Mejor amiga

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La veía llegar todos los días y sentía  que me descomponía el mundo, pero el día de ayer fue algo distinto, pasó esparciendo su habitual racimo de buenos días para todos, excepto para un servidor; le note puestas las medias que utiliza cuando hay algún evento elegante, misteriosamente se había despuntado el cabello y su maquillaje era un poco más acentuado de lo normal, también era tarde, algo raro en un acuario puro, como ella.

Debo decir que fuimos amigos antes, de los mejores, eso hasta que se me ocurrió proponer que camino al trabajo me parecía haber visto el auto de su prometido  saliendo de un hotel de paso, con una rubia impactante a bordo, entonces vino a la carga con un reproche colérico, y no dije nada, la deje seguir hasta el final, porque ambos sabíamos que ella sabía que estaba siendo burlada desde hace tiempo, y también porque en algún momento debía descargar su frustración.

Desde entonces no hablábamos, así que la observé detrás de mi escritorio, ese hábitat mal acondicionado llamado oficina que funciona como el borde impasable que me ha mantenido a salvo de su furia.

Empezó por contarle a  la compañera del cubículo vecino los pormenores de las clases de baile, pero yo sabía que entre líneas había algo, por la forma en la que se miraban al conversar y por la tristeza tímida que se le veía en los ojos, lo confirme cuando se sentó y discretamente le enseño el anular, no había nada, solamente una superficie dérmica más clara que la piel restante de su mano.

¡Estacionó afuera el jefe! –le dije por impulso. Se paró de inmediato y pude leer sus labios a la perfección:

Al rato te cuento- dijo. Se dirigía, claro,  a la vecina, a mí solamente me dio las gracias, por no dejar.

 

II

No me alegré cuando supe de la anulación de su boda, porque tal vez ella no, pero yo aún la consideraba mi amiga.

Siempre esperaba con ansía la hora de salida para escapar a la libertad de mis letras, pero no ese día, hice tiempo guardando por infinitésima vez los archivos de mi ordenador, esperando que saliera del baño, apareció poco después y la vi subir al elevador; me atreví a entrar.

-Vienes a burlarte ¿no?-

No, vengo a decir que mi agenda está desocupada, por si necesitarás hablar con alguien, como siempre.

-¿Cómo siempre? ¡Por favor! Tú agenda siempre está desocupada, debe ser esa novia tuya que te deja tan solo… deberías buscar otra cosa que hacer, aparte de perder tu tiempo escribiéndole-

No necesitas ser hiriente, solo intento ser amable.

-Pues eso, podrías alegrarme el día haciéndote a un lado, sería muy cortés de tu parte-

   -- Cuando el ascensor abrió sus puertas estaba él esperándola, impecable y encantador, eso sí; con rosas rojas y su cara de bobo, eso también; arruinando el momento, eso siempre: las flores rojas no le gustan.

 De reojo pude ver su sorpresa e inmediatamente su cuerpo moviéndose hacia delante, impulsado por una emoción que mi ser nunca había despertado en ella.

 Tampoco era cómo que yo necesitará una reacción suya así por mí… no, la verdad es que sí, me imaginaba en muchos escenarios distintos siendo el motivo de su alegría, a veces caía de mi luna y sabía que era imposible, en otras tantas me convencía de que podía inspirar algo mejor y reflotaba mi satélite.

 

III

La nave de la esperanza sufrió un golpe a ultranza el miércoles primero de diciembre a las nueve con seis de la noche… recibí un mensaje suyo confirmando que necesitaba hablar… había decidido dejar todo atrás y empezar de nuevo. En su nueva vida incluía –cortésmente- una disculpa hacía mi persona, y también planes para continuar “lo de la boda”, como le llamaba ella. Quedamos para cenar la siguiente noche.

Llegue y me esperaba en la misma mesa, la mejor, esa que escogimos desde que nuestro aumento de sueldo permitió pagarla…

No es necesario continuar pidiendo disculpas, en verdad, las cosas son así, todo está bien.

-¿tú estás bien?-

Feliz, eres mi mejor amiga.

-Los mejores amigos se dicen la verdad, Alex.

Los mejores amigos saben dejar que te equivoques, Mónica, también eso.

-Será mejor cambiar el tema… Siempre me ha resultado extraño que hables de esa novia tuya con tanta insistencia, todo lo que escribes tiene su nombre… si tan amigos somos ¿por qué no me la has presentado? ¿O que excusa tiene ahora para no acompañarte?

-¿Alex?-

Perdona, me quede pensando un momento.  Vendrá para tu boda.

-¿Podría ser dama de honor?-

Podría, seguro que sí podría.

 -- El novio apareció y supe que el momento de retirarme había llegado. Me despedí cordialmente y atravesé el frío estacionamiento mientras desanudaba la corbata, escuchando el eco de mis propios pasos,  al final me quite el saco; subí al auto y regresé a casa, en más de una ocasión me pareció ver sus pies sobre el tablero, iluminados por las luces verdes de los semáforos, como en los tiempos de la universidad.

Será el siguiente mes, tendré que ocuparme consiguiendo alguien que se preste a la farsa de la novia escurridiza.

 

 

*Relato complemento de Hubiese querido


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