Viviendo en él (Parte1)

Por D.B.F.
Enviado el 29/12/2015, clasificado en Intriga / suspense
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Hola, soy Miguel, y aquí estoy yo una mañana de invierno, tirado en cama medio dormido y como no, esperando a que mamá llame a Juancho para que venga a tirarme las sábanas de cama. Es día de instituto, pero yo siempre espero a último momento porque tengo la esperanza de que suceda un milagro, empiece a llover muy fuerte, a nevar, cualquier cosa, como si me concentro en mi sueño y acabo viviendo en él, en fin, lo que sea con tal de no ir a clase y dormir.

¿Qué es esto? Mierda, ya está Juancho aquí para fastidiarme el sueño, con lo bien que se estaba en cama con este congelante frío que hace. Me siento como un bebé recién nacido fuera de mi placenta. Juancho es mi perro, me lo regalaron cuando cumplí los trece años, después de haber pedido uno los últimos cinco. Gracias papá y mamá, sí, menudo perro me habéis regalado, perezoso y dormilón, casi diría más que yo, pero eso es imposible y además, pesado.

Hoy parece un día ajetreado, pero... ¿Para qué voy a mentir? En mi casa todos los días son así. Mamá se despide apurada mientras yo desayuno, papá deja medio café porque llega tarde a una reunión… Que sí, que lo de perezosos viene de familia y lo de quedarnos hasta el último momento en cama también, que si nos dieran a elegir entre ir a trabajar o quedarnos en casa viendo cómo se inundan las calles, escogeríamos la segunda. Miento, escogemos la tercera opción, dormir. Mira Juancho, ahí acostado en su mantita con cara de… perezoso, con los ojos medio cerrados que no sé si está mirando cómo me tomo el desayuno o si está durmiendo medio zombi, que vida la suya…

Como de costumbre, hoy llego tarde otro día más y tengo que acabar cogiendo la bici para ir a la parada que está a 500m de mi casa, allí la dejo atada a un poste. Hace falta que la coja, creedme, tengo ido hasta 100m detrás del bus para que espere por mí, suerte que el conductor ya conoce nuestra familia.

A mi lado se sienta “Oso”. Sé lo que estáis pensando algunos… ¡No me digas más! ¿Por perezoso? ¡Pues no! Por curioso, no para quieto, te pregunta por todo, en clase, si falta tiza, ya se ofrece voluntario para ir a buscarla antes de que se diga algo de ella. A pesar de todo, Oso es mi mejor amigo desde que tengo memoria.

En el bus, nos colocamos siempre en el segundo lugar de la izquierda después de la segunda escalera, yo mirando la ventana, o dur… y él siempre va atento a lo que sucede alrededor, le gusta hacerse el tonto y escuchar disimuladamente los cotilleos que hablan las dos chicas de atrás.

            -¡Migui! escucha…

            -¿Qué quieres Oso? No ves que no estoy para…

            -¡Calla tío! Están hablando de ti, ¡le gustas a una!

            -¡¿En serio?!

            -No, por lo menos despiertas un poco tío, ¡que estás que te duermes!

            -¡Boh! tu siempre igual…

Ya estaba Oso con su bromita del día, a estas horas no estoy yo para aguantarlo.

Pronto me iba a entrar ese dolor de cabeza que siento al ver que ya estamos llegando al instituto y yo sin poder descansar más, todo por culpa de Oso que no me deja tranquilo los últimos minutos que tengo, lo odio.

Bajo del bus maldiciendo a Oso con los ojos achinados mientras que este me da palmaditas en la espalda diciéndome “lo hago por tu bien, lo hago por tu bien, ¡se duerme en casa!”. Me rasco los ojos para quitar las últimas legañas de mi cara hasta que… ¿Y el colegio? ¡No hay absolutamente nadie! pero, ¡están todas las luces encendidas!

            -¡Vámonos Oso! aquí no hay nadie, ¿será festivo y no nos dimos cuenta?

            -Pues no lo sé, ahora estoy tan perdido como tú pero… ¡si están las luces encendidas!

Nos damos la vuelta y…

            -¿Y el bus Oso? Si estaba aquí hace… 5 segundos, ¿cómo puede correr tanto?

            -¡¡Ring!! ¡¡Ring!!

            -Oye que está sonando Migui, vamos para clase, que seguro que están todos dentro.

Es todo muy extraño… de todas formas, Oso y yo entramos al instituto por el patio hasta llegar a la puerta principal. No hay ningún alma por los pasillos, como cuando están todos dando clase. Empezamos a correr hasta nuestra clase y llamamos a la puerta. -¡¡Toc, toc toc!!- Y así hasta que la tercera vez Oso me aparta de la puerta y la abre. En la clase no encontramos a nadie. Miento, hay alguien, ¿quién es?... ¿una niña? Nos acercamos lentamente a nuestros asientos mientras intentamos ver el rostro de la niña de cabello negro. Oso va directamente a saludarla.


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