A MI PEQUEÑO SANTIAGO

Por Claudia Arbeláez
Enviado el 07/09/2013, clasificado en Infantiles / Juveniles
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(Este trozo lo escribí cuando mi hermano era solo un niño, ahora su ñinez se ha quedado a vivir en mi memoria, ya es un muchacho soñador)

 

a mi Santiago.

Te veo crecer y cada día que pasa me lleno de motivos para disfrutarlo. Es maravilloso saber lo que piensas, escuchar tus planes futuros y la forma como te refieres a los seres.

 

Disfrutas de las cosas sencillas de la vida y esto me alegra, porque he aprendido que es allí donde se descubre en realidad el valor y lo esencial.

 

Me encanta oír cómo hablas, escuchar cómo vas incorporando nuevas palabras a tu vocabulario personal, cada gesto y todo lo que haces para embellecer el lenguaje.  Ese sabor de lo nuevo en ti, me hace dichosa.

 

Veo como te esfuerzas para pronunciar las palabras y la sonoridad que hay en ellas, también el esfuerzo para recordar el nombre de los objetos, de las personas y los animales. Me seduce la manera ingenua y perseverante para decir como no es y aceptar esa letra de más que necesitas para perfeccionar las frases una tras otra, las cuales viniendo de ti, son como canciones.

 

Me sorprende lo que dices, las preguntas que haces sobre eso que no comprendes y que yo también quisiera comprender. Me envuelve esa sonrisa tuya cuando adivinas el significado de las cosas y descubres la fuerza de otras. Es bella la forma como utilizas las palabras propias y no propias de tu edad, porque para mí, son perfectas y sobrevienen en el momento indicado.

 

De tu boca salen hermosos poemas a la vida y a la naturaleza, cuentos fantásticos e historias inimaginadas, que nacidas del alma, parecen como si en verdad fueran y por eso es tan fácil vivirlas cuando se tiene el corazón de un niño.

                                                                                                                                                                     

           Amo tu lenguaje, como el de todos los niños, porque es puro y naciente como el sol, lleno de musicalidad, encanto y matices nuevos, basta escuchar la voz infancia para saberlo. Siempre me he preguntado cómo florecen las palabras cuando se es tan pequeño y cómo logran persuadir al más firme, si son tan frágiles, pero ahora que estoy a tu lado, he crecido precisamente en la magia de lo elemental, en la voz primera, la palabra primera y todo lo que de allí brota. 

 Tomado de: Cuentos y otros ensueños

 

 


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