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Le dijo a Dios que le permitiera verla una vez más en estas condiciones, por si tenía la desdicha de no volver a verla, y entonces Dios desapareció y les dejo el mundo paralizado…

Y Julia despertó con el crujido de los pinos siendo golpeados por el viento y el agua que retomó su curso en el río, se acercó silenciosamente y lo observó a través de los grandes ventanales, retirando de su frente el cabello crecido para que no le estorbara mientras se dedicaba al noble arte de acomodar las buganvilias en los arcos reconstruidos, y le reconoció en las expresiones  la misma pasión de sus tiempos de guerrero indomable, contempló como una rabia aletargada vivía en sus ojos, y sintió lástima por él, y por todos ellos, los hombres de guerra que terminan abandonados en los asilos, reducidos al fuego de sus medallas y condecoraciones en el pecho y batidos en el escarnio de su propia soledad, estorbándole hasta a sus propios pulmones que con gusto acabarían con ellos para poder respirar sin la carga de un cuerpo decrépito. Y agradeció que no fuera el caso de su marido.

Notó como las lágrimas empezaban a acumulársele en los ojos y prefirió rescatarlo:

-¿En qué piensas amor?

Y él le dijo que le gustaría volver por la catedral que se tiró al mar porque quedaría bien para adornar la sala… se rieron, porque en el fondo sabían que aquel deseo era verdad, pero también que ahora era imposible.

Y el café con piloncillo terminó de hervir y se sentaron en el jardín, y retomaron las pláticas, se entretuvieron confirmando si era cierto esto y aquello, y él se asombraba por la claridad que tenía la gente de algunas cuestiones que consideraba secretos de estado, y también se impresionaba por el arte imaginativo de algunos que lo habían figurado como un animal sobreviviente del diluvio… escucharon ruido entre los árboles y salieron rápidamente, por si alguna bruja hubiese caído en las trampas, pero solo era el estrépito causado por los restos de un satélite derrumbado que se columpiaba entre las ramas.

-La primera mujer de nuestra nación que fue a la luna fue cosa mía… confirmó ella y él se pasmó porque nunca lo había considerado, y quería saber más: hizo traer desde tierras aztecas al muy respetable Fortunato para la enseñanza de las buenas letras… y la construcción de la escuela de artes, el impulso de la ciencia, la reducción de las jornadas laborales, el alimento gratis y a libre demanda para todos los recién nacidos, el acuerdo con los reyes magos para que en realidad trajeran lo que se les pedía en las cartas, la anulación de las tareas después de la escuela, los parques de diversiones, la educación orientativa, el cuestionamiento de la historia oficial, la suspensión de los rencores, la distribución justa de las riquezas, el restablecimiento de la medicina herbolaria, el conocimiento del universo… y algunas cosas más...

Y se quedó absorto por la revelación de que su grandeza en realidad no era suya sino de su esposa, porque mientras él se empecinaba en destruir el mundo fuera de sus dominios Julia se había asegurado de construirle uno mejor a todas las personas dentro de las murallas, porque odiaba que fueran infelices.

Y solo pudo decir ¡Carajo!

Y cuando reaccionó  le contestó que le agradecía a Dios porque ella sucediera todos los días hasta ese día y ella preguntó si se sentía mal y él dijo que no, que era el mejor día de su vida porque tenía la dicha de verla. Y la abrazo bajo las buganvilias, y a lo lejos divisó al otoño llevándose en un carro a todas las brujas del mundo y el miedo se fue y por fin sintió que respiraba sin complicaciones otra vez y dijo que estaba listo y si se puede hágalo de una vez, y Dios regresó y lo dejo verla por última vez en esas condiciones y él observó a Julia sonriendo, como en una escena pausada de las películas que tanto le gustaban, y sintió como las lágrimas que se le habían acumulado se precipitaron en un llanto sin esfuerzo, y Dios sintió su arrepentimiento total en medio del silencio inalterable, le prometió que las obras de Julia quedarían intactas por los siglos de los siglos, aun así restableciera el mundo mil veces… y el tiempo empezó a buscar su camino de regreso por las hendiduras del caliche en las paredes, metiéndose entre los vericuetos del primer palacio que a fuerza del amor recuperó su antigua calidez de casa familiar. Y le preguntaron si estaba listo y él le dijo que si, y Dios le acarició la mejilla para despedirse y lo dejó dormido….

*Este relato forma parte de Yo te cuidaré de las brujas, Medidas preventivas y El reacomodo del cosmos en el receso caluroso de septiembre


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