El miedo a la simplicidad

Por Manuel Murillo
Enviado el 26/02/2015, clasificado en Reflexiones
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Lo que se premia ahora es ser enrevesado. ¿Por qué? Porque ya se ha escrito demasiado, o al menos eso pensamos. Cuando miramos esa página en blanco decimos: "Pero ¿De qué mierda voy a escribir? Si ya se ha escrito de todo". Por esa razón ahora se busca el adorno, y cuanto más hay mejor, en una curva logarítmica. La simplicidad ha dejado de ser bonita. La simplicidad ha pasado a ser, redundante y simplemente, simple.
Estamos llegando a un punto en el que, si un sustantivo no va precedido de tres adjetivos, es simple. En el que si para describir cómo ondea el cabello de una mujer al girar la cabeza para mirarte no has consumido el espacio de dos o tres páginas, te ha quedado soso. En el que si no has obligado a tu lector a ir a por el diccionario un par de veces por párrafo, puedes considerarte un escritor mediocre y analfabeto.
Por supuesto que los adornos embellecen un texto, pero estamos llegando a un punto en el que lo consideramos un criterio absolutamente necesario para que un texto sea bueno. Es peligroso llegar a un consenso colectivo del desprestigio de la claridad. Esto se está fomentando hasta el punto de que si lees un texto cargado de tantos adornos que te desoriente y te haga perder el hilo de la historia que se nos está contando, confundamos esa desorientación con el sentimiento que debe dejarte todo buen escritor, tan erudito, tan mago de las palabras, que no estás a la altura de su comprensión.
No debemos caer en esa trampa, y mucho menos fomentarla. ¿Por qué? porque al final acabas topándote con textos que, en varias páginas, no te han dicho nada en realidad. Esto no es malo, en absoluto. Es una forma más de escribir, buena o mala a criterio de cada lector. El problema viene cuando alguien que quiere escribir no se ve capaz de hacerlo así: Claro, esa manera magistral de ocupar dos folios para decir una frase es la manera que más se premia. Y yo tengo una historia de unas quince frases?¿Cuántos folios tendría que llenar para que se me considere un buen escritor? Ni de coña, no soy capaz.
Ése es el problema. El problema no es lo que se escribe, sino lo que se queda sin escribir. Todas esas historias que se quedan en el tintero, todos esos fantásticos relatos que cada uno de vosotros tenéis en vuestra imaginación, y que los demás jamás tendremos el privilegio de conocer porque tenéis miedo a ser demasiado simples.
A ser "malos escritores".
¿Acaso hay un escritor lo suficientemente bueno como para juzgar quién es un buen escritor y quién un mal escritor?
Antes de responder, pensad en lo siguiente: ¿Se puede juzgar, de manera consensuada, si un médico ha hecho una buena operación o ésta no le ha salido bien?
Desde luego que sí. Si el paciente muere, todo el mundo va a estar de acuerdo en que no le ha salido bien.
Pero cuando una historia no está muy adornada ¿Acaso vamos a llegar todos a un consenso de que no es un buen escrito?
Claro que no. Por ahora. Pero esto se está fomentando y el miedo a la simplicidad está aumentando cada vez más.
Si tenéis una historia que contar, contadla. Sin temer que resulte simple o no.
¿Qué pasa si alguien os dice que no le ha gustado? Aceptadlo.
¿Qué pasa si alguien os dice que sois malos escritores? No lo aceptéis. Nadie os puede decir que no habéis estado a la altura, porque esa altura no existe. Esa altura no es más que el criterio individual de cada uno. Escribe de la forma que te guste. Nunca para contentar a todo el mundo, sino para contentarte a ti mismo. Si te contentas a ti mismo, siempre contentarás a alguien más, así como habrá gente a la que no. Pero ni la persona a la que contentas te convierte en buen escritor, ni la persona a la que no contentas te convierte en mal escritor. No hay escritores buenos ni escritores malos, hay escritores que me gustan a mí, y escritores que te gustan a ti.
Por tanto, no tengas miedo de publicar un texto si crees que no tiene los suficientes adornos para que te consideren un buen escritor. Olvídate de eso.
La simplicidad y la claridad, por su propio valor, son un adorno en sí mismo. Uno muy importante que no debemos menospreciar, y mucho menos perder.


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