Sala de espera

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Si normalmente el consultorio está prácticamente vacío los días, como hoy, de frío y lluvia, la sala de espera está en estos momentos abarrotada. Hoy se han producido muchas urgencias, lo que obliga a atender al público con bastante retraso, y eso se nota en el ambiente.

?Con lo bien que estaría en casa, tan a gusto, y tengo que estar aquí, soportando esta demora interminable. Ya llevamos un buen rato esperando, y total para qué. Yo no creo en las vacunas, pero es lo que recomiendan hoy en día. Hay que seguir los consejos sanitarios a rajatabla. Que yo sepa, a mis padres jamás les vacunaron de nada. Claro que, ahora que lo pienso, murieron jóvenes y nunca se supo de qué. Eran otros tiempos ?salta de pronto uno de los que esperan, que ya se está impacientando.

?Pues yo me encuentro la mar de bien y aquí me tenéis. Es ella ?y señala con la cabeza a la mujer que tiene sentada a su lado y que parece dormitar? la que se empeña en que me hagan un reconocimiento rutinario, como le gusta llamarlo. “Ya tienes una edad y quiero estar segura de que estás bien de salud”, me repite cada dos por tres. No conozco a una mujer más pesada que ésta. A mis amigos no les incordian tanto como a mí con esto de la salud. Pero qué le vamos a hacer. Callo y así la tengo contenta ?tercia el que está sentado a su derecha.

?Pues yo creo que haces bien en hacerle caso. Más vale prevenir que curar. Yo no me pierdo ni una sola revisión ?asiente uno con aspecto de vagabundo que está a la izquierda del primero que habló.

?Sí, sí, más vale prevenir, pero cuando te detectan algo malo, si eres tan mayor como yo, ya no hay nada que hacer. Nosotros hemos venido porque hoy nos darán los resultados de las pruebas que me hicieron la semana pasada. Como confirmen lo que me temo, me queda poco tiempo en este mundo ? comenta, suspirando, el que está sentado enfrente de los tres, aprovechando que la joven que lo acompaña ha ido al baño?. Aunque ya no oigo tan bien como antes, entiendo perfectamente lo que cuchichean a mis espaldas. “Un tumor que puede haberse extendido”. Eso es lo que dijeron. Y añadieron que según qué órganos estuvieran afectados, habría que decidir qué hacer. Yo preferiría dejar las cosas como están. Ya soy demasiado viejo. Pero, aunque quisiera, no puedo decírselo. No lo entenderían.

?Vaya, pues sí que lo siento ?dice quien inició la conversación.

?Y yo ?añade el que está a su derecha.

?Yo también soy de esa opinión ?afirma el que está a su izquierda. Cuando llegue a viejo, no quiero que me prolonguen la vida inútilmente.

?Joder, tíos, os he estado escuchando y me parecéis patéticos, tal cual. Que si vengo porque las normas sanitarias así lo exigen, que si estoy aquí porque hay que cuidarse y para no contrariar a la jefa, ¡calzonazos!, y el viejo contando sus penas de un modo tan melodramático que casi me da asco ?les escupe a la cara un chachas de pelo muy negro y aspecto peligroso, que está en un rincón, alejado del resto.

?¡Parece mentira que les hables así! ¿Tú crees que eso son modales? Pero ¿de qué vas? Chulo, que eres un chulo ?tercia una sílfide rubia con un flequillo que le oculta los ojos.

?Veo que no me conoces, guapa. Si supieras con quién hablas, ni te atreverías a dirigirme la palabra. Así que no me tientes, porque si no… ?le espeta el cachas con pinta de matón, irguiéndose amenazante.

?Como te acerques a mí, te dejo esa cara de mastín hecha una cuadrícula ?responde a gritos la rubiales.

?Oye, oye, qué te has creído tú para hablarle así a esta joven. Seré muy mayor pero todavía me quedan arrestos para darte un sopapo ?tercia el que espera el veredicto sobre su tumor, en defensa de la valiente rubia de larga melena.

De pronto, todo el personal allí presente, toma cartas en el asunto para evitar que la cosa se desmadre.

?Eeeehhhh, shhhh, pero ¿qué les pasa a estos? Que alguien les haga callar ?exige un hombre entrado en carnes, que no para de pasearse, nervioso por el retraso.

?Sí, no sé por qué se han puesto así de repente ?interviene una mujer de cierta edad que, por cómo va acicalada, pretende parecer mucho más joven.

?¿Qué mosca les habrá picado? ?se pregunta la recepcionista, con cara de pasmo.

De pronto se abre una puerta a sus espaldas y todos se giran expectantes.

?A ver, a ver, silencio por favor. Hagan callar a estos animales. ¿Quién es el siguiente? ?interroga una mujer que, ataviada con una bata verde, hace su aparición en la sala de espera.

?Nos toca a nosotros ?afirma una mujer alta y delgada, con aire refinado?. Vamos Black. Venga, no te hagas el remolón, que sabes que no hay para tanto. Siempre igual. Luego te daré un premio. Ay, qué perro más cobardica ?añade arrastrando a un gran mastín negro por la correa.


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