Conocer el mar

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Benjamín Arbelloa, escritor de cuentos argentino, empieza a escribir: Mientras contemplaban el horizonte, dos muchachos sentados en una roca soñaban con las soleadas playas de California

   Me gustaría conocer el mar, dijo Charly, con la vista perdida más allá de las Big Horns, mucho más allá de Wiomming. 

   A mí también, respondió Johnny, imaginando aventuras a la orilla del mar. 

   Es una pena que no sepamos nadar, dijo Charly, mientras se acomodaba el sombrero. 

   Con sentir los pies sobre la arena para mí ya está de buen tamaño, opinó Johnny. 

Poco después Benjamín detiene la escritura (le duele la espalda). Cierra el cuaderno, agarra una toalla y se encamina a la playa, a unos pocos metros del bungalow. 

Mientras tanto dentro de la historia...

   ¿Tú crees justo que debamos esperar aquí sentados a que se le antoje hacernos llegar al mar, mientras él da unos pasos y ya está en el agua?, pregunta Johnny. 

   No, no lo creo, Johnny, responde Charly. 

   ¿Qué te parece si aprovechamos y nos acercamos al agua nosotros también? Un poquito nada más, sugiere Johnny. 

   ¡Vamos, entonces!, concuerda Charly. 

Los muchachos abren el cuaderno y mientras Charly, que es el más fuerte de los dos, mantiene el cuaderno abierto, Johnny busca un marcador de hojas para no perder el camino de vuelta; enseguida saltan al piso y salen del bungalow hacia las ansiadas aguas del mar. 

Después de la zambullida Benjamín se recuesta en la arena. Al rato percibe, a través de los párpados, sombras pasando por él; entreabre los ojos y ve a dos vaqueros que se dirigen a la playa. "Dos turistas", piensa, luego sigue elaborando mentalmente el desarrollo de la historia que está escribiendo. 

   Un poco antes de volver al bungalow oye pasos: son los vaqueros que vuelven de la playa. 

Diez minutos más tarde, Benjamín retorna al bungalow y va directo al baño a ducharse. Cuando sale se dirige al escritorio, pero apenas llega a la mesa nota que algo extraño ha sucedido en su ausencia: el cuaderno está empapado de agua... y, además, huele a mar.  

 


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