Los monstruos

Por KilianHunter
Enviado el 14/06/2015, clasificado en Terror
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Tenía diez años cuando empecé a ver a los monstruos. Había uno en el armario y otro debajo de la cama. Con el tiempo pude convivir con ellos pues la luz siempre estaba encendida y le tenían miedo a papá y a mamá. Desaparecian si yo los llamaba. Pero el monstruo de afuera si que me asustaba. Solo bastaba asomarme a la ventana y lo veía al otro lado de la calle en un callejón oscuro. A veces era pequeño como una pelota de fútbol y otras tan grande como el poste de luz frente a uno de los edificios. Solo veía su silueta. Lo peor era cuando al asomarme no lo veía por ningún lado, sospechaba que estaba bajo mi ventana esperando que un día se me olvidara cerrarla.

Una noche vi a una mujer pasar frente al callejón, el monstruo estaba allí pero al parecer ella no podía verlo. El monstruo desapareció pero luego la mujer se detuvo y cayó de rodillas, su propia sombra se convirtió en el monstruo que la devoró completa.

A la mañana siguiente escuché a los adultos en casa y en la escuela hablar sobre la misteriosa desaparición de una mujer que había ido a dar un paseo por la noche y no había vuelto a casa. Yo no le dije a nadie lo que vi. No porque pensara que no me iban a creer sino porque aún estaba impactado de aquella visión, medio asustado, medio fascinado.

Pasaron los años y seguí asomándome en la ventana cada noche, luego cuando mis padres me dejaban salir hasta tarde paseaba por ese callejón con mis amigos. Entonces no lo veía pero sentía que estaba cerca. Una noche, luego de capturar al gato de la vecina lo llevé frente al callejón y lo arrojé dentro. El monstruo lo atrapó en el aire y escuché claramente como sus afilados dientes quebraban los huesos del pobre minino. Lo hice unas dos veces más y luego de terminar su labor escuchaba una especie de gruñido que yo interpretaba como el agradecimiento del monstruo.

Ya soy un hombre, crecí. Ahora sé que los monstruos del armario y de la cama no eran más que ilusiones,o bien fantasmas indefensos. El monstruo del callejón es otra historia, el tambien ha crecido y de tiempo en tiempo lo visito, como a un viejo amigo. ¿Qué clase de amigo sería sino le traigo un presente? Esa es la razón por la que te he traído aquí hoy, frente a este callejón. ¡Mira! ¡Allí está! No corras mujer tonta, no sirve de nada. ¿Ya ves? ¡Te lo dije! Ah, hola, mi viejo amigo. Espero que disfrutes tu comida. Siempre es un placer verte comer.

Ha dicho un monstruo a otro monstruo.


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