Volátil

Por Palmer Eldritch
Enviado el 25/03/2014, clasificado en Intriga / suspense
694 visitas

Marcar como favorito

Creo que todo ha salido bien, según lo planeado. Me encuentro en el aeropuerto, al fin lejos de mi casa, del perro negro con la mancha blanca en el ojo y de los vasos de cristal con grabados de ribetes. Al aproximarme a una especie de restaurante donde pretendo comer un sandwhich sin compromiso, veo que también tienen esa clase de vasos que me exasperan. Quizás, después de todo, no logre huir definitivamente de la olla a presión. Allí mi mujer, aterrada, se preguntará: "Oh, donde, donde estará", con una mano en la frente y otra señalando hacia un punto muerto, la punta de la flecha al final del brazo. Se refiere a mí. Y cuando lo haga, probablemente el perro secundará sus lamentos con aullidos progresivos y cantos a la luna llena. El hogar se hará líquido, por las lágrimas del animal sobre el parqué y los oceanos de mi mujer esparciendose no solo por el suelo, sino por las paredes mismas. 

"Un sandwhich de bacon, lechuga, tomate...ya sabe, ese", me dirijo al tipo del bar, está detrás de la barra. Sin emitir palabra saca exactamente lo que le pido de la nevera, lo pone en un plato que suelta de cualquier forma, se tambalea hasta reposar totalmente delante de mis narices. 

Le hinco el diente a la pieza, mi mente se divide en un par de pensamientos. Uno: el bacon está crudo y frío, y no hecho y frío como en un primer momento sospecho. Dos: Soy humano, tengo conciencia. A Emma, mi esposa, la he dejado sola cuidando de un chico de cuatro años que no habla y tiene problemas de extreñimiento. Nunca me he sentido muy vinculado al crío, creo que no lo quiero como a un hijo. Claro que, ¿como puedo saber que no lo quiero como a un hijo si es mi único hijo y no lo quiero? Él es solo el principio, tampoco a mi mujer la quiero como a una esposa. Si acaso como a una amiga, pero considerarla como tal sería un insulto al cariño que me tiene, de modo que la querré, entre nosotros, como a la madre de mi hijo al que no quiero. Joder, esto es de locos. ¿Entendeis? Es esta una razón suficiente para dejarlo todo con una maleta de mano y un billete para...(miro por primera vez el destino del billete que acabo de sacar) Irlanda. Aun así, hay remordimiento. Lo siento, había que decidir entre perder el control y seguir controlado y yo he decidido el primer avión con destino a Dublín, me odio y me quiero por eso.

Le pido una botella de coca-cola al barman y el me la sirve en el maldito vaso de ribetes, y casi puedo escuchar la voz de Emma diciendome que no tome bebidas gaseosas, que mi estómago no las tolera y no lograré dormir la siesta durante el vuelo.De repente, un hombre con aspecto desenfadado se me acerca y me habla de Dublín, acaba de volver de allí y me recomienda que no haga el viaje, pues la ciudad entera arde a causa de un incendio que se ha ido extendiendo, "como una enfermedad en la edad media", dice. Los edificios se desploman, un golpe de calor. Yo escucho mientras mastico un trozo de tomate. Me veo en las gafas de sol del hombre que me acaba de dar la noticia más extravagante en años, él, al igual que los sucesos que narra, es raro, lleva unas gafas de sol en un lugar cerrado en un día de invierno. Soy yo reflejado en una lente, y ni me inmuto cuando me entero de que Dublín es un infierno ahora. El hombre continua, dice que tiene una broma que enseñarme. Un papel con tres frases escritas. Es curioso, la situación me parece de lo más normal. Lo cual no quiere decir que me la esperase, sin embargo, todo ocurre de una forma lógica para mí, como si los hechos no pudiesen desarrollarse de una manera alternativa. Sé entonces que el hombre me va a decir: "Lea esto, dese una oportunidad" y es exactamente lo que dice. Cojo el papel que me tiende, rozo su pulgar al retirar el folio de la mano que lo agarra pero no noto carne humana, tan solo traspaso una imagen.

a) Dublín sigue tal cual estaba, inventé el incendio.

b) Su mujer ha sido secuestrada.

c) Las dos afirmaciones anteriores son verdaderas.

Eso pone. Pago la cuenta y desando el camino que había seguido hasta el restaurante, termina en la puerta de salida del aeropuerto, frente a los taxis. Corro hasta el primero disponible y digo con voz afectada: "A la calle Éxtasis noº2". En realidad estoy afectado, en shock. No todos los días un hombre oscuro se te presenta con semejante noticia, la cual hay que creer. Intento ir más allá, pensar en el secuestro...allí, en el salón, Emma sentada en una silla, el secuestrador con el cañón del arma en la sién de mi esposa. Si dispara, el salón se va a parecer a Dublín ardiendo. Y el niño llorará mientras el perro ladra, un caos. O quizás no. Puede que solo haya sido un malentendido, el tipo me ha confundido con otro y yo, cumpliendo con mi obligación de marido, he de ir hasta el piso para comprobar que es simplemente eso. La señora de la casa estará cocinando un solomillo Wellington y todos a cenar, sin más historias. Lo admito, me deprime un poco que esto acabe así, no obstante, no me opondré, si este es el curso que han de seguir las cosas. 

Ya llego a la calle, ya llego al portal. Pago el taxi, al taxista le doy billetes y monedas de más, vomito unas palabras del estilo: "Gracias, quédese con el cambio" y estoy en el ascensor camino del quinto. Nervioso. Ahora me doy cuenta de que tendré que explicar a mi mujer el por qué de mi repentina desaparición, eso si consigo salvarla, y tengo una mezcla de expectativas y miedo...Por un lado quiero acción, por otro huyo del combate. He decidido no adelantarme a los hechos tras ver la puerta abierta. La empujo, entro y me pregunto por qué todo está tan distinto. Miro el reloj, solo llevo dos horas fuera, en ese tiempo no ha podido cambiar tanto la decoración. Reconozco que me gusta, sofá rojo, alfombra beige, sillon blanco, un Courbet colgado en la pared...Y no es lo único. El perro es un gato. Visto lo visto, no hay nada de malo en suponer que la chica también ha cambiado. En el salón no la veo, me deslizo hasta la cocina y una mujer morena y desnuda prepara un Wellington. Repara en mi presencia, (como no, he entrado como elefante en cacharrería con la intención de ver si la metamorfosis del hogar había sido completa) y me dice:

-Se han llevado a tu mujer, la han cambiado por mí.

-Ya lo veo...-comento, y no me paro a pensar en la gravedad del asunto-. Oye, dime una cosa. ¿Estamos en Éxtasis nº2?

-Sí.

-¿Quinto piso?

-Sí.

-¿Y el niño?

-Se fué.

-...Creo que hice bien en no tomar el vuelo.


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com