Atardecer en la playa
Por GIOVANOTI 15
Enviado el 08/07/2026, clasificado en Adultos / eróticos
153 visitas
ATARDECER EN LA PLAYA
Había salido como muchas otras veces a practicar un poco de ejercicio físico con mi bicicleta. Me dirigí a la playa, a unos 6 kms. de casa. El sol estaba a punto de ponerse y yo acudía a verlo y hacer algunas fotos con el móvil, que una vez editadas subiría a mi Instagram. Cuando llegué, tan solo había unos cuantos pescadores con sus cañas, esperando que los peces acudieran a sus cebos.
Al final de la playa hay una zona naturista. En verano he tomado el sol desnudo, suele estar bastante concurrida, y he podido observar buenas pollas, con las que después he soñado que me penetraban y me hacían gritar de placer. No me atrevía a acercarme a ningún joven y satisfacer mis deseos de ser tomado por alguno de ellos, tenía miedo a ser reconocido, y luego en casa, buscaba algo que meterme en mi culo para calmar aquella fiebre: pepinos, zanahorias de gran tamaño, cualquier cosa alargada, me servía.
Ese día no esperaba encontrar a nadie y, menos aún desnudos, a esa hora la temperatura no invitaba a sacarse toda la ropa. Como mucho, pasear vestidos por la arena. De todas formas, me sentía atraído y terminé de llegar pedaleando.
Como esperaba, no había nadie. Dejé la bici apoyada en unos bidones que se usaban de papeleras. Sin alejarme mucho, me descalcé y caminé unos minutos sintiendo el frescor en las plantas de mis pies. Luego hice algunas fotos y me senté a reponer fuerzas. Llevaba un plátano y una bebida energética en la mochila y, al sacar aquella fruta, me quedé un instante mirándolo. La idea de masturbarme con él iba cobrando fuerza y excitación en mí.
Yo estaba completamente solo, si me ponía a meterme el plátano, nadie me vería. Estaba poniéndome cachondísimo. Los pescadores estaban lo bastante lejos como para no apreciar lo que yo me disponía a hacer. Además, disponía de aquellas enormes papeleras que me iban a servir de resguardo de miradas incómodas.
Empecé a desnudarme de cintura para abajo. A falta de lubricante, escupí sobre el plátano y extendí la saliva a lo largo, y con otra poca de saliva que puse en mi mano derecha, empecé a lubricar la entrada de mi ano. Me introduje un dedo y volví a ponerme un poco más de saliva. Con poco esfuerzo, ya me entraban dos dedos. Ya estaba listo.
Poco a poco, mi culo se fue abriendo al ritmo que yo metía y sacaba aquel dildo imaginario. Me estaba mojando por dentro, prueba de ello era el sonido del chapoteo que se estaba produciendo. Mi pene respondía al mismo tiempo empezando a engordar. Lo cogí con la mano que tenía libre y empecé a masturbarme.
Cuando más excitado estaba, cuando estaba a punto de correrme, oí que una bicicleta se acercaba. Me asomé y vi que un chico joven venía pedaleando hacia donde yo me encontraba. Me quedé quieto, pensando cómo salir de aquella situación. No iba a tener tiempo de vestirme antes que él llegara a mi altura y, al verme medio desnudo, y con un plátano en el culo, adivinaría lo que estaba haciendo. Por otro lado, que terminase la tarde teniendo sexo con él, me ponía muy cachondo, así que no me escondí.
Al llegar a mi altura, se excusó por haberme interrumpido, me dijo que podía continuar, que él se alejaría para no cortarme el rollo. Le dije que no se preocupase y que podía sentarse a mi lado. Le propuse que nos masturbásemos al mismo tiempo, pero dudó de que pudiese tener una erección. Era la primera vez que se encontraba con un hombre tan mayor. Para mí también era la primera vez que coincidía con otro hombre en esa situación. Por temor a sufrir algún daño, que alguien me reconociese y mi esposa pudiese enterarse, yo había evitado siempre los encuentros en las playas u otros lugares abiertos.
Después de un breve diálogo en el que intenté que se olvidase por un momento del sexo, le ofrecí hacerle una mamada. Le aseguré que no soy un viejo vicioso, que sólo quería disfrutar con él aquella tarde, y que él saliese satisfecho también de aquel encuentro.
Me senté en la arena y le indiqué que se colocase de pie delante de mí. Su pene quedaba a la altura de mi cara. Desabroché su pantalón y, junto con su slip, lo bajé hasta abajo. Su pene estaba flojo. Comencé a masajearlo con una mano y no tardó en reaccionar. Parecía que el chico se iba tranquilizando y dejándose llevar. Cogí sus huevos con la otra mano, masajeándolos con intensidad mientras seguía guiando la piel de su pene arriba y abajo.
Busqué su agujero e intenté meterle un dedo. Encontré cierta resistencia y lo dejé. Metí su polla en mi boca y mi lengua acariciaba su glande con unos movimientos que le hacían estremecerse. Tuve la sensación de que no gritaba por miedo a ser oído. Su miembro crecía allí dentro, llegaba hasta mi garganta. Mis movimientos aumentaron de ritmo. Él cogió mi cabeza y la sujetó, tomó el mando, ahora era él quien me follaba la boca. Le pedí que aguantase, que yo quería que se corriese en mi trasero.
Fui preparando mi ano para lo que venía después. Volví a salivarlo bien y me puse a cuatro patas, ofreciéndole mi agujero, palpitante y deseoso de que no se demorase más en meter su polla dentro.
Ante el esfuerzo que le costó clavármela, pensé que no volvería a salir de casa sin lubricante, si se me presentaba la ocasión de un buen polvo, estaría listo para que me follasen bien follado.
Con un poco de dolor, pronto la tuve dentro de mi y a medida que me envestía, todo pasaba a ser un placer intenso. Me masturbé al mismo ritmo que él entraba y salía de mí. Al cabo de unos minutos, me vine con una corrida inmensa. Y tres o cuatro minutos más tarde, él lleno mi culo con su semen. Me estiré bocabajo en la toalla y él encima de mí.
Cuando se retiró su miembro aún permanecía bien tieso. Me ofrecí a limpiarle los restos de semen con mi boca y aceptó. Con gusto le habría hecho otra mamada, pero el sol se había puesto y yo tenía que regresar a casa.
Me dijo que había estado muy bien, que le gustaría repetir, y le dije que si me prometía venir sólo, accedería a follar con él. No quería que se presentase con sus amigos y que ellos se creyesen con derecho y me obligasen bajo amenazas o agresiones a tener sexo, y además me grabasen para exhibirlos en sus móviles.
Con esa promesa nos separamos. Yo, debido a motivos personales, no podía concretar un día, pero acudiría a la playa con frecuencia, esperando encontrarle.
Se fue, anónimo como había llegado. No intercambiamos nombres ni número de teléfono. No hizo falta.
Seguimos encontrándonos y, para no tentar a la suerte y que alguien terminase viéndonos, hemos buscado otro rincón.
GIOVANOTTI 15
Comentarios
COMENTAR









¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales