Un pearcing en el cerebro

Por noray
Enviado el 19/01/2013, clasificado en Intriga / suspense
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Con forma de candado. Que cierre los pliegues más recónditos; de donde surgen las ideas. Mis ideas son mías. Nadie más puede poseerlas, ni arrebatármelas. Pueden ser iguales, parecidas, a las de otro, incluso de otro tiempo pero, si han surgido de mi hipotálamo, nadie más puede poseerlas. Por eso he decidido impedir mediante este dispositivo que fluyan hacia el exterior. No quiero compartirlas porque desde el mismo momento que las haga públicas, dejarán de ser solo mías. No me fío de los derechos de propiedad intelectual. La mejor forma de conservar su propiedad es mantenerlas a buen recaudo dentro de mi máquina de pensar.

Quieren adueñarse de ellas. A toda costa y a cualquier precio. He notado que últimamente me vigilan. Al entrar en cualquier centro comercial sigo siempre la misma pauta. Entro, me acerco hasta el mostrador de información y, justo antes de llegar, me giro bruscamente, echo un vistazo, y salgo; vuelvo a entrar nuevamente. Me muevo con sigilo, hago siempre los mismos recorridos por los mismos pasillos. Procuro que mis desplazamientos sean en forma de cruz; hacia delante, hacia atrás, a derecha y luego a izquierda. Metódicamente. De esta manera puedo observar si coincido con alguien en más de una ocasión. Jamás utilizo el aparcamiento subterráneo para evitar que puedan hacerme una encerrona. Procuro ir siempre a sitios muy frecuentados así, consigo complicarles un posible secuestro.

Al acostarme, me quedo tendido boca arriba, con la luz encendida, mirando la bombilla desnuda sin lámpara, mas por dejadez que por falta de dinero para comprar una; hasta que el exceso de luz me hace sentir que me ha cegado un resplandor de otro mundo. No consigo dar con el motivo por cual quieren arrebatarme mis ideas. Si sólo son las ideas de un simple mortal cuya existencia no ha importado jamás a nadie. Por no importar, no importé ni a mi propia madre que aborreció de mí, dejándome abandonado en un portal como un paquete olvidado. A veces creo que estoy perdiendo la razón ¿serán figuraciones mías? Si jamás las he expuesto, ¿cómo pueden estar interesados en arrebatármelas? ¿Qué pueden tener de valiosas como para sentirme acosado de esta manera? Además, podían presentarse a mí y decirme por qué les interesa; incluso si son tan valiosas, ofrecerme algo por ellas. Y en el caso de que no aceptara la oferta, entiendo que quisieran arrebatármelas por la fuerza. Pero debo mantenerme sereno, dominarme y no caer en la desesperación. Quizá lo que pretenden es que pierda la razón para así poder recluirme y claro… Una vez recluido, aprovechando esta circunstancia, seguramente me harán una intervención para extraérmelas. ¡Dios mío, quieren lobotomizarme! No puedes caer en la desesperación. No debes dejar que te cojan, o ¿sí? Tal vez pueda convencerles de que no soy quien ellos creen, A lo mejor se trata de un error. Un tremendo error. Debe ser una pesadilla; ¡claro! Una horrible pesadilla y en cualquier momento despertaré y me reiré burlonamente de mí mismo. La mente humana es tan compleja que cuando le da por jugarte una mala pasada te las hace pasar canutas.

Cuando por fin el sueño consiguió vencer mi resistencia, cerré los ojos sin ser tener conciencia de que lo sucedía y de pronto… Oigo pasos. Sí, en el piso de arriba. Son pasos como si alguien tratara de no delatar su presencia; como si estuvieran recorriendo, una a una, cada habitación de la casa. Parecía que lo estuvieran alumbrándose con linternas, tratando de situarse dentro del piso. Cuando los pasos se detuvieron exactamente encima de mi habitación, durante unos instantes dejé de escuchar ruido alguno y, al cabo de un par de minutos, me pareció escuchar como un cuchicheo. Seguramente son dos, y ahora estaba seguro de no estar dormido; incluso mojé los dedos en el agua del vaso que tenía encima de la mesilla para asegurarme que estaba perfectamente despierto.

¡Son ellos! Estoy seguro. Han dado con mi paradero. Ahora nadie puede impedirles que hagan conmigo lo que quieran. Un miedo cerval atenazó cada uno de mis músculos. Intentaba incorporarme y, no podía. Mis ojos se movían como intentando descubrir a quien aparecería de un momento a otro. Me esforzaba por entender los cuchicheos que no cesaban. ¿Qué estarían tramando? Seguramente están decidiendo de qué forma entrar en mi habitación. Estaba a punto de perder la consciencia en el instante en que, por el rabillo del ojo izquierdo, porque seguía inmóvil, noté un ligero haz de luz, de color rojo, pero no muy intenso, como entre tinieblas. Me dio la sensación de que hubieran abierto ligeramente la puerta para asegurarse de que estaba allí pero, sin llegar a franquear el umbral. Después me pareció entender lo que uno de ellos dijo muy bajo: Sí doctor, está dormido. No podemos quitárselo.

Me tranquilizó saber que gracias al pearcing no fueron capaces de apoderarse de mis ideas. Después dormí plácidamente porque, ahora estoy seguro; sé que mis ideas morirán conmigo y aunque nadie las conozca yo sé que son mías.


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