EL ENCANTADOR DE SIRVIENTES part.1

Por Galindo
Enviado el 17/11/2015, clasificado en Terror
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“… dice la noche, que los pensamientos que rozan el crepúsculo, se sacian con los
anhelos de los creyentes. Que los olvidados se hacen imperturbables y que los ronquidos
del miedo nos acechan en la oscuridad. Dice la noche que la noche dice; que los
enjambres de sirenas nos acucian hacia un embolado de miseria y de repugnancia,
donde los esclavos de la pena nos piden audiencia para saciar el sin sentido pragmático
de la lluvia en el bosque. Habla la noche y repite el viento de la calma, con un susurro
leve de cortinas, que los albores de la resignación son los culpables del tiempo y la
renuncia del silencio berreado entre lastimeras gotas de orina cultivadas en los bordes
herrumbrosos de la indefensión y la nada. Dice la noche...”
                                                     _______________

      Del sobresalto, casi cae hacia el costado izquierdo de la cama, su respiración muy
alterada y su mente aún aturdida trataban de buscar en vano alguna explicación lógica a
ese sueño indigno y peculiar. En su mente todavía resonaban las palabras del
“protagonista” , un señor muy elegante , calvo y con una corbata curiosamente larga ,
excesivo en su peculiar manera de gesticular y con un leve movimiento lateral de cabeza
; como negando , pero sin llegar a sentenciar , de su mano derecha dejaba caer notas
musicales que se convertían al instante en palabras muertas, gravando en el suelo una
serie de poemas apócrifos sin sentido.
       La noche había nacido caprichosa, la pizza que pidió para cenar nunca llegó a su
destino. Al oír el timbre de la puerta pensó que sería el repartidor, cogió la cartera y se
acercó al telefonillo:
                   - …si, si !!! , enseguida le abro!!!
         No esperó la respuesta y apretó el botón rojo que indicó la apertura del portón de
abajo. Casi al mismo tiempo abrió la puerta del piso y comenzó a rebuscar algún billete
de 20 que incluyera la propina que seguro se merecía aquel kamikaze del motociclismo ,
que habría atravesado la ciudad a 80 por hora , saltándose todos los semáforos y los
pasos peatonales , para llegar inusualmente pronto a su cita con mi hambre. Es verdad,
no se había percatado antes, pero solo había pasado media hora desde que llamó, era
demasiado pronto para que fuera él. A no ser que -pensó haciendo gala de su
acostumbrada desconfianza- se la hayan dado fría de algún pedido anulado
anteriormente. En ese caso sería fácil de reconocer, ya que no le había dado tiempo
material para su enfriamiento.
         Pero no, no subió nadie y ya habían pasado algunos minutos. Se asomo al
descansillo algo prevenido, miró por el hueco de la escalera y pronunció la frase clásica
en estos casos:
                 - …hay alguien, es el de la pizza???
         Su voz sonó a hueco, el silencio se hizo palpable en todo el edificio, era viernes y
los vecinos habían marchado de fin de semana, la comunidad estaba mucho más que
solitaria. Cerró la puerta y se dirigió al telefonillo, pretendía entender lo que había
sucedido. El sonido de maquinaria que se oía a través del auricular dejaba entreoír un
susurro muy leve y lejano, era algo así como si dos personas cuchichearan por lo bajini,
como si estuvieran tramando alguna pillería. Colgó el aparato de inmediato y se colocó
frente a la puerta, miró a través de la mirilla y pudo comprobar que alguien estaba
tapando la óptica con el dedo.
         Su primera intención fue abrir la puerta de golpe y poder cazar al inconsciente
que le quería gastar tamaña broma, pero inmediatamente desistió al no tener la certeza
de que fuera algún colega pasado de vueltas. Puso el oído pegado a la puerta y lo que
oyó no le hizo gracia alguna, seguía sintiendo el leve murmullo que antes lo había
alarmado en el telefonillo y a la vez un gruñido como apagado pero claramente audible.
Parecía que junto a la puerta había más de una persona.
         Corrió hacia el salón buscando el móvil y al ir a llamar al 091 notó una fría
respiración en su pelado cogote , nunca antes había sentido tanto horror como en aquel
preciso momento , se volvió de inmediato y allí no había ni dios. Se dio cuenta de que el
ventanal del salón se hallaba abierto de par en par y que fue seguramente el culpable del
horripilante efecto. Pero eso no lo tranquilizó, muy al contrario pensó en que en aquella
noche de invierno era más que difícil que hubiera podido dejarlo abierto de par en par y
comenzó a correr como un loco buscando al posible intruso por todo el piso.
         Después de un día ajetreado solo le faltaba este fin de fiesta; se estaba
volviendo paranoico, o el hambre le hacia ver o creer cosas que no existían?
Pudo comprobar que el piso de realquiler estaba vacío, ni un solo atisbo de
presencia humana si descartamos al impresentable inquilino protagonista de esta bonita
historia, él. Aún y así la intranquilidad se había apoderado de su persona y se acercó de
nuevo a la puerta para comprobar que quien fuera que anduviese malmetiendo ya se
habría marchado; vio de nuevo que la mirilla seguía tapada pero ya no se oía ningún
ruido, el silencio volvía a ser sepulcral. Se calmó un poco , no sin preguntarse que podía
estar sucediendo ahí afuera , después de todo si no abría la puerta – que era de madera
maciza y blindada en su interior- nada malo podría sucederle.
          Aseguró bien todas las ventanas y agotado por el trajín decidió meterse en el
sobre con un té y un libro; algo ligero: LA METAMORFOSIS de KAFKA. El mejunje
caliente le vino de cielo y después de leer un poco -no sin dejar de mirar de reojo la
puerta entreabierta de su habitación- notó una leve pesadez en los parpados , el hambre
le estaba pasando factura , por lo que intentó dormir un poco.
                                                   

                                       ....continua

 


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