Mi amigo muerto (parte 2)

Por Imelda Verdugo
Enviado el 29/06/2013, clasificado en Terror
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Mi voz se atasco, no podía quitarle la mirada d encima, hasta unos segundos que me fueron eternos recobre el aliento y pregunte eufórico que había pasado, quien rayos era esa persona; Yo, petrificado del miedo, del asombro y de la incredulidad no podía creer, grite que todo era mentira, con todo el valor que pude juntar ignore al fantasma cubriéndome por completo con las cobijas, mis ojos apretados bruscamente deseando que se acabara aquella pesadilla. El miedo me venció y caí desmayado, desperté al día siguiente mas no sin olvidar nada de lo ocurrido; me dispuse a buscar a esteban, no para contarle si no para descubrir que ocurría, atravesé la carretera sin fijarme, no me importo, corrí despavorido, llegue al lugar secreto, no había nadie, corrí, atravesé el bosque hasta llegar al otro lado donde había unas cuantas casa pequeñas y ligeramente descuidadas. No estaba seguro cual era la casa de esteban, ya que nunca en los años de conocerlo lo mencionó, revise las 4 casas que había, nadie supo decirme quien era esteban, nadie vivía ahí, ningún niño, solo gente descuidada. Regrese a mi casa, decidido a investigar sobre mi amigo. Conté todo a la abuela, pues era la única en casa, le conté de esteban, del escondite, de cuando lo conocí, las ideas malas que él me sugería en fin, todo hasta el día de ayer que vi a aquel fantasma. Mi abuela escucho atenta y me ayudo, creyó en todo lo que dije, dijo que, siempre le había parecido sonante el nombre de esteban, pues ella tenía una amiga que había perdido a su hijo el cual llevaba el mismo nombre.

Yo quede perplejo y ese escalofrió infernal me invadió de nuevo, sentí un vuelco en el corazón, pues ya todo tenía sentido, pero un horrible sentido. Afortunadamente la madre de esteban aun vivía, era ya una anciana, una anciana de las que me había encontrado en las casa del otro lado del bosque, la que no me permitió cuestionar nada. Volvimos a ese lugar, la vieja reconoció a mi abuela y le permitió pasar; ya dentro, en una casa peculiarmente macabra, con poca luz y algo descuidada, nos conto sobre esteban mientras yo moría de asombro.

Esteban había muerto a los 8 años en los años 40 en aquel lugar secreto del bosque. Así que aquello que vi esa noche era esteban, ese niño que murió trágicamente cayendo de un árbol sobre una estaca de madera que salía de un tronco.

Esteban jamás vivió, jamás fue mi amigo; fue mi amigo muerto.

Ahora, actualmente como podrán notar, no olvido detalle alguno de esta experiencia macabra, si de niño me tomaban de loco, lamentablemente ahora también aunque me resistí algunos años de mi pubertad.

Ahora reconozco que debo estar en este centro psiquiátrico, pues no dejo de sentir aquella respiración robándome el aliento cada noche. 


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