La lluvia cambiante

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Julia se encontraba peinando las enredaderas que se deslizaban por las columnas de la casa, se atrevió a despedirse de ellas, dispuesta a iniciar una nueva vida en la capital del país, al lado de su imposible enamorado.

Escuchó tres golpes en el portón y la certeza de que Alejandro había llegado se confabuló con la ilusión e instantáneamente le abarcaron las entrañas, paso rápidamente al tocador, colocó agua de colonia en el cuello, ajustó sus pequeños aretes y se dirigió a la puerta, indefensa, sin saber que el destino había dejado sus quehaceres en otro lugar inmundo de la creación para venir a visitarla, sonriendo y con la victoria en la mano.

Al abrir se encontró de frente a su hermana, bajo el paraguas, llevaba puesto el vestido que utilizó cuando murió su madre, se impresionó tanto que no tuvo tiempo de invitarla a pasar.

-Margarita, que sorpresa –dijo con un vacío inconmensurable en los ojos- ¿quién ha sido?

Su hermana no tuvo nada que decir porque no había palabra alguna que describiera la claridad de lo que estaba pasando, solo pudo cogerla fuerte de la mano y entregarle el rosario que había servido a Alejandro como fuente de expiación, Julia lo reconoció en el acto.

Margarita tenso su cuerpo y recibió en el pecho los pequeños golpes rabiosos de su hermana menor, sintió el hálito caliente del llanto y después las manos estrujando sus ropas con una furia débil.

La Julia pequeña llegó a la mente de Margarita, con sus risas traviesas mientras le daba sus primeros baños, con sus pasos inciertos cuando mamá tejía bajo las buganvilias, con la complicidad de sus propios primeros amores y sobretodo con sus interminables dudas acerca de la vida… sintió un nudo en su garganta y en el alma una inmensa culpa por  haberse quedado sin respuestas en ese preciso instante.

La lluvia arrecio entonces, una lluvia cambiante que no encontraría descanso hasta tres siglos y algunos días después.

 

 

Nota: “La lluvia cambiante” (no en ese orden estrictamente) es complemento de “La lluvia tierna”, “Me lo dijo un Ángel”, “Para lavar las penas”, relatos publicados previamente en este mismo foro.


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