Carne.

Por Néstor José Jaime Santana
Enviado el 24/06/2014, clasificado en Varios / otros
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La intimidad rota es un chupito de absenta y hiel recalentado al microondas, tragar leche agria, cruda, grumos pasados y viejos rodando cuesta abajo por el gaznate. 
Una bata de crío en parvulitos apenas me tapa las imponentes pelotas que me ha dejado mi próstata del tamaño de una cabeza de cabra. Tres días durmiendo sobre una camilla, me siento un prisionero de guerra en plena tortura: creo que han encendido la luz dos, tal vez cuatro veces máximo en ese tiempo ¿de veras tres días, no uno o cuatro o seis semanas…? Estas salitas sin paredes, tan solo cortinas de ducha igual de mohosas que un pan viejo, son más deprimentes que un aborto natural. Me rodean varios ancianos que desvarían por culpa de las drogas, un dolor terrible como el de mis testículos: sentía hace… hace no se cuanto un dolor idéntico al de la patada en los huevos de una novia a la que le has puesto los cuernos con una fea… vine aquí con ese sentimiento en medio de mis cojones en busca de ayuda y simplemente me han inflado a calmantes durante… sin que me haya visto aún un urólogo o tan siquiera un enfermero salvo el que me puso la vía para la morfina: es fin de semana, la plantilla se limita a los que doblan, triplican turnos de urgencia y andarán por las salas del café a espera de que alguien ande a punto de morirse, salir corriendo y evitar denuncias. Drogas… algunos del personal son gente cariñosa, de veras, estudiaron para limpiar y pinchar culos por vocación, aliviar el sufrimiento ajeno, pero otros tantos –es curioso que siempre los que le tocan a los más viejos, a los más doloridos- meten toda clase de opiáceos, basura que ni en la calle se encuentra con no más motivo que el cerrarnos la boca durante la noche y continuar con sus tertulias, películas, juegos de cartas en el office… A eso nos reducimos muchacho, a eso se rebaja el hombre cuando es inútil para la productividad, cuando agoniza un borracho, un parado de cincuenta años, sucio y con peste a cerveza de lata sin marca en la lengua con un dolor de testículos del tamaño de un burro en celo… de segunda y de primera… solamente desean largarte lo antes posible si bien no con la cura al menos con la suficiente calma en el dolor como para no estorbarles durante días, semanas o un año a ser posible, dejar otra cama libre y ya vuelves a ser problema de las calles, de la soledad, del olvido… a eso nos reducimos muchacho, a eso nos rebajamos los moribundos, los parias, los que no producimos… la tuerca que se sale de la máquina expendedora se tira a la basura, se sustituye por una nueva con menos óxido y el ciclo continúa.
Llevo unos días observándoles:él no para de leer revistas amarillentas del corazón…no tiene demasiada pinta de interesarse en las princesas de pega,sus reyes en moto follando con modelos,cantantes,ellas llevando siempre el mismo peinado protocolario,trajes de etiqueta exclusivos que se cosen desde mi bolsillo…las lee con no más finalidad que olvidarse de su esposa…¿cuarenta,treinta,cien años casados?Ni siquiera expresa aburrimiento,ni indiferencia,pareciera la cara de un búho dormido con los ojos a medio sueño,simplemente espera a que den el alta a su mujer con sábanas cubiertas de vómito y sangre secas…así son los matrimonios aburridos,las amistades aburridas,las fraternidades aburridas:se pierde el interés,la pasión,no hay ganas ni para meter y sacar la poya porque implica riesgo de partirse la cadera.Un matrimonio sustentado en el simple amor,peor aún,en la simple compañía:demasiado viejos,sus hijos viviendo a cientos de kilómetros,los amigos en urnas o maderas,así que no les queda más remedio que aparcarse por las noches bajo las mismas sábanas donde se desvaneció el amor,la pasión:el miedo a morir solos como el último joker de la baraja su única motivación para continuar con la farsa del altar…¿porqué se empeñan los idiotas en unirse por amor? Incluso los subnormales más profundos aman… ¿por compañía, vida en común? Hay miles de perros a espera de adopción que, se mearían de gusto en tus zapatos viejos porque los rescataras de albergues dejados de la mano de Dios… ¿Dónde quedó la complementariedad, la confidencialidad, la complicidad? Nene, el amor es gotas de limón disolviéndose en un tanque de agua de diez millones de litros, la soledad se sobrepasa con unos buenos libros, buenas pajas, buenas borracheras… elige alguien no para que sostenga la mano en tu colchón de moribundo… se feliz por ti y asegúrate de que tu compañero sea tu muleta, no tus piernas, si no te verás en el maldito box de una clínica que huele a perro mojado leyendo revistas arrugadas y cuidando a tu esposa con las mismas ganas que riegas el ficus seco de casa.
Dios mío, el tipo de mi lado ha vuelto a cagarse. Los celadores le andan cambiando y nos separa un biombo. La peste llega hasta mi como si hubiera echado sus excrementos justo en ese pasillito de la garganta que atrapa las esencias en la duermevela que existe entre el sabor y los olores… pobre hombre: “jediondo”, “ya van dos veces hoy”, “¿porqué no usas el orinal?” Es lo único que se escucha a los celadores mientras le limpian: algo más de 700 euros no son suficientes para tratar a un saco de caca llorón como a un auténtico ser humano… algunos son cariñosos, pero la mayoría simplemente son personas: a nadie le gusta mancharse con la mierda ajena, a nadie se le puede recriminar falta de tacto cuando le limpian porquería a un yonqui, un drogadicto manchado de caca, dolor y miseria hasta casi los omoplatos.
Es la hora de las drogas y por fin algo de paz… los viejos se callan, mi vecino anda con el ojete limpio, el señor que cuida al ficus se ha largado para comerse un bocadillo… por fin viene el urólogo… le cuenta no se qué chiste de una paja y una mosca a la enfermera, me saluda vagamente, incluso me da una palmada en el hombro como si ambos fuéramos doctores y comienza a manosearme las pelotas mientras continúa contando chistes, haciendo intentos por follarse a la chica.
No determinan lo que me ocurre, pero en fin, ya no me duele desde hace… Me dan el alta: si vuelvo a notar molestias no puedo tardar menos de cuatro horas en volver por si no fuera la próstata, tal vez los dolores vinieron desde el propio testículo y eso ya contendría mucho más peligro.
Me llevan en silla de ruedas hasta la entrada… “Suerte, mejórate”. Mis nueces cuelgan como campanas doblándose por santurrones muertos en ayunas. Lo primero que hago es buscar algún “local de niñas” para desahogarlos, tomarme unas cuantas cervezas de verdad, un par de cigarrillos.
No me daré cuenta hasta que mee por la mañana: hay costras rojas en el pis.
Muchacho, sangre, excrementos, llantos, dolor… a eso nos rebajamos. Aún quedan personas realmente entregadas, matrimonios auténticos, enfermeros con vocación… mientras los encuentro birras heladas y levantarme a las 12:00 hasta que se me agote el paro son buenos sustitutivos.
Muchacho, cuanto nos rebajamos…


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