El lenguaje ZOOMER (I)

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Holi, guapis (¡Joder! Empezamos bien):

Vengo a contaros que ando perdido con toda esta evolución del lenguaje. No encuentro significado a muchas de las palabras actuales, ni a sus referencias; por no mencionar, en qué contextos se deben usar o cuándo son adecuadas. Mi cara es la cara de las mil yardas, como aquel que se queda con la boca semiabierta y ojiplático mirando las moscas pasar por delante.

Escucho palabras que rebotan en mi cabeza como si fueran una bola de pinball, sin que mi cerebro llegue a descifrarlas. En ese momento, vuelvo a la infancia como aquel niño que se mete el dedo en la nariz sin prestar atención a nada más que a profundizar en sus fosas nasales para extraer una sustancia viscosa con la que quedar ensimismado al contemplarla.

No comprendo ni una palabra de lo que dicen los “panas” de hoy en día, y eso debe ser por culpa de todas esas competencias lingüísticas y plurilingües que adquieren. Me he convertido en un “boomer”, “literal”.

Parece ser que el secreto es colmar el lenguaje de neologismos –palabras nuevas–, de anglicismos y de abreviaturas, creando oraciones breves e inconexas con referencias múltiples basadas en las redes sociales.

Es obvio que el lenguaje evoluciona como lo hace la sociedad y el mundo que nos rodea, por ejemplo el término “macho”. Quién no recuerda ese calificativo, un calificativo que hacía referencia a ese hombre que reunía las características consideradas propias del sexo masculino, especialmente la fuerza y la valentía.

Pues bien, hoy lo cambiamos por “bro”; y eso, de dónde sale. Pues parece ser que de la abreviatura de un anglicismo como “brother”. Aquí, ya se junta todo, extranjerismo y abreviatura. Pero, aún es más, el otro día escuché el término “sis”, destinado al sexo femenino.

Entonces, aquí nace mi duda, ¿se puede extender a otros términos o idiomas? Es decir, para referirnos al antiguo “tío o tía” como referencia a un amigo/a o colega, ¿se puede decir “unc” o “aunt”? O, por ejemplo, en catalán: ¿“germà”, “germana”?. Y, en italiano: ¿“fra” y “sor”?

Tampoco sé si uno puede ir aumentando las relaciones de parentesco según el grado de relación personal al que haga referencia; por ejemplo, decirle a un amigo mayor “grandbro”.

A su vez, como usuario de un gimnasio, he escuchado que a los términos “bro” y “sis” se les añade la palabra “gym”, transformándose en el juego de palabras “gym bro” o “gym sis”; que designa a esa persona dentro de la comunidad “fitness” con la que se guarda una relación personal y social por el hecho de compartir mancuernas o máquinas de cardio. Y, aquí surge otra cuestión, para un “boomer”, un “viejo” o una “vieja”, ¿se le aplica el término “grandpa gym” o “grandma gym”?

Igual todo esto es irse por las ramas y, simplemente, todos acabamos siendo “bros” como así menciona la Biblia.

A continuación, expongo una conversación típica de vestuario de “gym” entre dos “gym bros”:

– Eh, “¡bro!” Ayer fue muy “random”. Vine al gym a hacer día de “pull” y vi a mi “crush”. Es muy “aesthetic”. Entre “set” y “set” estuvimos hablando. ¿Le mando un “DM” y chateo con ella?

– Obvio, “bro”. Si habló contigo mándale un “DM”, “literal”.

En ese momento, disimuladamente miré a un lado y a otro, y pensé: ¿qué co** acaban de decir estos dos? No me he enterado de nada.

En fin, sigamos con el “gym”. A este se une el término “rat”. Este término, que en español se traduce como rata, se aplica a todo aquel que dedica la mayor parte de su tiempo y de su vida a una determinada actividad. Por ejemplo, en la era analógica, tirando hacia la edad de piedra, se utilizaba la expresión “rata de biblioteca” para referirse a aquella persona que pasaba mucho tiempo en la biblioteca y por lo general estudiaba mucho.

Aunque el anglicismo “gymrat” se ha puesto de moda, el uso anterior de la expresión “rata de biblioteca” deja en este caso a los vejestorios idiomáticos por encima de los jóvenes que hablan “cool” o “dope” –que parece ser más “chungo”–. Ojo con esto, no digas que alguien es “a dope” porque estarás diciendo que es tonto o imbécil. Esto lo comprendí cuando le dije a un tío de casi dos metros que él y su “bro” eran “a dope”. Obvio que quería decir que su amigo y él eran geniales, pero la cosa salió mal. Se quedó mirándome con cara de estar pensando: pobre hombre, no le hagas caso, es un “NPC” y da bastante “cringe”.

Para que no parezca una reflexión totalmente negativa acerca del nuevo lenguaje hecha por un migrante lingüístico, un término que considero muy positivo es “chill”. Hoy en día, en una sociedad estresada y marcada por la rapidez e inmediatez de las cosas, todo es “chill”. Si algo se tiene que hacer con rapidez se dice: “chill”; a las preguntas: ¿cómo estás?; ¿qué haces?; ¿cómo fue?; se contesta: “de chill”. Una auténtica maravilla, todo relax, como si la vida fuera un resort con spa.

La cantidad de términos ingleses que se han introducido en el idioma español es innumerable, “cringe, hype, random, mood, vibe, hater, coach, etc.”, y todo esto sin entrar en el mundo de las siglas y acrónimos –más de uno se preguntará qué es eso– como FOMO, GOAT, OMG, LOL, NPC, … Algo ya inalcanzable para un zoquete de esta jerga que se crió viendo Barrio Sésamo y el Monstruo de las Galletas.


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