania el día en que Bárbara “Goth” ingreso en la tienda de Hans Wolf y al no poder controlar el caos de Europa fue relevada por “Tex “ así que su humor no era de los mejores.

 

Los dos periodistas quedaron a centímetros de ella, la mirada fija se clavaba en los periodistas como zaetas de titanio, una mirada fulminante que contrastaba con la mirada de payaso narcisista de Tex, hasta que ella rompe el silencio. 

— se quedarán en el cuarto de Fernanda Gurdensen, es un enclave muy bien diseñado, junto a su despacho son el corazón de esta casa , dormirán en la cama de dos plazas de ella, dispongan su equipaje, estudiaremos los documentos que han encontrado, luego harán el aseo de este hogar, almorzaremos a las mil trescientas ( una de la tarde) por suerte hay MCDonalds en esta ciudad, ahora si no le gusta, espero que uno de ustedes sepa cocinar ¡rompan! Dicho eso, dos agentes caminaron al estacionamiento y los otros dos llevaron a los periodistas al dormitorio.

 

 

Base militar Tel HaShomer, Tel Aviv, mayo de 1999.

 

Era el segundo viernes del mes, los “ viernes de sangre” fueron suspendidos ya que se llevaría a cabo el baile que la comandancia realizaba para festejar a los veteranos de guerra, todo comenzaba con un cóctel, luego la cena y finalizaron con un baile, Abigail Stern, David Yizhak junto a cinco cadetes más que como todos deberían estar en las habitaciones, desacataron esa orden y furtivamente se introdujeron en el club de oficiales, después de robar las sobras del cóctel y algunos de ellos se peleaban las sobras de las botellas de licor, Abigail tomó de la mano a su amigo David Yizhak y se pusieron a bailar afuera del salón de baile, pero el sonido de unos silbatos cerca del sector de la cocina y el haz de las linternas que se acercaban por los comedores, encendieron las alarmas, era la policía militar, Abigail y David junto a otros corrieron saltando el sector de la muralla donde ingresaron, pero afuera el panorama fue peor,un policía vio cuando ellos dos bajaban del muro, los dos corrieron pero al ver que no podían escapar se separaron, el policía fue detrás de David. Pasado los minutos Abigail estaba apoyada bajo un gran árbol de Sicomoro, con la mirada perdida en la oscuridad del mar, con los dedos hacia girar una hoja del árbol, de repente aparece David y se para al frente de ella, los dos sonreían cuando se vieron a los ojos los cuales brillaban con un destello de emociones, había mucho de que hablar y confesiones qué los corazones deseaba con desesperación decir, pero solo eran ellos, dos cadetes, amigos que se miraban sonriendo hasta que David tomó con suavidad el rostro de la rubia de ojos azules que tenía al frente y como no había ya nada que decir se besaron apasionadamente, el gran Sicomoro fue testigo de una relación que nacía bajo su copa.

 

En un avión Lan Chile que había arribado desde Los Ángeles con destino Santiago de Chile, Bárbara en un asiento turista, miraba a una pareja que tres asientos más adelantes se besaban él era de cabello castaño crespo y ella rubia de ojos azules, recordó su primer beso con David Yizhak, e inmediatamente tomó un cuaderno pequeño de hojas amarillentas estaba anillados con un espiral más grande que su tamaño ya que cuando se acababan las hojas Bárbara le ponía unas más, lo llamaba su bitácora,en ella estaban sus recuerdos de la base militar entre las páginas encontró lo que deseaba ver, en un recuadro pintado con lápiz de color amarillo y enmarcados con lápiz café habían una foto de pasaporte de David en la esquina superior y fragmentos de poemas “ soneto diecisiete : te amo como se aman ciertas cosas oscuras, secretamente, entre las sombra y el alma”/ “canción del esposo soldado : ya me parece que eres de cristal delicado, temo que te me rompas al más leve tropiezo y a reforzar tus venas con mi piel de soldado fuera como el cerezo” Bárbara sonríe con los ojos llenos de emoción, detrás de la página corcheteado habia una hoja arrancada de un cuaderno con letra manuscrita qué David escribió “ no seré como Neruda, pero te tengo a ti este poema te lo escribo solamente para ti” Bárbara sacó la hoja seca del Sicomoro tratado con pegamento para que no se rompiera la misma qué ella tenía en sus manos la noche del primer beso, que funcionaba como un marcador de hojas y empezó a leer acurrucada en el asiento con una sonrisa que calentaba el alma, era un oasis de paz, el último aliento de un amor que vivía en la incertidumbre, cuando Bárbara Schaffer pusiera los pies en suelo Chileno, la muerte acecharia como un lobo hambriento a la joven agente.

 


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