Mi primer apuesta ...

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Soy Pamela, trabajo de mesera los fines de semana para pagarme mi maestría. Muchos clientes me dicen que soy la mesera más guapa de Madrid, y efectivamente ese día si me sentía bastante sexy o caliente mejor dicho.
 
Lo que sucedió antes del trabajo en el gimnasio me había dejado en llamas. El ejercicio siempre activa las hormonas, pero ese día, camino a los vestuarios, presencié algo que me dejo totalmente alzada. Al pasar por el privado de la encargada, la puerta se entreabrió y logré ver una imagen digna de una película XXX.
 
Allí estaba ella, morocha treintañera, cuerpo tonificado, generosas curvas, culo perfecto y senos grandes, echada hacia atrás en su silla de respaldo alto,  las piernas bien abiertas, cada una sobre un posabrazos. Acariciándose su vulva depilada, cuando desde abajo del escritorio aparece para disfrutar de su generosa invitación el macho más atractivo del gimnasio.
 
Él comenzó a lamerle la entrepierna con lentitud, recorriéndola con la lengua en pasadas húmedas e intencionadas, mientras la sujetaba por la cintura, dejándola inmóvil y pegada a su boca. Ella respondía a sus atenciones arqueando la espalda de placer; entregada por completo, abriéndose aún más con las manos y ofreciéndole su intimidad, para que con devoción, él la disfrutara sin restricciones. Me quedé paralizada mirando, encendiéndome con la escena, mientras notaba cómo la humedad comenzaba a mojar mi entrepierna.
 
Continuaron con esos favores sexuales, hasta que ella me sorprendió mirándolos. Para no interrumpir el placer que recibía, cerró la puerta empujándola con el pie, haciéndome señas para que me fuera en silencio.
 
A regañadientes me dirigí a las duchas, caliente cómo nunca.
Me desvestí rápidamente y fui rápidamente a darme una ducha reconfortante. Me gusta ducharme en tanga, ya que soy un poco pudorosa y no me gusta pasearme totalmente desnuda aún en el vestidor femenino.
 
Estaba sola en las duchas, disfrutando del agua caliente en la intimidad de mi cabina, a punto de bajarme la tanga y comenzar a acariciarme para liberar tensiones, reviviendo en mi mente la escena de hacía unos minutos. Me recosté contra la pared de la ducha, dejando correr el agua por mis pechos. Abrí un poco las piernas, dispuesta a autocomplacerme con una buena sesión de placer… cuando de repente irrumpió en el baño a los gritos la encargada, dispuesta a contarme su reciente aventura.
 
—¡Oye! ¡Qué buena mamada me acaban de dar! ¡Por favor, qué bien me la comió! ¡Me vine con cuatro polvos de novela! ¡Deberías probarlo tú también!
 
Le respondí de mal humor, solo para que se fuera.
"No querida, no es mi tipo. Pero efectivamente te vi gozando a lo grande."
 
Lo primero era una gran mentira. Hacía tiempo que intentaba ligarme al machote ese: me paseaba mostrándole el mejor ángulo de mi culo, con tops ajustados y calzas que marcaban el colaless, pero ese tonto no me pescaba ni por asomo.
 
"Tú te lo pierdes. Te dejo bañar tranquila" me dijo mientras se alejaba.
 
"Bye" le respondí entre dientes.
 
Terminé de ducharme, pero la calentura no me había bajado; todo lo contrario, se estaba acumulando a niveles insospechados. En ese estado fui directo al trabajo, más caliente que nunca.
 
Al llegar al boliche, le cuento a mis compañeras la escena que presencié y que esa noche no me iba sin que algún cliente me sacara esa calentura.  Comenzaron a burlarse, que era "puro bla bla", que siempre decía lo mismo y nunca pasaba nada, por lo que tuve que ser consecuente y decir:   - "Les apuesto que hoy seduzco a un cliente para que me haga una mamada de novela como la del gym".  - "Pues joder tía, eso es muy fácil con tanto macho caliente que llega al boliche" dijo una de ellas.   
 
"Además como vamos a saber si te hicieron o no una mamada!" dijo la otra.   Envalentonada por el desafío, y mas que nada cegada la calentura y el orgullo les digo:
 
- "Muy bien, ¿la quieren difícil? Les apuesto que voy a lograr un cliente, pague 1.000 euros por hacerme una mamada, y será enfrente de ustedes dos para que no haya dudas!!!"  
 
"Vale! Trato hecho, si logras eso, te entregamos todas nuestras propinas de la semana y un deseo a elección" dijeron las dos seguras de que no existía posibilidad alguna de que ganara tal apuesta.   
 
"Y si pierdes, tomas todos los turnos de la noche que nos correspondan durante 2 semanas y nos entregas todas tus propinas!".   
 
En mi interior, yo también estaba segura de que perdería, pero no había marcha atrás.  El boliche comenzó a llenarse lentamente. Mientras llegaban clientes, yo esperaba un milagro, alguien que me calentara y que además me pudiera proponer algo indecente y con el dinero suficiente.  Pero llegaban solo parejas, grupos de amigos que solo querían tomar, divertirse entre ellos, u hombres que realmente no calentaban a nadie.  
 
A esa altura estaba segura que la apuesta estaba perdida. Ya que voy a perder la apuesta, tomemos algo para que se sienta menos la pérdida. Y empecé a servirme una piña colada.
 
Faltaban unos minutos para el cierre, yo seguía tan caliente como al principio, junto a un par de tragos que me tenían más desinhibida, me había metido la tanga bien adentro de las nalgas, y me había subido la falda para mostrar mas de la cuenta por si acaso.   
Cuando veo entrar a mi ultima oportunidad.  
 
Increíblemente!, lo veo entrar a él, al macho del gimnasio, el mismísimo mamador profesional de coños. 
Estaba solo y se sienta en una de las mesas que yo atiendo. Ya no quedaba casi nadie en el local y las ultimas mesas estaban liquidando la cuenta para irse.  Siento un cosquilleo en mi sexo y mi imaginación estaba funcionando a mil, imaginándome mil escenas de película.    
 
- "Este fulano es tu ultima oportunidad"..." y parece que no vas a tener suerte!. "Trabajarás para nosotras perra!!". - me dicen ambas socarronamente
 
No tenía la menor idea que haría, pero tenía que hacerlas callar e idear rápidamente un plan.   
Me acerco, y no me reconoce ni por asomo, ni siquiera alza su mirada. 
 
- "Por favor una copa de vino tinto, y algo dulce que me puedas sorprender para acabar la noche".   
Esas palabras fueron mi inspiración! Me dieron una idea brillante!!!   
 
- "En seguida" le respondo. - "Enseguida le traigo la carta de postres y su copa de vino"

Me retiro a la barra, sirvo su copa de vino lentamente maquinando...., tomo una carta de postres y agrego con letra grande: "Especial del Día: Sweet Perdición, 1.000 euros". Sin pensarlo dos veces, le llevo su copa y la carta modificada.
 
A esa altura ya no quedaba ningún cliente en el bar, solo mis amigas.
 
Él no demoró en caer en la trampa: ¿Y este postre...? "Sweet Perdición" a 1.000 euros, ¡que locura! ¿Qué tiene de especial? —pregunta con cara de sorprendido.
 
Bueno... le digo, y sin pensar me salen las palabras: "es algo muy especial, para clientes muy exigentes únicamente. No sé si usted esté a la altura de su paladar...(por no decir lengua). Pero si le prometo que si se anima a probarlo, le garantizo que le gustará o le devolvemos su dinero..."

... (continúa...no te pierdas el final).

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