EL ACOMPAÑANTE 1

Por masque cuento
Enviado el 02/07/2014, clasificado en Terror
446 visitas

Marcar como favorito

Eran las 11:10 cuando el bus los arribo a su última parada. Escupió a dos hombres, que para finalizar su travesía tenían que atravesar un sendero de más o menos veinte kilómetros, demarcados en ambos costados por un sin fin de árboles que bramaban como consecuencia de la danza ensordecedora entre el viento y su ramaje, el cual arrancaba las hojas de sus ya fallecidas ramas y estos cadáveres volaban y desaparecían en la imperceptible oscuridad.
En la lúgubre noche, la oscuridad era el tercer acompañante de estos dos hombres y se situaba justo en el medio: Uno llevaba a cuestas la primera máquina de escribir, que cambiaria desde esa noche, las letras difuminadas por el carboncillo en las hojas y las reemplazaría por letras legibles y entendibles para las 10 personas alfabetas del pueblo, el otro llevaba consigo, un atado de panecillos como obsequio modesto a sus familiares impacientes por su llegada, y el tercero como ultimo llevaba a cada lado de su efímera existencia, un hombre aterrorizado por la oscuridad de la noche y el deseo insaciable de calmar el silencio de sus dos acompañantes con el suave repicar de sus pasos.
Al inicio del agónico peregrinaje de estos dos hombres, teniendo como objetivo final, el encuentro con el monumento de la Virgen del Carmen y su Santo Hijo, el cual anuncia el fin de los 20 kilómetros, la llegada al pueblo de los contados viajeros y el Santo fin del eterno caminar por un sendero Pedroso y un paisaje de noche, fácilmente descriptible por un invidente. En los primeros 200 metros, uno de los hombres advirtió a su compañero, que para que el trayecto fuera más corto, tenían que entablar un tema de conversación o al menos corear una canción de conocimiento popular y la elección fue la segundo alternativa. Acompañados por una botella de vino de palma, (comprada en una de las tantas paradas del bus, esas que se hacen para que la gente entre al baño, coma y compre cachivaches como regalo oportuno casi olvidado para sus familiares) decidieron enmudecer el silencio de la noche, entre sorbos de la bebida de palma y cantos de melodías tolimenses, de esas inmortales, reían y se abrazaban mientras coreaban:
Pueblito de mis cuitas De casas pequeñitas Por tus calles tranquilas Corrió mi juventud En ti aprendí a querer Por la primera vez Y nunca me enseñaste Lo que es la ingratitud Hoy que vuelvo a tus lares Trayendo mis cantares Y con el alma enferma De tanto padecer Quiero pueblito viejo Morirme aquí en tu suelo Bajo la luz de un cielo Que un día me vio nacer…
(Pueblito viejo- Silva y Villalva)
Ya superaban los 2 kilómetros y el calor de la caminata, solo lograba expeler de sus cuerpos un baño de sudor, pero el alcohol ya había bloqueado cualquier asomo de silencio, miedo e incertidumbre por el kilómetro próximo. Para cuando termino la última estrofa de la canción, una pausa dio la bienvenida de nuevo al silencio, y el silencio, no vino solo, regreso acompañado de respiros profundos y humedecidos que se mezclaban y producían un goteo sobre la tierra, la cual levantaba una estela de polvo sobre el suelo, reproduciendo dos cuerpos que levitaban sobre el desierto.


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com